¡VAPF!


¡Vete al peo, Fede!

Juegos: Uncharted 4 (PS4)

La primera entrega de la saga Uncharted fue, de alguna manera, mi puerta de entrada a la que entonces era la nueva generación de consolas. Naugthy Dog, que venía de hacer juegos de plataformas como Crash Bandicoot para Playstation o Jak & Daxter para PS2, cambió totalmente de registro y de género en una saga de títulos exclusivos para Playstation 3 que se coronó como de lo mejorcito de su catálogo.

Uncharted 4

Esta cuarta entrega, en la que Nathan Drake y sus amigos se estrenan en la nueva generación, es una apuesta a caballo ganador si te gustaron los anteriores. Se recoge la fórmula, se refina y se complementa con algunas mecánicas introducidas en The Last Of Us. Título, por cierto, al que todavía no he jugado, así que supongo que volveré a encontrarme con algunas de las novedades que he podido descubrir en este Uncharted 4. Todo ello, por supuesto, envuelto en una apartado técnico brillante, como siempre de lo mejor que podemos encontrar en la consola.

Modo fotográfico de Uncharted 4

Y es que el juego es preciosista, lo mires por donde lo mires. Es tan detallado que, en ocasiones, el movimiento resulta un poco ortopédico. Es increíble el mimo por el detalle y la cantidad de movimientos y transiciones entre los mismos de los que hacen gala los personajes. Además dispone de un modo fotográfico con el que dar rienda suelta a nuestra creatividad y fardar de escenarios y situaciones. Hay cierto truco: aunque el juego parece plantearnos un mundo abierto, en realidad está todo bastante guionizado, y es gracias a eso que todo encaja mucho mejor que en un sandbox más ortodoxo.

En esta ocasión, además, se mezclan los tiroteos y los saltos con zonas de sigilo, que podemos sobrepasar con paciencia y habilidad sin necesidad de acabar con ninguno de los enemigos que patrullan el lugar. También pasaremos bastante tiempo conduciendo algunos vehículos. En concreto la parte de Madagascar con el jeep resulta bastante entretenida, sobre todo al principio, usando la cuerda y la capacidad tractora del cabestrante para superar algunos obstáculos.

Zona de sigilo en Uncharted 4

El guión, como es habitual, podría pasar por una más que decente producción de Hollywood. Aunque los giros de la trama no son tampoco de lo más sorprendente, sí que mantendrá nuestro interés y querremos seguir avanzando para ver qué ocurre prácticamente desde el principio de la historia. Los escenarios están llenos de detalles y referencias a otras obras de las que seguro que no me he enterado ni de la mitad. Me llamó la atención este homenaje al conocido pirata Guybrush Threepwood.

Uncharted 4 homenaje a Guybrush Threepwood

Hay también algunas escenas trepidantes que te dejan sin aliento, como la persecución del capítulo 11.

No obstante, seguimos encontrando algunos fallos gráficos, como esta situación en la que Nathan está suspendido en el aire.

Nathan Drake suspendido en el aire

O esta otra en la que podemos verlo (aunque la captura está un poco oscura) literalmente colgado de la nada.

Nathan Drake colgado de la nada

Salvo que no te guste la fórmula propuesta (mezcla de tiros, sigilo, acción y puzzles bastante asequibles), es un título imprescindible. También tiene una opción de juego online que, para variar, no he probado, así que no puedo hacer ningún comentario al respecto. A mí me ha aportado casi 15 horas de buena diversión hasta completar la historia principal. Los trofeos los dejaremos para otra ocasión.

Tiempo total de juego

Tanto me ha gustado que, aprovechando una oferta de unos 15 euros, he adquirido la trilogía original remasterizada en descarga digital, para volver a degustarlos dentro de un tiempo, esta vez en versión original (aunque el doblaje de esta saga también raya a un nivel muy alto).


Ya soy un Switcher

Esta vez no me refiero a la acepción más habitual que suele tener el término Switcher, que quiere decir que alguien se ha pasado de Windows a Mac. En mi caso, esa transición ya ocurrió en 2012. En esta ocasión me refiero a que, antes de lo previsto, ya tengo en mis poder una Nintendo Switch.

Nintendo Switch

Si no me fallan las cuentas, es la tercera consola de sobremesa de Nintendo que estreno desde que tengo el blog. Wii la compré de salida, a finales de 2006, no sin antes pasar por ciertos contratiempos. WiiU la adquirí en 2014. Fue una buena oferta. Y menos mal, porque su precio de venta no se ha movido ni un ápice desde su lanzamiento hasta su muerte comercial. Y Switch es la cuarta, contando a Gamecube junto con las anteriores, que adquiero dentro de su ciclo de vida, si bien aquella compra fue a un precio tan reducido como irresistible de 50 euros. Las demás que tengo fueron todas conseguidas a posteriori, bien regalos de buenos amigos o bien comprándolas en tiendas de segunda mano, cuando estos cachivaches todavía tenían precios razonables y no habíamos entrado en la espiral retro-especuladora de la actualidad.

