En anteriores episodios de este blog ya hablé de la infoxicación. Uno de los efectos de la sobreabundancia de información puede ser la dispersión.

El viernes pasado, como casi todas las semanas, tras finalizar mi semana laboral me fui a casa a comer. Suelo emplear unos 15 ó 20 minutos en hacerlo, así que pensé en ponerme algún vídeo de los que tengo pendientes para ver. En concreto, estaba considerando, y prácticamente lo tenía así decidido, ver uno de los que Carlos Buenosvinos está publicando sobre buenas prácticas de programación.

Total, que ya tenía la mesa puesta, la comida calentita y todo preparado. Abrí en el iPad la aplicación de Youtube para seleccionar el vídeo de mi lista de suscripciones. Al abrir la aplicación, en la ventana principal aparecen una serie de vídeos recomendados a partir de mis gustos, mi historial de visualizaciones, lo más visto en el momento, etc. Eso, que parece una funcionalidad muy interesante (y lo es), fue mi perdición en ese momento.

En la lista de recomendados apareció un vídeo de Herbie Hancock probando un teclado Korg SV-1. Ese teclado lleva en mi radar bastantes años y, si no lo he comprado, ha sido porque actualmente no le dedico demasiado tiempo a tocar. El caso es que el vídeo duraba apenas unos minutos, y mi yo curioso dijo: ¿por qué no verlo? Así que le di al play mientras empezaba a comer.

Herbie Hancock en Google

La cuestión es que yo tenía a Herbie Hancock por un pianista de jazz más o menos "clásico", si es que tiene algún sentido emplear las palabras jazz y clásico en la misma oración. Esperaba ver a Herbie tocando sonidos de piano acústico y eléctrico. Por una parte, me defraudó comprobar que en el vídeo hablaba más que tocaba. Pero, también, me sorprendió ver a un Herbie más relacionado con la música electrónica. Así que ahora tengo más deberes: leer más sobre Herbie Hancock y escuchar su música. Y el vídeo de programación que tenía previsto sigue en mi lista de pendientes.

En resumen: tener tanta información en la palma de tu mano desde luego que es una buena noticia. Pero para las personas con inquietud y curiosidad, y yo tengo mucha curiosidad, puede ser una maldición. Obviamente existe mucha más información interesante de la que yo puedo procesar, y es muy sencillo perderse las ramas del árbol del conocimiento.

Salvo que se sea capaz de desarrollar un fuerte autocontrol, o se disponga de algún tipo de guía o supervisión, se trata de un problema difícil de atajar. Y, al fin y al cabo, yo ya tengo una edad. ¿Pero cómo puede afectar toda esta sobreabundancia a la curiosidad de un niño? Está bien que tenga acceso a tanto conocimiento, pero si no acaba centrándose en algo, puede ser frustrante y contraproducente, ya que al final podría acabar no profundizando en ninguna materia.