Hacía mucho tiempo que no me ocurría nada semejante. Pensaba que ya había dejado atrás mis días de gafe, pero el "Fede de los 90" * vuelve con fuerza.

El día de hoy, 4 de diciembre, es una fecha que tenía marcada en el calendario desde hace muchos meses. En concreto, desde que inscribí en la Maratón de Málaga, allá por el mes de febrero. Era un reto que llevaba tiempo rondándome por la cabeza, que ya he comentado por aquí en alguna ocasión al finalizar alguna de las carreras populares en las que he participado y al que, por fin, me atreví a enfrentarme.

No voy a decir que haya cambiado radicalmente mi vida para enfrentarme a esta carrera, porque no sería cierto, pero sí que he dedicado algunas horas durante los últimos tres meses, especialmente los fines de semana, preparándome para ello. Haciendo tiradas cada vez más largas hasta llegar el pasado 13 de noviembre a los 31,31 km, siendo mi récord tanto de distancia como de tiempo corriendo. Ese día por fin pensé que tenía posibilidades de completar el reto.

Ayer sábado, según llegamos a Málaga, fuimos directos a la feria del corredor a recoger el dorsal y la camiseta. En los expositores nos hicieron algunos "regalos", como billetes de metro y autobús para el día de la carrera. En fin, ya lo tenía todo preparado. Solo quedaba pasar el resto del día, no sin ciertos nervios, y que llegara por fin el momento de la gran cita.

Mi dorsal de la maratón de Málaga 2016

El despertador sonó a las 7 de la mañana, pero yo ya llevaba media hora despierto. No es que durmiese mal, pero sí que estaba inquieto. Había tenido el típico sueño en el que llegaba tarde a la carrera. En cualquier caso, aunque tenía tiempo de sobra, al final casi llego tarde. La cuestión es que los trenes pasan cada 20 minutos, pero los fines de semana por la mañana hay tres de ellos que no circulan. No sé por qué me había hecho a la idea de que el que yo tenía que coger pasaba a las 8 y poco, cuando en realidad lo hacía a las 8 menos cuarto. Menos mal que me dio por repasar los horarios con el tiempo justo de salir corriendo hacia la estación.

Fuera llovía, no demasiado. La previsión del tiempo en el móvil decía que iba a llover moderadamente, tendiendo a remitir a lo largo de la mañana. Sin embargo, la AEMET había decretado la alerta por lluvias. Esperaba que no fuera para tanto, pero estaba muy equivocado.

El tren iba bastante concurrido con una curiosa mezcla de gente. Por un lado, los que íbamos a la carrera, entre los que había bastantes extranjeros. Por otro lado, los chavales que, imagino, volvían a sus casas tras una noche de fiesta. Pensando en estas banalidades, y pendiente del móvil, justo acababa de leer un tweet de la organización comentando que en Málaga capital no llovía cuando el tren llegaba al final de su trayecto. Qué agoreros.

Al salir de la estación, me doy cuenta de que llueve con bastante intensidad. Me encamino hacia la zona de salida, de la que me encuentro a un kilómetro de distancia, intentando cobijarme bajo terrazas y cornisas. Me detengo a medio camino en una marquesina de autobuses. Ya me he calado los pies y parece que llueve con más intensidad. Una mujer extranjera, que acompaña a su marido a la carrera, me pregunta si pienso que vamos a correr con este tiempo. Son poco más de las ocho y sigo confiando en que las predicciones (las de la AEMET no, las otras) se cumplan y la lluvia vaya remitiendo. Me doy de plazo hasta las ocho y media.

El plazo se cumple y sigue lloviendo. Me uno al grupo de corredores que se encaminan hacia los cajones de salida y comienzo a caminar/correr bajo la lluvia. Ya me estoy empezando a calar los pies, lo cual quiere decir que no los volveré a tener secos hasta que vuelva a casa después de la carrera.

