Estamos ante la que debería ser la tercera entrega de la saga Assassin’s Creed, una serie de videojuegos que nos narran el secular enfrentamiento entre los Asesinos y los Templarios por el control del mundo. Sin embargo, en algún momento se “torció” la idea inicial, y lo que tenía pinta de conformar una trilogía ha acabado convirtiéndose en una saga de entregas anuales y numerosos spin-offs de los que servidor ya ha perdido la cuenta. El segundo capítulo, centrado en la historia de Ezio Auditore en la Italia del siglo XVI, se convirtió a su vez en una trilogía.

Aunque este Assassin’s Creed III fue lanzado un año después de Assassin’s Creed Revelations, en realidad comenzó a gestarse tras el lanzamiento de Assassin’s Creed II. Por tanto, ha supuesto un trabajo de unos tres años de desarrollo. Sinceramente, creo que no les ha cundido.

Y es que, tras terminar la historia principal, que no todas las misiones al 100%, he de decir que me ha desilusionado hasta el punto de pensar que es la entrega más floja de la saga de entre todas las que he jugado. Realmente no hay ningún aspecto en los que creo que haya superado a los anteriores capítulos.

En esta ocasión podremos tomar el control de hasta tres personajes. Haytham y Connor vivirán su aventura en la norteamérica colonial del siglo XVIII, mezclados con los acontecimientos de la Guerra de la Independencia Estadounidense. Podremos visitar ciudades emblemáticas de los Estados Unidos que en aquella época estaban empezando a crecer, como Boston y Nueva York, así como todo el territorio fronterizo entre ellas, donde vegetación y animales salvajes campan a sus anchas. También seremos testigos y protagonistas de alguna batalla naval entre los patriotas y la armada británica. Desmond, como siempre, vivirá la historia paralela en el “presente”, en esta ocasión en la ciudad de Nueva York.

En el apartado técnico, pese al tiempo empleado para su desarrollo, he notado que no está tan pulido como los anteriores. Las transiciones entre movimientos a veces son bruscas, tanto cuando vamos a ras de suelo, cuando hacemos parkour o cuando estamos luchando con el resto de enemigos. Por cierto, que va siendo hora de que ser revise la mecánica de combates, porque prácticamente se limitan a realizar un contraataque y acabar con los enemigos uno a uno. Ni siquiera se nota demasiada dificultad en aquellos contrincantes más fuertes. Y la inclusión de las armas de fuego tampoco suponen una revolución. De hecho se puede completar la historia principal sin prácticamente usarlas.

Además, tengo la impresión de que se ha abusado de las cut-scenes. Y no solo eso, sino que pienso que no están bien hiladas con la acción. Muchas veces parece que interrumpen más que enriquecen la narración.

Gráficamente tampoco me parece un paso adelante. Entiendo que un entorno abierto, como las zonas “salvajes” entre Boston y Nueva York, es más complicado de representar que una ciudad. Pero no es solo que gráficamente no dé la talla, sino que, jugablemente, me ha aburrido. Las misiones que forman parte de la historia principal estás deseando completarlas lo antes posible. Y no me ha llamado la atención completar ninguna de las secundarias. Además de que moverse por ellas es un tostón, aunque vayas a caballo. Hablando de las misiones secundarias, a diferencia de AC II, donde estaban mejor integradas y ayudaban a completar la historia principal, en esta ocasión podemos prescindir de ellas totalmente. Y también a todas las mecánicas relacionadas con el comercio y la economía que se introdujeron en AC II. En esta entrega conseguir dinero es algo accesorio, no resulta necesario para completar la historia principal.

Las ciudades de AC III, en aquella época histórica, no disfrutan lógicamente de la misma riqueza urbanística que puedan tener las visitadas en las entregas previas como Jerusalén, Acra, Roma o Florencia. Y si, además, has tenido ocasión de visitar físicamente alguna de ellas, para qué queremos más. Además, en este juego no recuerdo haber trepado a la cima ni visitado el interior de ningún gran edificio. Probablemente es que tampoco existen.

En cuanto al argumento, pese a incluir algún giro interesante (aunque previsible), tampoco me ha cautivado. Bien es cierto que, culturalmente, la historia de las ciudades mediterráneas y de oriente próximo nos es más conocida y, quizás por eso, enganche más que la de este AC III. Dicho eso, no podemos obviar que los acontecimientos narrados son importantes, al menos para el público estadounidense. Y, hablando de la historia de Desmond en el “presente”, el planteamiento inicial se está enrevesando hasta tal medida que empieza a resultar inabarcable. Este es un mal que no solo aqueja a esta saga; ocurre lo mismo con otras sagas tanto en los videojuegos como en las series de televisión, en las que el planteamiento inicial se va estirando como si fuera un chicle debido al éxito de audiencia y a querer rentabilizar el producto lo más posible.

Los protagonistas, Haytham y Connor, no me parecen tan carismáticos como Altaïr y Eizo, manteniéndose en un papel bastante estereotipado.

La nueva mecánica basada en las batallas navales, en las que tendremos que pilotar un barco y acabar con los enemigos a base de cañonazos, se limita a un par de capítulos y tampoco ofrece demasiada variedad.

En resumen: personalmente una gran decepción.

¿Qué nos depara el futuro de la saga? Me han hablado bien de la siguiente entrega, Black Flag, que profundiza más en la parte de combates navales, aunque no tengo claro cómo enlazará con la historia que se nos narra sin liarla todavía más. Y la entrega para nueva generación, AC Unity, tiene muy buena pinta tanto técnicamente como en cuanto a la ambientación histórica elegida (la Revolución Francesa), pero tengo mis dudas de qué mejoras y ajustes jugables se incorporarán para hacerlos más apetecibles.