El fin de semana pasado mi novia y yo hicimos una escapadita a Soria. Ya había ganas de desconectar un fin de semana completo y, por otra parte, no conocíamos con anterioridad esa zona de España, así que decidimos reservar un par de noches en la Posada Los Templarios, que se encuentra en el pueblecito de Ucero, justo a la entrada del Cañón del Río Lobos. Todo esto animados por la visita previa que mi amigo Miguel G. Prada y su mujer hicieron al mismo sitio en noviembre del pasado año.

El viernes llegamos al pueblo sobre las 8 de la tarde, y planteamos lo que quedaba del día como una toma de contacto con el entorno. Tras dejar el equipaje en la habitación, decidimos dar una vuelta por el pueblo y sus alrededores, y ya aprovechamos para subir al castillo. Aunque su estado es bastante ruinoso, es un sitio que merece la pena ver. Desde arriba se divisa la totalidad del pueblo, así como el Centro de Interpretación de la Naturaleza, y la entrada al Cañón.

Al día siguiente, desayunamos algo y nos encaminamos al Cañón. La idea principal era visitar la Ermita de San Bartolomé, de estilo románico y origen templario. Está a unos 3km de la entrada del Cañón, lo que en principio parecía un paseo sin más. Nos gustó tanto el entorno que decidimos proseguir la ruta a lo largo del Cañón, hasta llegar al Puente de los Siete Ojos. En total un trayecto de unos 22km (ida y vuelta) que nos llevó unas 7 horas de camino (con paradas incluidas) y que, irresponsablemente, completamos sin comer y con una botella de litro y medio de agua. Fue duro pero mereció la pena, y nos ha servido de experiencia para futuras excursiones.

Tras la caminata, repusimos fuerzas con unos bocatas, cogimos el coche y nos dedicamos a recorrer los alrededores lo que quedaba del día. En concreto visitamos San Leonardo de Yagüe, un pueblo bonito con un castillo también en lo alto, algo mejor conservado que el de Ucero. Vuelta al hotel, ducha, y cena-homenaje (estupenda carne y vino de la zona) en el Asador de Ucero (uno de los dos bares-restaurantes que hay en el pueblo).

Al día siguiente, encaminamos nuestros pasos hacia la villa medieval de Calatañazor, donde el tiempo parece haberse detenido hace 500 años. Después, nuestro siguiente destino fue Soria. Allí buscamos un sitio para comer y recorrimos la ciudad. Lamentablemente, parece que los domingos por la tarde todos los monumentos visitables están cerrados, así que decidimos emprender la vuelta hacia Madrid.

Al volver por la misma ruta por la que llegamos, hicimos una parada en El Burgo de Osma. También un pueblo bonito con una impresionante catedral que hemos anotado en nuestra lista de sitios pendientes de visitar. Tras tomar un refrigerio, ya sí que nos encaminamos de regreso a casa. En Soria por lo general hará frío, pero ese fin de semana la climatología fue benigna con nosotros, con unas temperaturas que superaron los 20 grados y con un sol de justicia que me quemó, nuevamente por incauto, los brazos, la nuca y las orejas.

He preparado en Flickr un conjunto de fotos con las más relevantes de todas las que hicimos durante el fin de semana.

Sin dudarlo ni un momento, volveremos más de una vez a seguir conociendo aquel precioso rincón de la geografía Española.