No pretendía hacerme con ella hasta el otoño-invierno de este año, coincidiendo más o menos con el lanzamiento de Super Mario Odissey. Pero Switch está teniendo bastantes problemas de stock, no sé si por falta de previsión de Nintendo, porque realmente no se esperaban vender tanto o por esa especie de histeria colectiva que convirtió la NES Mini en objeto de especulación y que ha provocado que las RESERVAS (que no las compras) de la SNES Mini se agotasen en cuestión de minutos. Lo confieso, me he dejado llevar. Pero tampoco era plan de hacer como la gente que se está pateando los comercios de toda España buscando una Switch huérfana que llevarse para casa. Ya hice algo parecido cuando la Wii y estoy mayor para esas cosas. Simplemente la reservé en Amazon y a esperar que recibieran nuevas unidades. Primeramente me avisaron de que eso ocurriría a principios de agosto pero, finalmente, o bien han recibido más de las que esperaban o ha habido gente que ha anulado sus reservars. El caso es que antes de ayer me avisaron de que llegaría hoy, así que aproveché para comprar el nuevo The Legend Of Zelda: Breath Of The Wild para dar alimento a la consola.

Creo que el modo portátil será al que más partido le saque. Ya abusé en su momento del modo Off-TV de WiiU (o sea, jugar a los juegos directamente en la pantalla del mando, sin usar la televisión) y me pareció de lo más cómodo. Esto es lo mismo pero con mejor pantalla y la posibilidad de llevármela a cualquier parte. Eso sí, se renuncia a la multipantalla, que la verdad es que me pareció un invento muy interesante. De todas formas, habrá que ver qué partido le sacan los desarrolladores a este hardware tan específico.

Estas vacaciones tenía idea de llevarme la WiiU al pueblo para ir dando salida a los juegos pendientes. Ahora tengo un dilema: ponerme o no con el Zelda, porque tampoco es que tenga prisa por jugarlo. Al no tener online, puedo disfrutarlo en cualquier momento con calma. En cualquier caso, espero no hacer lo de siempre y comprar juegos sin control, juegos que luego no tendré tiempo de jugar. Vamos a ir paso a paso.


¡Hasta siempre, Zotac! Gracias por todo

Por fin ha llegado el momento de renovar el hardware que empleo como mediacenter, que ha estado sirviendo fielmente durante más de 6 años, las 24 horas al día. Este momento ya se veía venir desde hace un año y medio e, irremediablemente, ha llegado.

Cuando adquirí este Zotac como mediacenter, bastaba con adquirir un disco duro y memoria de la capacidad que deseásemos, así como instalar un sistema operativo de nuestra elección para echarlo a andar. En su momento compré un disco de 500 gigas y 2 gigas de RAM, que eran cantidades más que suficientes para el uso que le iba a dar, como así se ha demostrado durante todos estos años. Como sistema operativo, Ubuntu en diferentes versiones, siempre con XBMC Kodi como software principal. Como veis, el cacharrito está muy bien equipado en cuanto a posibilidades de conectividad.

Características Zotac

Realmente el equipo todavía es funcional, pero el ruido del ventilador ha vuelto a aparecer en relativamente poco tiempo y volver a reemplazarlo no hará otra cosa que ocultar durante unos meses un problema recurrente. Parece claro que no está diseñado para estar 24 horas encendido.

Así que, disponiendo de una Raspberry Pi que adquirí en el pasado "Black Friday", voy a proceder a su relevo. Sólo he tenido que añadir una "tarjeta de sonido" para poder disponer de una salida óptica que conectar a mi equipo 5.1, una cajita para resguardar ambas placas y un hub USB alimentado para poder dar potencia a los dos (que serán tres) discos duros externos.

Raspberry Pi 3 como mediacenter

Espero sacar tiempo para explicar cómo he montado todo el invento. Pero tampoco prometo nada; también tenía esa idea cuando instalé el Zotac y, después de esos más de 6 años, no ha pasado más que de un texto en borrador en mi disco duro. Eso sí, esas notas que tomé me han servido en su mayoría para configurar la Raspberry.

En fin, amigo Zotac, gracias por todos los momentos vividos. De momento te guardaré en tu embalaje original que todavía conservo y espero encontrar para ti algún uso interesante en el futuro.

Zotac ZBox HD-ID11


Juegos: Assassin's Creed Unity (PS4)

Hace ya más de un año que comencé a redactar esta entrada del blog. Normalmente, cuando termino un juego, intento escribir el comentario sin dejar pasar mucho tiempo y, preferiblemente, antes de empezar con otro, precisamente para que no me ocurra esto: que una entrada se quede pendiente durante tanto tiempo. Con algunos juegos ha sido así y es por eso que están en la lista de terminados pero sin su comentario correspondiente.

