Hoy afrontamos una jornada con dos partes bien diferenciadas. La primera parte del día la hemos dedicado, tras hacer el "checkout" del apartahotel, a visitar la ciudad de Caen. Entre unas cosas y otras, prácticamente no la hemos visitado.

Hemos dejado el coche en el aparcamiento del Memorial y hemos bajado dando un paseo hasta el centro, para visitar el Castillo de Guillermo el Conquistador, las iglesias de San Pedro y San Juan, que fueron parcialmente destruidas en los bombardeos de 1944, y la Abadía de las Mujeres. Por cierto, dentro del Castillo se puede aparcar de manera gratuita, aun habiendo un aparcamiento de pago delante de su entrada principal.

Caen

Después del recorrido ha llegado nuestra hora de comer, que no la de los franceses. Pasan unos minutos de las 2 de la tarde y, en un par de sitios donde hemos preguntado, no nos han querido servir. Al final, callejeando un poco, hemos dado con un bar llamado La Terrasse, donde hemos comido bastante bien y nos han atendido todavía mejor. Por fin hemos aprendido cómo se pide agua del grifo: "une carafe d'eau" y, así, ahorrarnos los más de 3 euros que te suelen cobrar por una botella de medio litro de agua mineral. Dos filetes con patatas y ensalada, una especie de mousse de limón y un café con leche por 27 euros.

Volvemos a recoger el coche, pasando por la tienda del Memorial para hacer gasto y partimos rumbo al Mont Saint-Michel, que está a unos 125 kilómetros de Caen, lo que se convierte en poco más de una hora de viaje. Partimos de Caen a eso de las 16.45 h. Durante el trayecto hemos visto el primer carril para vehículos lentos en una carretera cuesta abajo, algo totalmente insólito y que jamás hubiera imaginado que podría existir.

A poco más de 400 metros del Hôtel Vert nos hemos encontrado con una barrera que no esperábamos. Resulta que es necesario conocer un código para acceder con el coche. El código te lo dan en el hotel, y así lo indicaba en la reserva. Por desgracia, no tuve la precaución de leer toda la información en detalle, así que ha tocado llamar al hotel - afortunadamente la recepcionista se defiende en castellano - para preguntar por el código que franquea el acceso. Por la cola que hay y el tiempo que hemos esperado para entrar, da la impresión de que hay turistas que realizan la llamada al hotel desde la misma barrera. Nosotros al menos hemos tenido la delicadeza de hacerla aparte, sin molestar. Justo después, nos han parado unos policías para preguntar dónde íbamos. Tras contestar nos han dejado pasar sin más y, por fin, hemos llegado a nuestro alojamiento para las dos próximas jornadas.

Los precios de este lugar están todos hinchados, y el hotel no es menos. Las instalaciones se ven algo anticuadas. Nos ha tocado subir la maleta por las escaleras (no hay ascensor). El tamaño de la habitación es justo, al igual que el del baño. La conexión a Internet, además de lenta, es muy incómoda, ya que tenemos que validar nuestro usuario cada vez que desbloqueamos el teléfono. Está muy claro que, aquí, lo que estamos pagando principalmente es la ubicación privilegiada.

Como ha resultado evidente por las peripecias que hemos sufrido para entrar, el acceso con vehículo propio a este recinto, que se conoce como "La Caserne du Mont Saint-Michel", está bastante restringido. Cada vez que sales y vuelves a entrar debes solicitar un nuevo código, y cada código cuestra 4 euros. Este lugar, por pintoresco, es innegablemente turístico. Ya veremos cuánto dinero acabamos gastando aquí. A la entrada hay una gasolinera en la que venden la Sin Plomo a precio de sangre de unicornio mezclada con tinta de impresora; es todavía más cara que en una autopista de peaje.

La Caserne du Mont Saint-Michel

Para aprovechar el resto de la tarde, ya que son poco más de las 19.00 h, hemos decidido ir hasta el Mont Saint-Michel caminando. Son poco más de 2 kilómetros que se cubren a buen paso en aproximadamente media hora. Hemos entrado en la ciudadela y nos hemos acercado hasta la Abadía para informarnos de las visitas y poder planificar adecuadamente las actividades del día siguiente. Después de estudiar las diferentes opciones, hemos decidido que adquiriremos la entrada para una visita doble, la primera en horario de mañana y, la segunda, por la tarde-noche. La vuelta la hemos realizado en el autobús lanzadera (que es gratuito y realiza los trayectos de ida y vuelta cada cuarto de hora).

Mont Saint-Michel

Mañana pasaremos el día visitando el Monte y, esperemos, no sufriendo demasiado con el tiempo que, como ya anticipábamos, finalmente ha empeorado.