La Electronic Enterntainment Expo, más conocida como E3, es, probablemente, la feria anual más importante de la industria. Se celebra en Los Ángeles desde el año 1995.

Recuerdo de pequeño haber leído en Microhobby y Micromanía noticias sobre otras ferias más veteranas, como la Consumer Electronic Show (CES), que aun se sigue celebrando (aunque ahora más enfocada a la electrónica de consumo) o la European Computer Trade Show (ECTS). Pero el E3 no recuerdo exactamente cuándo comencé a seguirlo. Primero en medios impresos y digitales y, últimamente, presenciando algunas de las conferencias en streaming.

Estoy repasando la entrada de la Wikipedia para ver si así se me refresca la memoria, aunque casi que me estoy deprimiendo. La confusa presentación de WiiU, que he de reconocer que me produjo mucho interés, fue en 2011. También recuerdo la presentación de XBox One en 2013, en la que creo que le dieron mucha más importancia como dispositivo multimedia que como consola de videojuegos en sí. Debieron de repetir como doscientas veces la palabra TV.

En cualquier caso, la cita de este año no me estaba resultando demasiado atrayente durante los días previos. Y, al final, el contenido de las conferencias me ha dado la razón. Creo que no hay ninguna novedad que me llame poderosamente la atención como para esperar con avidez su fecha de lanzamiento. El anuncio de nuevos modelos de consola (que no nuevas consolas) me hace darme cuenta de que están dejando de ser algo especial para convertirse en ordenadores de propósito específico. En su momento, hace ya muchos años, me compré una Playstation precisamente por ahorrarme el tener que actualizar el hardware cada poco tiempo y dudar de si tal o cual juego funcionaría con mi configuración. Ese idilio está a punto de romperse con este nuevo modelo de negocio según el cual, los juegos rendirán más o menos según cual sea mi versión de la consola en cuestión. Me siento triste porque es como ver un mundo que languidece para no volver jamás.

No es que no tenga ganas de jugar a nada de lo que se ha anunciado, por descontado. De hecho, para mí sigue habiendo saturación, habida cuenta del tiempo que dispongo para dedicarle a este entretenimiento y de que el catálogo no deja de crecer. Pero no hay nada que me haga pensar la manida frase de:

Bueno, sí hay un juego. Ya os podéis imaginar cuál es. Pero también me entristece un poco, no por el juego en sí, sino por la plataforma para la que inicialmente fue concebido. Estoy hablando del nuevo Zelda, titulado Breath of the Wild. Un título que lleva un montón de años en desarrollo y que iba a lanzarse este año para WiiU, pero que ha sido retrasado debido a que habrá una versión para la nueva consola de Nintendo, conocida actualmente como NX. Es un juego que seguro compraré - el anterior Zelda, Skyward Sword, lo compré el día de su lanzamiento, algo que pocas veces hago - y que tengo ganas de jugar. Pero no necesitaba el E3 para tenerle ganas.

The Legend Of Zelda: Breath of the Wild

Resumiendo, creo que la industria está virando hacia un lugar que se me hace extraño; es, cada vez, más industria. Y es normal que, los que la hemos visto nacer, nos resulte raro ver cómo madura. Paralelamente, yo cada vez me siento menos capaz de seguir el ritmo de lanzamientos. La oferta es inmensa, y no dejo de sorprenderme cuando la gente se queja de que los juegos duran poco o de que el catálogo de tal o cual consola es escaso o de que hay pocos lanzamientos. ¿Esa gente no se dedica a otra cosa? Aunque no dedicara mi tiempo a ninguna otra tarea, sería imposible jugar a todo lo que quiero, probablemente ni a todo lo que tengo comprado y pendiente. Es un poco abrumador y agobiante, salvo que uno se dé cuenta de que no es el mismo chaval que pasaba largas horas (probablemente no tantas) con su Spectrum soñando que, algún día, crearía uno de videojuegos de los que tanto disfrutaba. Y disfruta.

PD: Curiosamente, este año ha coincidido en fechas con la WWDC de Apple y tampoco me ha llamado demasiado la atención.