Me busco cobijo en otra marquesina cerca de la línea de salida. Se acerca la hora de tomar la salida pero, como es normal, no hay nadie preparado. Parece que está parando de llover. Justo en ese momento nos informan de que la salida se suspende. En principio van a estudiar cómo está el circuito y tomarán una decisión no más tarde de las diez menos cuarto. Si finalmente se corriese, la salida se tomaría a las diez y media.

Aspecto de la línea de salida a las 9 de la mañana

Son malas noticias. Hubiera sido preferible que suspendieran la carrera directamente, pero entiendo que quieran buscar una última baza para correr, pensando en todos los corredores que estamos aquí y, especialmente, los que hemos venido de fuera, con un viaje y un alojamiento reservado desde hace meses.

Esa hora de espera se hace eterna. Pienso si meterme en alguna cafetería a tomar algo e intentar recuperar algo de calor. De camino entro en la recepción de un hotel, donde hay un montón de corredores cobijados, tanto dentro como fuera. No se percibe un ambiente de mal rollo, pero la gente quiere correr. Total, ya que estamos allí, y mojados, parece la mejor opción. Pero vuelve a llover con más fuerza.

He estado mirando en Twitter y la propia organización ha compartido fotos de la ciudad inundada. No creo que se vaya a correr, así que a las nueve y media decido volver a la estación de tren. No me marcharé hasta que confirmen la suspensión, pero si estoy allí podré coger el primer tren que salga sin perder más tiempo. Recordemos que pasan cada 20 minutos. Estoy empapado y, aunque mis ganas de correr la maratón son mayores que cualquier otra cosa, si me paro a pensarlo me doy cuenta de que éstas no son las mejores condiciones.

Lo que se veía desde la estación de RENFE

Son las diez menos cuarto y nadie confirma nada por redes sociales. Como ahora llueve un poco menos, decido volver a la línea de salida, para obtener información de primera mano. Cuando estoy llegando el speaker se está disculpando por la falta de puntualidad y dice que en cinco minutos comunicarán la decisión definitiva. Pasan esos cinco minutos y, como era de esperar, la carrera se suspende. No espero mucho más, echo a correr de nuevo camino de la estación. Ahora mi único objetivo es llegar cuanto antes a casa, darme una ducha de agua caliente y ponerme ropa seca.

Supongo que muchos lo habréis visto por las noticias. Han sido las inundaciones más graves en Málaga en los últimos veinte años. Y aquí estoy yo. Ante algo así no se puede hacer nada más que lamentarse. Pero viendo las imágenes, queda bastante claro que no se iba a poder correr. Aun entendiendo las implicaciones que ello supone para la organización del evento, creo que deberían haber suspendido la carrera desde el primer momento.

Ahora lo que queda es disfrutar con mi mujer del puente, hasta el martes, e ir pensando cuándo y donde me voy a sacar esta espinita que se me acaba de clavar.

* A finales de los 80 y principios de los 90, uno de mis músicos favoritos, si no el que más, era Jean-Michel Jarre. En aquella época, Jarre era un artista cuyos conciertos se podían contar con los dedos de una mano pero, cuando daba uno, era multitudinario. Estamos hablando de cientos de miles de personas. Os podéis imaginar que asistir a un concierto de esos se convertía en un evento muy especial. Pues bien, en 1993, tras el lanzamiento del disco Chronologie, empezó una gira por Europa y, afortunadamente, con visita a Madrid. El concierto se iba a celebrar en el Hipódromo de la Zarzuela. Aun existiendo previsiones de lluvia, se podía leer en la prensa que no había riesgo de cancelación. Pero, finalmente, después de todo el día lloviendo, el concierto se suspendió. Y yo me quedé con las ganas de ver a Jarre en directo. Probablemente sea una espinita que nunca me llegue a sacar. Al menos en aquella ocasión sí que se devolvió el importe de las entradas, pero la frustración no te la quita nadie. No fui el único. En este foro podemos leer testimonios de más gente que vivió aquella jornada.