Hola. Me llamo Fede, soy informático de profesión y una de mis principales aficiones son los videojuegos.

Ya tengo una edad y, a lo largo de todos estos años, muchas personas han contribuido a ser quien y como soy. Pero, si he de ser más concreto, podría citar a tres que tienen bastante culpa. En orden cronológico: Sir Clive Sinclair, cuya empresa lanzó el 23 de abril de 1982 un microordenador llamado Sinclair ZX Spectrum. Mi vecino, Isaac Romera, a quien, en las navidades de 1984, Papá Noel le trajo uno de esos ordenadores y me invitó a su casa para probarlo. Mi abuelo, Andrés Valero, que me regaló por mi comunión, el 16 de junio de 1985, el siguiente modelo de dicho ordenador, un Sinclair ZX Spectrum +

Sir Clive Sinclair. Fuente: https://www.tecnogeek.com/2021/09/20/lo-que-sir-clive-sinclair-nos-dejo/

El primero de ellos, Sir Clive, ha fallecido hoy a los 81 años, y es a quien quiero dedicar este breve texto. Porque aquel pequeño ordenador fue el que sembró en mí el gusanillo de la programación y de los videojuegos. Es cierto que me pilló un poco canijo como para que mi sueño de unirme a los pioneros de la Informática en España se hubiera materializado. Todavía recuerdo cuando quise apuntarme en una academia a dar clases y el director (muy honesto, por cierto) me dijo que era demasiado pequeño, que todavía tenía que aprender más cosas de matemáticas para que las clases me fueran de provecho. Y si bien es cierto que pronto empecé a dedicar más tiempo a jugar a los videojuegos que a programar, sí que aprendí algo de BASIC, y esa semillita quedó ahí hasta que, a día de hoy, me gano la vida programando. Vale, no hice ningún juego para el Spectrum, de los muchos que proyecté en el papel cuadriculado de un cuaderno, pero sí que he escrito código que ha sido consumido por millones de lectores de páginas web en Internet. No está mal.

Echando la vista atrás me doy cuenta de que sólo tuve el Spectrum en "exclusiva" durante un par de años. Aunque luego lo seguí utilizando durante bastante más tiempo, el primer PC llegó a mi casa en 1987, en lo que también supuso una revolución, ya que contaba con su propio monitor —de fósforo verde—, su impresora, sus dos unidades de disco y una forma de funcionar que no se parecía en nada a mi anterior ordenador. Pero aquellos dos años se me antojan un período de tiempo mucho más largo en mi recuerdo.

Sir Clive era un visionario, probablemente adelantado a su tiempo que, por cierto, renegaba de todo aquel que usara su famoso ordenador para jugar, ya que tenía unos planes mucho más serios para él. Pero lo que es cierto es que, sin saberlo, y probablemente sin quererlo, dibujó un punto de inflexión en la vida de muchos críos y adolescentes de la época. Críos y adolescentes cuyos mayores supieron o quisieron ver el potencial de estos microordenadores y que crecimos maravillados con esa cajita con teclas que obedecía a nuestras órdenes. La pantalla dejaba de mostrar imágenes emitidas por terceras personas para mostrar aquello que nosotros mismos programábamos.

Quizás su historia carezca del romanticismo con el que se nos han narrado otras parecidas, como la de Steve Jobs, a la que se ha dado siempre mucha más visibilidad. Pero, desde luego, tengo que estar agradecido a ese inglés de gafas y barba que un día imaginó un ordenador que, a mí, me cambió la vida.

Gracias por todo, "tío" Clive. Que la tierra te sea leve.

Nota: La imagen de cabecera ha sido descargada de https://twitter.com/homecompmuseum/status/1438571286574374914.