Bueno, pues por fin se acabó la Navidad. Una navidad un tanto extraña, por primera vez en cuatro años sin vacaciones (sólo pude cogerme un par de viernes, que tampoco está mal) y que se ha pasado relativamente rápido, sin un auténtico "espíritu navideño", no sé si como un sentir común motivado por la crisis o una simple apreciación personal.

El último fin de semana antes de Reyes tuve ocasión de sacar a pasear la cámara y captar algunas instantáneas del Madrid engalanado con luces ya típico de todos los años. Tenía intención de subir a la azotea del Círculo de Bellas Artes, a la que se podía acceder durante las fiestas, pero la enorme cola que había para entrar me disuadió rápidamente.

Al final hice una ruta no muy larga, desde Cibeles a Atocha, subida a Plaza de Castilla (en metro) y bajada caminando hasta Nuevos Ministerios, que me permitió fotografiar diversos motivos, como la Fuente de Neptuno o el Árbol de Navidad Friki (o Comecocos) de Plaza de Castilla. Pero, sin dudarlo, me quedo con el atardecer que pude presenciar en Atocha. Lástima no haber llegado media hora antes.

Las fotos están tiradas a pulso, como un campeón.