La saga GTA, desde su tránsito a la tridimensionalidad (GTA3, 2001), fue un juego que marcó un antes y un después en el género denominado como "sandbox". Aunque, de hecho, existen muchos títulos actuales que lo han superado en mi opinión (por ejemplo, Assassin's Creed), tiene un "algo" que me gusta. GTA III lo jugué primeramente en PC, aunque no lo llegué a terminar. Fue en PS2 donde terminé ese y su continuación, Vice City. San Andreas lo tengo pendiente (sigo pensando que es un juego que le viene grande a la consola). Y también he de reconocer que no ha sido hasta hace poco que los he adquirido originales. Sin embargo, el primer título que compré para PS3, allá por el año 2008, y descontando GT5 Prologue (que venía con la consola), fue GTA IV. Y pagando los 70 eurazos de rigor, desembolso que he efectuado muy pocas veces, si no ninguna.

Como digo, creo que su concepto de juego ha sido superado. Pero, a la espera de que Rockstar lance GTA V dentro de unos meses, me hice hace tiempo con la versión física de los dos DLC que salieron en su momento. Aunque más que DLC, son dos juegos que podríamos calificar de independientes. Aprovechan la ciudad de Liberty City y sus elementos, vehículos y algunos personajes, para contarnos y hacermos protagonistas de dos historias nuevas.

GTA Episodes From Liberty City

La primera de ellas, "The Lost And Damned" nos pone en la piel de un motero perteneciente a una banda. Cambiamos coches por motos (aunque también podremos conducir vehículos de cuatro y más ruedas), y nos veremos envueltos en los avatares de la hermandad, principalmente relacionados con el tráfico de drogas, las peleas de bandas y el día a día habitual de este tipo de gente.

No recuerdo especialmente ninguna de las misiones a las que nos enfrentamos. Creo que lo que más llama la atención, acostumbrado a jugar a otros GTAs, es que, al ir casi siempre en moto, corremos peligro de morir en una mala colisión (vamos, como en la vida real). Si normalmente estamos acostumbrados a conducir a toda velocidad sin importarnos los golpes con otros vehículos, farolas o paredes, en este caso hay que ir con más tiento.

Curiosamente, durante la trama nos encontraremos con Niko Bellic (protagonista de GTA IV) y con Luis López (del otro DLC del que hablaré a continuación). De todas formas, aunque se pretende dar la sensación de que las historias se entrelazan, no se puede influir con nuestras acciones en ninguna de las otras. Es un dato puramente anecdótico, apoyado en el reciclaje de guiones, localizaciones y personajes, tal y como comentaba antes.

El segundo DLC, "The Ballad Of Gay Tony" nos pone en la piel de un latino, Luis López, que es el chófer (aunque se quiere dar a entender que es socio) de Anthony Prince, un empresario de la noche de Liberty City, propietario de unos cuantos locales de ocio nocturno (vamos, unos garitos de toda la vida). El negocio va mal por la crisis y decadencia y, por intentar sacarlo a flote, nos tocará relacionarnos con mafiosos de la peor calaña.

Aquí volvemos a conducir coches, alguna que otra limusina, y nos tocará pilotar helicópteros y saltar en paracaídas. La variedad de situaciones es un poco mayor, y las misiones secundarias se alternan con el hilo principal de una forma más natural. Si tuviera que elegir entre los dos, me quedaría con este segundo.

En resumen: si te gusta GTA no te van a defraudar. Además, su duración es más limitada, con lo que si dispones de poco tiempo para jugar, como es mi caso, se adaptan perfectamente.