Sé que retomarlo ahora es un poco problemático en cuanto a que tengo parte del texto redactado y, para completarlo, tengo que tirar de un pequeño listado de notas y rellenar el resto de huecos de memoria que, como sabemos, en mi caso no es demasiado fiable. Pero voy a intentarlo porque creo que, una saga a la que le he dedicado innumerables horas de juego, merece la pena tener su hueco en este blog.

Por lo tanto, llego con año y medio de retraso a jugar este título, y más de dos a comentarlo, ya que fue lanzado en noviembre de 2014. Aunque no fue el primero de la ya veterana saga de videojuegos para la octava generación de consolas, sí que fue el primero desarrollado de forma exclusiva para la misma.

Al mismo tiempo que Unity se lanzó Assassin's Creed Rogue para las consolas de la generación anterior. De esta forma, Ubi Soft pretendería contentar de alguna manera a los usuarios que todavía no habíamos dado el salto. En aquel momento pensaba que jugaría a Rogue antes que a Unity, pero finalmente no ha sido así. Y tengo la impresión de haberme perdido parte de la historia, ya que le precede cronológica y argumentalmente.

En cualquier caso, llegar con tanto tiempo de retraso a un juego tiene su parte buena y su parte mala. Enseguida veremos por qué.

Assassin's Creed Unity Playstation 4


En la actualidad, desgraciadamente, se está extendiendo la mala costumbre de lanzar juegos que están rotos, necesitando parches el mismo día de salida para intentar solucionar los múltiples fallos que tienen. Ubi Soft perpetró con Unity un lanzamiento mediáticamente sonado en ese sentido, por lo mal que hizo su trabajo. Por lo tanto, en este caso la parte buena es que no me he gastado los 70 euros que costaba el juego en su lanzamiento para disfrutar sufrir una experiencia llena de bugs. No se han arreglado todos, pero sí la gran mayoría. Desde luego no es la esperpéntica experiencia de las primeras semanas. Y el juego me ha costado un tercio de su precio original. De hecho, sólo he necesitado reiniciar una misión una vez debido a que el personaje se había quedado enganchado en el escenario y no me podía desplazar en ninguna dirección. Sí que he visto multitud de glitches gráficos que, además de no llegar a las cotas de ridiculez que se han podido ver en algunos vídeos distribuidos por los jugadores en Internet (y que no son exclusivos de esta entrega de la franquicia, dicho sea de paso), no han afectado en absoluto al desarrollo de la aventura.


La parte mala de ir con retraso está relacionada con dos factores. El primero radica en la dificultad de librarte de los temidos spoilers. Si sigues la actualidad de los videojuegos, lees análisis, escuchas podcasts, es complicado mantenerte al margen de posibles sorpresas tanto argumentales como jugables. Cierto es que cada vez sigo la actualidad con menos interés, por lo que tampoco conocía demasiado del juego antes de enfrentarme a él, pero reconozco que puede no ser la situación de todo el mundo.


El segundo creo que es imposible de sortear, y está relacionado con el periodo de tiempo en que un juego, tras su lanzamiento, está "de actualidad" en la comunidad de jugadores. Es en ese periodo, casi siempre tras unos primeros días o semanas de problemas con los servidores, cuando el público está volcado y podemos encontrar más gente jugando. Dependiendo del tipo de juego y de qué experiencia multijugador ofrezca, y según lo tarde que lleguemos, podemos encontrarnos con tres situaciones. La primera: los jugadores ya han cogido experiencia, conocen mejor los trucos del juego y, además, sus avatares están mejor equipados, por lo que nos costará dar la talla. La segunda: pasado un cierto tiempo la mayoría de la comunidad habrá dejado atrás el juego y desplazado su interés hacia otros títulos más recientes, por lo que encontraremos poca gente jugando. Por último, si llegamos muy, muy tarde, es posible que el modo multijugador ya no esté operativo, por cierre de servidores o motivos análogos. En cualquier caso, creo que este tema da para una disertación más completa de lo que me voy a extender aquí.

El juego, como ya viene siendo costumbre en este tipo de producciones, empieza con misiones que sirven de tutoriales, permitiéndonos recordar las mecánicas jugables de la saga a la vez que familiarizarnos con las novedades en las mismas. De hecho, empezaremos con un prólogo en el que nuestro avatar será un templario, no un asesino. Esta sensación de prólogo se extiende al primer capítulo completo y la primera parte del segundo. Creo que son dos las sensaciones básicas que nos quedan tras estos primeros minutos. El salto a la nueva generación de consolas le sienta muy bien, pese a que los tiempos de carga entre capítulos son exageradísimos.

