Hoy toca emprender camino hacia nuestra última parada en Francia: La Rochelle. Se trata de una jornada que, en principio, está planificada como puro viaje. Pero, en vez de ir directamente, hemos decidido pasar la mañana en Saint Malo. Ni estaba planificado ni siquiera lo conocíamos, pero oímos hablar de él durante la visita a Mont Saint-Michel y pensamos que podía merecer la pena acercarnos y dar una vuelta por allí, estando apenas a hora y cuarto de distancia. Hemos salido del hotel a las 11.00 h y a eso de las 12.15 h ya estábamos entrando en la localidad.

Llegar a un lugar sin conocerlo puede dar lugar a malas experiencias. Hemos empezado mal la visita, adentrándonos en la zona amurallada, donde todas las plazas en la calle son zona azul, y donde no hay aparcamientos privados como tales. Pensando que podía ser un poco incómodo estar pendientes de los tickets del parquímetro, hemos pensado en aparcar fuera. Pero fuera los aparcamientos están completos y, de hecho, hemos estado atascados un buen rato en una cola de vehículos que estaban esperando para entrar y no se movían. Casi tiramos la mañana por la borda, nunca mejor dicho. Ha tocado ir alejándose hasta que, por fin, hemos logrado aparcar a unos 15 minutos andando del recinto amurallado. Sin lugar a dudas, ha sido la visita en la que más nos ha costado dejar el coche.

Una vez allí, hemos dado un paseo recorriendo prácticamente toda la mitad este. La verdad es que es un lugar que tiene su encanto. Eso sí, prácticamente toda la zona intra muros está dedicada al comercio o la hostelería. No hemos visitado ningún monumento más allá de dar un paseo por la muralla y contemplar desde la distancia las numerosas islas y fuertes que jalonan la costa frente a Saint Malo. Creo que es un lugar al que merece la pena dedicarle una visita guiada y conocer previamente su historia. Mención especial a la piscina que hay construida a la orilla del mar, que se llena con agua salada cuando sube la marea.

Saint-Malo

Después de probar las famosas gallettes para comer, en un lugar en el que los postres destacaban por su tamaño, con unas porciones de tarta grandísimas hasta para compartir (y unos precios acordes, sobre los 10 euros). Después de reponer fuerzas, hemos vuelto al coche para proseguir nuestro viaje. Esta vez hemos recordado repostar en la ciudad, lo que en este caso ha supuesto prácticamente un ahorro de 19 céntimos por litro, que no es una cantidad desdeñable.

El trayecto de hoy transcurre por carreteras nacionales de dos carriles y limitación a 110 km/h, menos un peaje casi al final, lo que ha hecho el viaje especialmente aburrido. Mención especial para las circunvalaciones de Nantes y, sobre todo, Rennes. Amplias, bien señalizadas e inexplicablemente limitadas a 70 km/h.

Hemos llegado a La Rochelle a las 19.45 h, habiendo salido a las 16.00 h de Saint Malo. La buena noticia es que, siendo mañana domingo, hasta el lunes a las 9.00 h no se aplica la zona azul, por lo que se puede aparcar cerca del hotel de manera gratuita. Un imprevisto que se ha tornado un golpe de buena suerte, ya que el hotel Ibis Vieux Port está ubicado en pleno puerto viejo y todo el estacionamiento es regulado.

El hotel es moderno y funcional. Tanto la habitación como el baño tienen un tamaño justo tirando a pequeño. Pero ofrece todos los servicios que andábamos buscando. Limpieza, una cama cómoda, un buen caudal de agua caliente en la ducha, buena conexión a Internet y una ubicación inmejorable en pleno puerto viejo de la ciudad.

Hotel Ibis Vieux Port

Después de hacer el "check-in" (en inglés) y descargar el equipaje, nos hemos dado un paseo por la zona y hemos elegido para cenar uno cualquiera de los múltiples establecimientos del lugar. Dos pizzas generosas y de masa fina, más un café y un té por 28 euros. Por cierto, que he tenido un problema de comunicación con el camarero a la hora de pedir el café, y en vez de un café con leche ha sido uno solo doble. Es el problema de no hablar (ni entender) francés correctamente. Eso sí, estoy que me muero de sueño, lo que confirma la teoría de que el café no me hace efecto.

Mañana será el último día de turismo como tal. Lo emplearemos en visitar la ciudad y, si finalmente hacemos ganas, también la cercana isla de Ré.