La verdad es que habíamos planificado Burdeos como una simple parada para hacer noche. De hecho, nuestra primera idea fue hacer el alto a mitad de camino en San Sebastián. Pero, el exagerado precio de los hoteles por un lado, y la "cercanía" por otro, que obligaba a una segunda etapa del viaje demasiado larga, nos hizo cambiar de idea.

No obstante, tras el paseo del día anterior, hemos reconsiderado nuestro planteamiento inicial y creemos que merecerá la pena pasar la mañana en Burdeos, antes de partir hacia Normandía. Después de desayunar en el McDonald's y hacer el "checkout" en el hotel, hemos cogido el coche para dejarlo en un aparcamiento del centro de la ciudad y dar una vuelta.

Durante apenas un par de horas nos hemos acercado a algunos de los lugares más emblemáticos, teniendo en cuenta que no habíamos preparado la visita y que no conocemos la ciudad. La catedral, un par de puertas de acceso históricas, la explanada del edificio de la Bolsa y la plaza "de los espejos", una curiosidad en la que se arremolina una cantidad nada despreciable de turistas. Por cierto, nota para las autoridades eclesiásticas españolas, o para quien corresponda: la entrada a la catedral es totalmente libre y gratuita, y no es la única en Francia.

Plaza de los Espejos de Burdeos

Tras degustar una ensalada en un bien decorado café a orillas del Garona, donde nos han clavado 5,20 euros por una botella de agua mineral de 75 cl, hemos vuelto al nuestro vehículo para emprender la segunda etapa del viaje.

Las autopistas francesas son muy aburridas - esto ya lo he comentado, ¿verdad? Entre que esta zona es bastante llana, no discurren cerca de demasiados pueblos y que suelen tener una barrera natural construida con frondosos árboles en ambos laterales, no son lo más recomendable para una conducción entretenida. Aunque también tienen sus cosas buenas. Por ejemplo, la velocidad está limitada siempre a 130 km/h, salvo en las zonas de acceso a poblaciones donde puede estarlo a 110 ó 90. Nada de zonas limitadas a 100 u 80, de manera más o menos arbitraria, donde te colocan un radar ¿por tu seguridad? Eso unido a que la gente conduce por la derecha y que respeta algo más que en España los límites de velocidad, hace que la conducción sea bastante cómoda. Por cierto, si circulas a 130 te suelen permitir que te incorpores sin problema al carril izquierdo para adelantar. Si tuvieran tramos sin límite de velocidad estarían francamente bien. Desde luego mi impresión es que la orografía lo permite.

Cruzar Francia nos ha costado una pequeña fortuna en peajes. Pero, según las indicaciones de Google Maps, yo diría que el tiempo ahorrado, casi dos horas, merece la pena. También es mejor evitar repostar en las autopistas. Nosotros lo hemos hecho (repostar, no evitarlo) por una mala planificación. La diferencia de precio entre Burdeos y la estación de servicio donde hemos llenado una vez más el depósito era de más de 15 céntimos para la gasolina 95.

Hemos llegado tan tarde al apartahotel Adagio de Caen que lo único que había abierto donde cenar era un McDonald's, en la que se ha convertido en la segunda visita a esta cadena de comida rápida, y esperemos que sea la última del viaje. Es posible que hubiera algún otro local abierto y con posibilidad de centar en él. Pero, sin conocer la ciudad, es complicado aventurarse, aparte de que estamos bastante cansados.

El apartahotel no está demasiado retirado del centro (a unos 10 minutos andando), es muy espacioso y dispone de cocina integrada. La conexión a Internet es rápida y cómoda de usar. Por lo que resulta un buen lugar como centro de operaciones tanto para reponer fuerzas como para planificar con detalle los desplazamientos de las próximas jornadas en Normandía. En recepción no hablan español, lo cual no ha sido problema para que nos atiendan correctamente en inglés y realizar el "check-in" sin ningún tipo de dificultad.

Salimos de Burdeos a eso de las 15.00 h y llegamos a Caen un poco más tarde de las 21.30 h, para un trayecto total de 617 kilómetros.