Hace unos cuantos años, creo que fue en la primera Codemotion a la que asistí, oí hablar por primera vez de los Meetup. No son otra cosa que grupos de gente que se concentra en torno a un interés común y que suele reunirse periódicamente. En mi caso, como digo, tras conocerlos me apunté a unos cuantos cuya temática me interesaba (principalmente programación PHP y web) pero tardé bastante en asistir a alguno de los eventos.

Normalmente se suelen celebrar en las sedes de empresas que ceden su espacio a los organizadores del grupo, y las charlas las da gente de manera voluntaria, por lo que son bastante dispares tanto en temática como en nivel. No obstante siempre se suele sacar algo en claro.

Cuando terminó mi etapa en 20minutos fue el momento de plantearme hacia dónde quería enfocar mi carrera profesional. Y uno de los aspectos que quería potenciar era el de la formación que, si bien no había dejado nunca de lado, últimamente no había recibido todo el mimo que se merecía por mi parte. Formación entendida tanto desde el lado del que la recibe como desde el que la imparte. Con anterioridad ya había dado alguna ponencia (además de la defensa del proyecto fin de carrera) y participado en alguna mesa redonda, con mejor o peor suerte. Por tanto, además de hacer algún curso online y estudiar por mi cuenta, me puse el objetivo de colaborar activamente con alguno de esos grupos de meetup y, de alguna forma, devolver a la comunidad lo que ésta me ha ido dando.

El principal escollo para mí es encontrar un tema que domine con las garantías suficientes como para poder comunicar una información que sea de utilidad a la audiencia que vaya a perder su preciado tiempo escuchándome. Las charlas suelen durar entre tres cuartos y una hora, por lo que tampoco puedes (o debes) dar un par de pinceladas y largarte. Lo mejor sería compartir alguna experiencia del trabajo, pero también suele ser complicado saber qué puedes compartir y qué no en público. Y si eliminas de la ecuación las partes que no se pueden compartir, muchas veces te queda un relato que no se entiende.

Así que vi la luz cuando, el pasado mes de julio, los organizadores de PhpMad comentaron que iban a experimentar con un nuevo formato de charlas de unos 15 minutos, juntando un par de ellas por evento. ¿No iba a ser capaz de compartir una experiencia interesante durante un cuarto de hora? Los meses anteriores había estado trabajando junto al resto del equipo en la actualización de nuestros proyectos a PHP 7, así que se lo propuse a la organización y aceptaron.

Lightning Talks - Episode One
Lightning Talks - Episode One - Foto gracias a @srtaDeveloper

Tenía que preparar la charla, y eso no acaba con confeccionar las diapositivas. Es muy recomendable practicar previamente la presentación por varios motivos: El primero, para establecer el discurso, el hilo conductor de lo que queremos contar. En algún sitio leí que una regla consiste en establecer una idea que se quiere transmitir y contar una historia que refuerza esa idea. El segundo, para ajustar la duración real de la charla y saber si tenemos que añadir o quitar diapositivas, o si en alguna parte podemos enrollarnos más o pasar más de puntillas. En mi caso me sirvió para darme cuenta de que, lo que yo pensaba que era una charla de 15 minutos, se alargaba casi hasta la media hora si no tenía cuidado. En cualquier caso, al ensayar establecemos un vínculo más cercano con la presentación, evitando enfrentarnos por primera vez a las diapositivas a la vez que lo hace nuestra audiencia.

Actualizando a PHP 7 - phpmad Lightning Talks - Episode One

La charla no ha ido mal. Me he sentido bastante tranquilo y creo que el ritmo ha sido el adecuado; he ido pausado pero sin llegar (creo) a atascarme en ningún concepto. Realmente debería ser fácil cuando lo que estás haciendo es relatar tu experiencia, pero una cosa es vivirlo y, otra, contarlo. Obviamente no podía salir todo perfecto, y el principal problema ha venido por algo que ya conocía de mis tiempos de músico. Cuando dos o más grupos comparten escenario, lo cual suele ser una práctica muy habitual (uno actúa como telonero del otro), el sonido (casi) nunca está bien ajustado para los dos.

En este caso lo que ha sucedido es que el otro ponente ya estaba en posición y no he tenido ocasión de probar mi portátil con el proyector ni de “reconocer el terreno”. La primera vez que me he acercado al atril ha sido en el momento de comenzar mi charla. Me ha costado un poco hacer que el proyector funcionara y, una vez conseguido, como estaba un poco tenso por no estar preparado y tener al público esperando, se me ha pasado por alto ajustar la resolución. Como resultado las diapositivas se veían poco nítidas y se leían mal. Creo que también he pecado de estar demasiado estático en el escenario, pero lo que más me ha fastidiado ha sido el tema de la pantalla. Lección aprendida para la próxima ocasión, que espero que sea en una charla más extensa.