Assassin's Creed Unity Personajes en pantalla

Es abrumadora la cantidad de personajes que vemos en movimiento en las calles de París, muy superior a la de entregas anteriores. Lamentablemente, nos damos cuenta de que es pura estética; los mimbres son los mismos. La interactividad con los enemigos y los objetos es similar (esta vez podemos cruzar algunos edificios por dentro cuando estemos huyendo de los enemigos), y las peleas siguen estando basadas en una mecánica de contraataque que no deja de recordarnos al mítico Prince Of Persia (Jordan Mechner, 1989). También siguen existiendo las atalayas, como seña de identidad del título, donde tenemos que encaramarnos para desbloquear los detalles del mapa. Las mecánicas de parkour parece que se han agilizado; sin embargo, yo me siento más torpe controlando al personajes. Seguramente será cosa mía.

Otro de los cambios es que, si bien no deja de ser un juego de acción, podemos afrontar algunas misiones en modo sigiloso. De hecho, será un requisito imprescindible para algunas de ellas. La mecánica de huir de los enemigos y que aparezca nuestra silueta en el último lugar en que nos vieron viene heredada de otra de las grandes sagas de Ubi Soft: Splinter Cell. Eso y el silbido para atraer a los enemigos, que yo diría que es el mismo.

La interfaz me sigue pareciendo demasiado intrusiva. Es cierto que se supone que estamos en el Animus, y que el HUD se puede configurar, pero se carga un poco el encanto de la recreación de los entornos, que son otra de las señas de identidad. En algún lugar leí, y estoy totalmente de acuerdo con esa afirmación, que Assassin’s Creed es una de las sagas con mejores ambientaciones históricas desde el punto de vista artístico y de las que peor la aprovechan. En cualquier caso, creo que el problema radica en que muchas de las mecánicas de juego, como marcar a los enemigos, buscar tesoros ocultos, etc., se basan demasiado en la propia interfaz.

También se mantiene ese fondo de RPG, ya existente en anteriores entregas, mediante el cual tenemos que gestionar nuestra “economía” para ir adquiriendo nuevas armas, objetos y habilidades. Por otro lado, la cantidad de tareas que tenemos que realizar es ingente, marca de la casa. No obstante, me gusta el hecho de que se pueden simultanear las misiones principales con algunas de las secundarias y con la recolección de objetos. Ya que tenemos que recorre el mapa, qué menos que poder ser eficientes y poder aprovechar los viajes para hacer varias cosas.

Assassin's Creed Unity Mapa de París con las tareas

La historia es bastante previsible, y los guionistas han reducido al mínimo la trama que se desarrolla en el presente (sin haber llegado a eliminarla del todo). El doblaje es francamente mejorable, aunque no llega a frustrarnos la experiencia.

Esta vez no he anotado cuánto tiempo le he dedicado, y el juego no lo indica, o bien no he encontrado dónde consultarlo. Lo que sí que se muestra es el grado de sincronización. En mi caso, habiendo visto el final de la historia, no llega ni al 50%, lo cual indica que hay demasiado contenido de relleno. En mi opinión, una forma artificial e innecesaria de alargar su duración

Assassin's Creed Unity Estadísticas de progreso

El DLC Reyes Muertos, que fue añadido como regalo por el “espectacular lanzamiento” del juego, añade alguna mecánica novedosa relacionada con el uso de una lámpara de aceite que podemos usar para espantar bichos y cuyo combustible se consume con el tiempo, pero tampoco es nada espectacular que no hayamos visto ya en otros juegos. Entretenido, sin más.


Por resumir mis sensaciones tras completar la historia principal del juego, haciendo un análisis lo más objetivo posible, creo que este juego tiene demasiadas lagunas para la saga que representa y ser una producción "triple A". No obstante, siendo honesto, me ha divertido mucho más que las dos anteriores entregas que he jugado, AC III y Black Flag, probablemente debido a la mezcla entre la historia, la ambientación y la introducción de las nuevas mecánicas. Por momentos me ha recordado a los títulos protagonizados por Ezio Auditore, y que no he llegado a comentar en este blog. Curiosamente, es mi vuelta a la saga en plataforma Playstation, después de haber empezado con Assassin’s Creed para PS3 y haber jugado al resto de ellos en mi XBox 360.


Espero que mi opinión haya sido lo suficientemente clarificadora como para que sepáis si os interesa jugar o no a este título. Y, si ya lo habéis disfrutado, también me gustaría leer vuestras impresiones en los comentarios.



Eventos: Mesa Redonda: 'Academia e Industria: dos aproximaciones al videojuego'

Si estas semanas atrás hemos estado hablando de espinitas clavadas, la de ser desarrollador de videojuegos no creo que me la vaya a sacar nunca. Pero, en relación con ese tema, hace unos días me enteré por Twitter de la celebración en Google Campus Madrid de las II Jornadas de Game Design de U-tad.

