Este año a los Reyes Magos se les ha ido la pinza. Totalmente.

Playstation VR

Han pasado poco más de tres meses desde que probé las Playstation VR y este 6 de enero han llegado a casa. Por desgracia, ha habido un pequeño contratiempo que me ha impedido estrenarlas el mismo día. La incomprensible decisión de Sony de no incorporar la necesaria Playstation Camera en el pack con la gafas de realidad virtual. Sí, lo indica en la caja, pero qué iban a saber los Reyes. Son magos pero tienen muchísimo trabajo y no se percataron de ese detalle. Nada que no se pueda solucionar haciendo un pedido a Amazon, pero sigo pensando que es más un fallo de Sony que otra cosa.

Y ya ha sido mala suerte, porque en su momento compré el Eye Toy, la Playstation Eye, el Kinect... Con la Playstation Camera me planté, ya que me pareció un poco tomadura de pelo tener que comprar una cámara nueva para cada consola. Ya estaba bastante mosqueado con el hecho de que ni los mandos ni el volante me iban a servir para la nueva consola. Afortunadamente con los mandos Move sí que piqué (tengo 2) así que ese dinero ya lo tengo gastado desde hace mucho tiempo y no necesitaré comprarlos ahora.

El montaje no es complicado y está bien explicado en las instrucciones de “uso rápido”. Eso sí, te juntas con un buen puñado de cables y cacharros, a saber: las gafas, una cajita que es un procesador de imagen, unos cascos intra-auriculares, un cable USB de la caja a la consola, un cable HDMI de la caja a la consola, otro de la caja a la tele y un alargador doble (HDMI + ¿datos?) de la caja a las gafas. Desde luego no es algo que puedas estar poniendo y quitando, es mejor tenerlo siempre instalado.

Las gafas son sencillas de colocar. Además, la primera vez que las conectas aparece un tutorial en pantalla. Una vez puestas, son bastante cómodas. En cuanto te bajas la visera y te colocas los cascos, te aíslas en tu mundo virtual. Tanto que mi mujer no tiene claro cómo va a avisarme de que necesita algo de mí cuando esté jugando sin asustarme. A ver si se nos ocurre alguna forma de hacerlo. Lo único que resulta un poco incómdo es el cable que queda colgando.

Un detalle que de primeras no me gustó pero que igual tiene su lógica es que no puedo utilizar los cascos 7.1 a la par que las gafas. Los cascos han de conectarse a un mini jack que hay en el cable de las gafas, no al puerto USB de la consola, obteniendo de ahí el sonido. Imagino que será porque la ubicación tridimensional del sonido la calcula el propio periférico a partir de la posición de la cabeza.

En cuanto a los juegos, también me han traído un Driveclub VR. Quién me iba a decir que Driveclub sería el juego que me hizo plantearme, y luego aplazar, la compra de una Playstation 4. En este caso también ha sido el principal culpable de que la realidad virtual haya entrado en casa. Estamos de acuerdo de que los gráficos del juego son malos (de hecho, peores de lo que recordaba de cuando lo probé), pero la sensación de inmersión es buenísima en los coches convencionales y grandiosa en los monoplazas.

Driveclub VR

Además del disco que acompaña las gafas, me he descargado algunas demos que iré comentando por aquí, si es que encuentro algo destacable. De momento, sí que me gustaría hablar de un par de experiencias que ya he probado. La primera, la misión VR de Battlefront. Estar dentro de un X-Wing es algo que todos hemos soñado desde pequeños, y aquí tenemos la forma más “realista” (y, probablemente, la única) de hacerlo. Por otro lado, me ha sorprendido muy gratamente uno de los juegos de The Playroom VR. En concreto, el del robot que tiene que rescatar a otros robots. Imaginad que estáis jugando en un mundo del estilo del de Mario 64 solo que, en este caso, tú mismo estás “dentro” de la escena. Es decir, manejas al personaje en tercera persona como si fuera un robot teledirigido. Incluso si miras hacia abajo puedes ver una representación virtual del Dualshock 4. Me ha dejado muy impresionado.

Para finalizar me gustaría hacer notar que el uso de las gafas marea, efectivamente. Aunque no he podido probar las versiones finales ni de HTC Vive ni de Oculus Rift (la versión de desarrollo también me mareaba), tengo la impresión de que no es un problema que se pueda achacar directamente a Playstation VR, sino al hecho de que estamos engañando a nuestro cerebro de alguna manera; nuestros ojos y oídos están percibiendo una sensación de movimiento que no se corresponde con el hecho de que nuestro cuerpo esté quieto. Por eso, jugando a Driveclub no hay mayores problemas, ya que estamos sentados y con el volante entre las manos, salvo cuando tenemos un accidente o hacemos un trompo y nuestro cuerpo no siente la deceleración ni la fuerza centrífuga.

Es un periférico caro y, al ser la primera versión, es evidente que quedan cosas por pulir. En este caso me he convertido en un “early adopter” y, ¡qué narices!, voy a disfrutarlo. No deja de ser algo que soñábamos los niños de los 80. Al menos espero que saquen algún juego más de conducción, aparte de Gran Turismo Sport, porque es el género con el que me apetece más sacarle partido a la realidad virtual.