Prince of Persia es una saga de juegos que arrancó hace ya 20 años, en 1989, de la mano de Jordan Mechner. En su concepción original, se trata de un juego de plataformas (salpicado con algunos duelos a espada) en el que tenemos que rescatar a una princesa, que se encuentra cautiva, en una cantidad limitada de tiempo.

El juego ha tenido muchas secuelas, incluso dando pie a una trilogía en la anterior generación de consolas (trilogía de la cual yo me quedo, sin dudarlo, con su primera parte, Las Arenas del Tiempo, que fue uno de los primeros juegos que analicé en este blog).

Parece que en la generación actual también estamos ante una nueva serie de títulos. De momento, se ha lanzado el primero de ellos, que es el que nos ocupa. Bien poco queda del espíritu del juego original. Sin embargo, vamos a desgranar sus detalles más relevantes:

  • Lo primero que llama la atención es la estética cell-shading. Al principio choca un poco, pero queda muy bien, y da lugar a escenas visualmente atractivas.
  • En esta ocasión no iremos solos, sino que nos acompañará una joven y atractiva princesa, Elika, que es casi más poderosa que nosotros.
  • Se han sustiuido los tradicionales puntos de control por una secuencia automática en la que nuestra acompañante, Elika, nos devuelve a la última situación antes de morir (luego hablaremos un poco más de este tema, a mi juicio, la novedad más importante que introduce).
  • Aunque se mantiene la mecánica de combos en los combates, en esta ocasión no nos enfrentaremos con hordas de enemigos, sino que los iremos encarando (y venciendo) de uno en uno, de una manera que recuerda al juego original.
  • El componente plataformero no es muy complicado. Es difícil fallar los saltos e imposible perderse, ya que podemos marcar nuestro destino y Elika se encargará de guiarnos. Para complicarnos la vida, y hacer el juego más entretenido, lo mejor es intentar encadenar los saltos y las piruetas, cuanto más rápido, mejor.
  • Si las plataformas nos parecen fáciles, los puzzles nos decepcionarán, ya que hay tres contados y no suponen un desafío para nuestro ingenio; su solución es bastante evidente.

Casi todas las críticas que se ha llevado este Prince of Persia han sido, precisamente, por la novedad en la gestión de los puntos de control. Pero, sinceramente, no le veo la pega. Por un lado, la mecánica está perfectamente integrada en el argumento, por lo que no resulta raro que Elika nos salve cuando fallamos un salto. Es, más o menos, la funcionalidad de las arenas del tiempo, pero llevada al extremo. A veces volveremos a la plataforma desde la que saltamos, pero a veces volveremos a un punto bastante anterior.

Como comentaba antes, las plataformas tampoco suponen un reto exageradamente difícil. Es más, la mayoría de las veces nos parecerá que estamos en los años 80 jugando a Dragon's Lair, ya que la mecánica se limita a pulsar un botón en el momento adecuado.

No se trata de un juego excesivamente largo, pero como no dispongo de demasiado tiempo para jugar, tampoco es que me pueda permitir completarlo de una sentada. Habré estado unas tres semanas con él, a ratos. Lo cual, para lo que me ha costado (unos 24 euros en play.com), no está nada mal. No es un título muy rejugable, eso sí. Lo cual para mí tampoco es un defecto, ya que prefiero ponerme con otro antes que darle más vueltas al mismo para conseguir recolectar todos los objetos (que suele ser lo típico).

No me atrevo a recomendar o desaconsejar su compra. No sé si es porque me lo esperaba muy mal (habiendo leído diversos análisis en Internet), pero me ha resultado un título entretenido y bonito a la vista y al oído. Quizás un poco repetitivo, pero bien adornado con un argumento convincente (podemos conversar con Elika y veremos cómo evoluciona la relación entre ambos personajes) y una duración ajustada.

Por cierto, para variar, me ha encantado el final (que no voy a desvelar, por supuesto).