II Jornadas de Game Design de U-tad

De este evento me llamaba la atención principalmente la charla "Postmortem de PC Fútbol. El desarrollo de un clásico del videojuego español", por Alberto Moreno "Grihan”, aunque el resto de ponencias también parecían muy interesantes. Sin embargo, un viernes a las 10.00h no es el mejor momento para ausentarme del trabajo de manera injustificada. Y tampoco iba a pedir un día de vacaciones para esto.

Postmortem de PC Fútbol por Alberto Moreno

La mesa redonda de las 16.00h, "Academia e industria: dos aproximaciones al videojuego", con Alfredo González-Barros Camba (moderador), Antonio J. Planells, Alberto Moreno "Grihan", Francisco Javier Soler "Maki", Tatiana Delgado y Víctor Navarro-Remesal, tampoco pintaba mal. De todas formas me daba un poco de reparo solicitar una entrada (gratuita) para ir sólo por la tarde y bloquear la posibilidad de asistencia a otra persona que tuviera interés en asistir al evento completo. Sin embargo, el propio Alberto Moreno me animó, así que finalmente me he dejado caer por aquí.

He tenido que comer como los pavos para poder llegar, aunque al final me ha sobrado tiempo ya que la mesa redonda ha comenzado con cierto retraso. Eso sí, me da que no me voy a poder quedar a la última charla, que pinta también muy interesante (como el resto).

La mayoría de la asistencia son chavales que están cursando el grado de desarrollo de videojuegos o tienen intención de cursarlo. Me siento un poco fuera de sitio, la verdad. De primeras pienso que es por la edad, pero en realidad no es así. Aunque probablemente nunca me vaya a dedicar a ello profesionalmente, ya que mi carrera la he enfocado hacia otros derroteros y soy un total convencido de la “regla de las 10.000 horas” (aunque parece que hay estudios que la contradicen), desde pequeño me hubiera gustado ser programador de videojuegos. Y precisamente de ahí viene la disonancia.

Escuchando atentamente a los ponentes abro los ojos y tomo conciencia, quizás por primera vez, de que el desarrollo de videojuegos hoy en día es una carrera que se puede estudiar. Un grado con un plan de estudios determinado, unas asignaturas y unos profesores. Que, como pasa en el resto de carreras, no todos los profesores son “profesionales del ramo”. Que hay un grupo de académicos que se dedican a estudiar el mundo de los videojuegos “desde fuera”, cruzando referencias con otras ramas del conocimiento, como puedan ser la filosofía, el arte, la música, el cine, la literatura, etc.

Y resulta un poco chocante para los que, como yo, vimos nacer esta industria cuando ni siquiera se podía calificar como tal. Cuando los que hacían videojuegos eran unos chavales que, en ocasiones, ni llegaban a los 20 años. Pioneros en un mundo en el que se abrieron camino porque tuvieron más curiosidad, ganas, tiempo, conocimientos, medios económicos, arrojo, suerte o, lo más probable, una mezcla de todos esos factores. Y, piensas, ¿va a venir un académico, que nunca ha tirado una línea de código, que nunca ha dado color a un píxel, a decirme cómo tengo que hacer un videojuego? Pues sí, porque un buen videojuego no es sólo técnica, ni arte, ni música. Es un compendio de muchas disciplinas que deben funcionar en perfecta armonía si se quiere conseguir un buen producto. Porque los videojuegos son arte, son entretenimiento. Pero, quizás principalmente, hoy en día son un negocio.

Pienso que el mundo de los videojuegos, comercialmente hablando, hace tiempo que está saturado. La producción ha crecido a ritmo exponencial, la oferta es inmensa y, como pasa con el resto de artes, acumulativa. Me refiero a que es igual de accesible un juego de hace 20 años que un lanzamiento actual, por lo que la cantidad de títulos que a uno le apetecería disfrutar no deja de crecer y acumularse. Las grandes compañías, las de los presupuestos millonarios, van a lo seguro. Aun y así los juegos son cada vez más complejos, se lanzan con más errores y los equipos de desarrollo no abandonan las maratonianas jornadas de trabajo.

En definitiva, ni siquiera en los juegos para móviles basta con desarrollar lo primero que se te venga a la cabeza. Si quieres tener algo de repercusión, ya ni hablar de vivir de ello, has de tener una formación para poder enfocar bien tu trabajo. Y también me doy cuenta de que el perfil del programador, con la multitud de herramientas existentes hoy en día, es ya casi el menos necesario (aunque los ponentes indicaron que sigue siendo el más demandado y difícil de encontrar). Es más importante saber diseñar, tanto gráficamente como las mecánicas del juego.

