Seguimos con las pequeñas novedades. Si la anterior entrada era la primera vez que comentaba un juego para dispositivos móviles, en esta ocasión va a ser la primera vez que comento un juego que no he terminado. Y no me refiero a no haberlo completado al 100%, que de esos tengo bastantes, sino de haberlo abandonado a la mitad porque no me está gustando.

Bionic Commando XBox 360

No soy mucho de abandonar las cosas. Normalmente libros, películas y juegos que empiezo suelo acabarlos. Con las películas tampoco es muy complicado, son sólo un par de horas a las que te comprometes. Con los libros no me ha ido mal. Obviamente no leo todo lo que cae en mis manos, pero salvo un par de ellos, "La fuerza de su mirada" (al que haré referencia próximamente en el blog) y "Los cañones de agosto", cuya lectura se me hizo muy cuesta arriba, el resto me han resultado lo suficientemente entretenidos y/o interesantes como para seguir hasta el final, con mayor o menor avidez. Con los juegos tampoco me había ocurrido nada parecido en los últimos tiempos. Pero siempre hay una primera vez para todo.

Los motivos de la decisión son muy evidentes: si juego ha de ser para entretenerme. Valoro que suponga un reto, algo que cada vez suele ser menos habitual, pero un juego difícil también debe ser justo. Debe recompensar las horas que le eches para perfeccionar tu técnica. Y este Bionic Commando no sé si es difícil o yo soy muy torpe, que también. Pero me he cansado de ahogarme en el mar y creo que se va a quedar en la estantería, si no definitivamente, sí durante una buena temporada.

Bionic Commando es un título de 2009 y, aunque no es de los primeros de su generación, se nota que tanto el motor de juego como las mecánicas se han quedado muy obsoletas. En cuanto a motor y aspecto visual, podría pasar perfectamente como un remake HD de un juego de Playstation 2.

La mecánica principal del juego, que ya lo era en su antecesor de 1988 para NES, consiste en que el protagonista cuenta con un brazo biónico extensible con el que se puede agarrar a objetos y usarlo para trepar. Esta original mecánica se combinaba en el título de 1988 con la imposibilidad de saltar, algo muy común en el resto de juegos contemporáneos.

No es la primera vez que una mecánica bidimensional intenta trasladarse con mayor o menor fortuna al mundo tridimensional. Creo que en esta ocasión no se ha conseguido. El control del personaje es algo tosco. Si esto lo combinamos con que las físicas de los objetos, que no tienen por qué ser realistas, no me resultan muy bien balanceadas, hace que movernos por el escenario llegue a ser complicado. Ya lo he dicho antes, igual es una cuestión de torpeza mía. Hay veces en las que tendremos que atravesar grandes zonas inundadas enganchándonos de baliza en baliza. Si caemos, supone la muerte instantánea. Y ha sido en uno de esos puntos donde me he rendido, tras ponerme un par de veces con el juego y ser incapaz de avanzar sin morir una y otra vez.

Los combates también resultan un poco extraños. Si bien este es un juego en el que se premia la puntería (podemos acabar con un enemigo de un disparo en la cabeza), el control no es para nada preciso. Además, la típica mecánica de coberturas, a la que ya nos hemos acostumbrado, aquí no está disponible.

Los escenarios, además de que no acaban de estar bien integrados con lo que es la acción en sí, aparecen semi vacíos. La historia tampoco engancha, con lo que pocos alicientes tenemos para continuar más allá del amor propio de no dejar un juego por terminar. Pero esta vez no será suficiente. Teniendo muchos y mejores títulos pendientes de ser disfrutados, estoy convencido de que abandonar en este punto es la decisión correcta. Lo que sí que haré es, al menos, probar el juego de NES. Incluso la versión para Spectrum, que puede que ya probara en su día.