Y eso es algo que no se me da nada bien. A las pruebas me remito. Cuando salió Super Mario Maker, de repente todos los fans del fontanero de Nintendo tuvimos la oportunidad de ser creadores de niveles. Piensas que diseñar un nivel tan “tonto” como el mítico 1-1 de Super Mario Bros lo puede hacer cualquiera. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Nada está ahí por azar. Como explicaron Miyamoto y su equipo, cada elemento del nivel estaba ahí por un motivo concreto, que no era otro que enseñar al jugador cuáles eran las reglas del juego al que se iba a enfrentar y que debería dominar para avanzar en él. Y, obviamente, hacer un nivel uno mismo no es tan sencillo. Se necesita echarle horas, como es evidente, pero también tener un plan sobre lo que quieres transmitir al jugador. Y ahí me falta mucho que aprender, por no decir todo.

Finalmente me he acercado a saludar a Alberto para, como se suele decir, “desvirtualizarle” después de muchos años charlando por redes sociales. Sigo pendiente de que publiquen las charlas para poder disfrutar de las anécdotas y secretos que contó. Siempre es muy enriquecedor escuchar las batallitas de los veteranos.


La mancha de la mora, con otra verde se quita - Jarre The Connection Concert 2017

Parece que este mes de abril va a ser el de sacarme espinitas. Si la semana pasada lo hice con mi reto personal de correr y acabar una maratón, en este caso y llevaba ahí clavada 24 años.

Mi amigo Juan Pedro me avisó de que el músico francés, uno de mis ídolos de la adolescencia, iba a dar un concierto en el monasterio de Santo Toribio de Liébana. La verdad es que en un primer momento pensé que el concierto sería gratuito. No sé exactamente qué me llevó a pensar de esa manera, quizás la ubicación. Pero nada más lejos de la realidad. Las entradas se pondrían a la venta el día 20 de marzo y a un precio nada barato, pero en consonancia con lo que suelen pedir en este tipo de conciertos. Todavía quedaban algunos días y no tomé la decisión en ese momento.

Este año el 20 de marzo era festivo en Madrid. Estaba en casa desayunando con Patricia cuando me acordé de algo que me ocurrió hace ya más de 10 años. En 2006, Toto, que es uno de mis grupos favoritos, dio su primer concierto en España. Las entradas costaban unos 40 euros, y fue esa la causa por la que no hice ni ademán de ir a verlo, ya que no estaba dispuesto a pagar esa cantidad. Es una decisión de la que me llevo arrepintiendo desde entonces; la banda se disolvió en 2008, aunque luego se ha vuelto a reunir con otros componentes. El caso es que perdí mi oportunidad de verlos, como ya en el pasado me ha ocurrido con otros grupos, como U2 o Dire Straits. Para más inri, en 2008 Jarre actuó en Madrid y también desestimé asistir. Por tanto, con todo este bagaje, esta vez no me iba a quedar con las ganas. Las entradas volaron en apenas 20 minutos, pero esta vez fui capaz de hacerme con un par de ellas, quedando marcada en el calendario la fecha del 29 de abril.

The Connection Concert - Jarre in Liébana 2017

Lo siguiente era buscar alojamiento. Y, de hecho, cuando compré las entradas, ni siquiera me había percatado de que ese día era el sábado del puente de mayo. Así que, de alguna manera, esos días de vacaciones se vieron condicionados por este hecho. Ya que debíamos alojarnos en Cantabria, pasaríamos allí el puente. Nos tuvimos que dar prisa en hacer la gestión porque el aforo del concierto era de 6.000 personas. Afortunadamente encontramos algo interesante bastante cerca de Potes.

Los días previos al evento revisamos las indicaciones de la organización y vimos que tendríamos que llegar a tiempo a Potes y, desde allí, coger un autobús gratuito fletado por la organización que nos llevaría hasta el aparcamiento del monasterio, donde iba a tener lugar el concierto, ya que el tráfico estaría cortado. También que las medidas de seguridad serían importantes y que no se podía llevar nada de bebida ni comida a la zona. La verdad es que, sin conocer el sitio, te lo imaginas todo más complicado hasta que estás allí. De hecho, en mi cabeza era algo parecido a lo que nos ocurrió para acceder a la zona del Mont St. Michel.

Por fin llegó el día del concierto. Tras un viaje tranquilo, repasando el repertorio del artista, dejamos todas nuestras cosas en Bores, nos cambiamos de ropa y cogimos el coche para bajar a Potes. Allí, como había informado la organización, encontramos unos cuantos aparcamientos gestionados por los vecinos y en los que, por un módico precio (4 euros en nuestro caso) podríamos dejar el vehículo estacionado hasta que terminase el espectáculo. La verdad es que eran las 18.00h y el pueblo empezaba a llenarse. Recordemos que el concierto empezaba a las 22.00h.

En vez de coger el autobús gratuito, optamos por subir andando hasta el monasterio, lo cual nos vino muy bien para bajar un poco la comida y distraernos un rato. Llegamos arriba a eso de las 19.00h y, aunque había unos DJs amenizando la espera, todavía quedaban 3 largas horas por delante. Decir que el control de acceso fue un poco de risa. En la mochila sólo llevábamos ropa de abrigo (ropa que, afortunadamente, no necesitamos, ya que hizo una noche espléndida y sólo cayeron 4 gotas casi al final), y nos arrepentimos de haber sido tan pardillos de no haber llevado nada para picar.

Monasterio de Santo Toribio de Liébana

La explanada del aparcamiento ya estaba llena de gente, y aun quedaba bastante por llegar. Así que una vez que te plantabas en un sitio, no era muy buena idea abandonarlo para ir a comprar comida o bebida, ya que corrías el riesgo de quedarte sin hueco donde volver. En nuestro caso, aguantamos estoicamente las 3 horas allí de plantón, mirando hacia las gradas y preguntándonos si no habría sido mejor idea haber pagado la diferencia de precio por disponer de un asiento numerado.

Pero el tiempo pasa, aunque a veces sea más lento de lo que nos gustaría. Jean-Michel Jarre bajó por las escaleras del monasterio hacia el escenario y teníamos por delante 2 horas de espectáculo que iban a ser retransmitidas en directo por Televisión Española. Cuando empezó a sonar la música, todo el mundo desenfundó sus móviles y comenzó a grabar. No fue nuestro caso; ya que vas, lo suyo es disfrutar de la experiencia. Aunque al final no me resistí a grabar unos pocos minutos de actuación con la cámara de fotos.

Ni el repertorio ni el espectáculo actuales coinciden con lo que era un concierto de Jarre en el año 93. El músico ha sabido evolucionar de ser uno de los pioneros de la música electrónica a hacer ahora algo más parecido a la música dance, colaborando con otros artistas y DJs. La puesta en escena y el set de instrumentos que lleva también han cambiado, por supuesto, aunque sigue habiendo un momento para la mítica arpa láser.

En cualquier caso nos lo pasamos como enanos. La música en vivo siempre suena diferente. Y digo en vivo, no en directo, porque como ya sospechaba, teniendo en cuenta el estilo, la coordinación con las pantallas de vídeo y los efectos visuales, y que sólo había tres músicos en escena, la mayoría de la música estaba enlatada. No obstante, sí que pude apreciar que tocaban en directo encima de las bases pregrabadas.

Jean-Michel Jarre - Liébana 2017

Y yo, en especial, por fin pude disfrutar de asistir en directo a un concierto de uno de mis artistas favoritos de la juventud.

Si queréis disfrutar del concierto, hay algún usuario que lo ha subido a Yotube:

Espinita sacada y a por el siguiente reto.


Un clavo saca otro clavo - Maratón de Madrid 2017

Cuando se suspendió la pasada Maratón de Málaga 2016, se me quedó una espinita clavada que tarde o temprano sabía iba a tener que sacarme. El objetivo de correr la maratón en dicha ciudad era no endurecer una prueba física ya de por sí exigente por su distancia, añadiendo un perfil de subidas y bajadas que complicase más las cosas. En ese sentido, ciudades como Málaga, Sevilla o Valencia ayudan bastante. No así la Maratón de Madrid, cuyo perfil más exigente ya he tenido oportunidad de sufrir en varias carreras, especialmente en las tres medias maratones en las que he participado hasta el momento.

Pero tampoco quería demorar mucho más el reto. Sevilla en febrero habría sido una buena opción, pero después de la maratón fallida aproveché para pasar por el médico y que me hicieran una prueba de esfuerzo para descartar cualquier problema oculto de salud. Durante un par de meses apenas hice deporte y el resultado de las pruebas se demoró más de la cuenta, por lo que a esa primera revancha me fue imposible llegar.

Total que los meses iban pasando, la climatología mejoraba y esperar hasta casi final de año para las citas de Valencia o Málaga me parecía demasiado tiempo. Así que una vez que las pruebas médicas no arrojaron ningún inconveniente, volví a plantearme Madrid. Es dura pero, ¿por qué no? Al fin y al cabo el objetivo es terminar, siendo la marca lo de menos. Y finalmente me inscribí, apenas un par de días antes de cerrarse el plazo (ya creía que no iba a poder hacerlo por haberse terminado los dorsales). Pagué los 80 eurazos (un precio que se me antoja caro) y marqué el 23 de abril (día del libro) en el calendario.

Mi dorsal: 11356

Aunque a Málaga había llegado más o menos bien preparado, habían pasado tres meses desde entonces, con las Navidades de por medio y, quieras que no, siempre se pierde algo. En marzo probé a hacer una tirada larga que al final fueron 21 kilómetros pero en la que me detuve antes de terminar el recorrido que tenía previsto. Y en abril, justo después de apuntarme, completé ese mismo recorrido que es de poco más de 24 kilómetros. Probablemente andaría justito de fondo, pero la rodilla no me molestaba y eso era una buena noticia, después de la Media Maratón de Latina de 2016 en la que me sobrevino una cojera justo después de terminar.

La previa de la carrera también ha sido bastante diferente de Málaga. Buen día, buena temperatura y bastantes menos nervios. Aquí me puedo acercar en moto a la zona de salida en el paseo de Recoletos. Con tiempo suficiente, demasiado, llego al cajón que está yo creo que a más de 500 metros del arco de salida. Hago unos estiramientos mientras pienso: la salida se da a las 9, pero a ver a qué hora llegamos allí. Al final fue a las 9:23h, y tenía que haber aprovechado para hacer un pis justo antes de empezar. Primer fallo de novato. Muchos participantes, aunque la mayoría con dorsales de la Media Maratón, y también bastante personal de seguridad.

A punto de tomar la salida

Enciendo la música en mis cascos y comienzo a un ritmo tranquilo, por encima de los 6 minutos el kilómetro. Ir un poquito cuesta arriba ayuda a regular la velocidad y no desfondarme antes de tiempo, que la carrera es muy larga. Tan larga que nunca antes en mi vida he corrido ni tanto tiempo ni tanta distancia. Son casi 7 kilómetros de ascenso muy tendido hasta sobrepasar la zona de Plaza de Castilla y las Cuatro Torres para dar la vuelta y enfilar hacia el sur de la ciudad. Durante ese tiempo empiezan a acumularse el pis. La gente se va aliviando en los árboles y setos de la mediana de la Castellana, pero a mí me da un poco de palo. En las zonas de avituallamiento hay baños portátiles, así que espero a llegar a alguna de ellas. En esta ocasión, a diferencia del resto de pruebas donde no suelo parar a hidratarme, aquí lo hago en todas las ocasiones en las que tengo oportunidad, tanto con agua como con bebida isotónica. Paso el 5 sin ir al baño y a partir del kilómetro 9 ya aprietan las ganas, así que en el 10 paro y me pongo a la cola para usar el urinario. Mientras espero mi turno, doy cuenta de uno de los geles que tengo preparados, en principio uno cada 10 kilómetros (3 en total, en los kilómetros 10, 20 y 30).

Después de descargar empieza una zona de leve descenso donde me noto mucho mejor corriendo. Tanto que tengo que frenar un poco el ritmo porque, sin darme cuenta, debido a las buenas sensaciones, he acelerado el ritmo por debajo de 6 minutos el kilómetro, acercándome a 5 y medio. La “vuelta rápida” la he hecho precisamente en el kilómetro 14, a 5’33”. En este segundo cuarto de carrera ha sido donde me he sentido mejor, teniendo en cuenta que iba a un ritmo cómodo para mí, prácticamente como en un entrenamiento, ya liberado de la carga de la orina, sin dolores de ningún tipo y con el pulso controlado sobre las 140ppm.

Poco después del kilómetro 13 separamos nuestro camino de la Media Maratón. Piensas: “aquí ya nos quedamos solos los realmente zumbados, la suerte está echada”. Para mí esta es una de las partes más bonitas de la carrera, en la que ya va habiendo más público y en la que se atraviesa todo el centro de Madrid.

A partir del kilómetro 20 se enfila la calle Bailén, y pronto nos enfrentaremos a lo desconocido, el territorio más allá de la Media Maratón (en carrera, que no en entrenamiento). Los dedos de los pies empiezan a molestar un poco. Justo en el arco de la Media me está esperando Paco, que me ofreció amablemente su compañía en esta segunda parte de la carrera. Aunque estoy acostumbrado a correr solo y a mi ritmo, siempre se agradece.

Bajada hasta el Puente de los Franceses y enfilamos hacia Príncipe Pío para entrar en la Casa de Campo. El calorcito empieza a apretar un poco, sin llegar a agobiar. Por aquí se ve bastante gente. La Casa de Campo es una zona que conozco perfectamente, y justo en el kilómetro 30, lo que se suele conocer como “el muro”, hay una pendiente cuesta arriba bastante pronunciada, al lado de la estación de metro de Lago. La rodilla empieza a pesar ligeramente y los dedos siguen molestando, pero de momento nada que impida continuar. En la Ermita del Santo supero mi récord de distancia (que era de poco más de 31 kilómetros), pasamos al lado del Vicente Calderón y empieza la parte más dura, los últimos 10 kilómetros. Pienso para mis adentros: “ahora es como si tuvieras que hacer un 10.000, que ya lo has hecho muchas veces”. Claro, pero no con 32 kilómetros en las piernas, además de que esta zona es toda prácticamente cuesta arriba. Toca apretar los dientes.

Por el Paseo Imperial y el Paseo de las Acacias ya había pasado con la moto por la mañana. Qué diferente era todo unas cuantas horas y kilómetros después. Se me empieza a hacer cuesta arriba. Como había predicho Paco, empezamos a adelantar gente, y no porque vayamos muy rápido precisamente. Quieras que no eso te da algo de moral, aunque no se tenga un objetivo competitivo.

Mi “muro” personal lo he encontrado más o menos en el kilómetro 37. La rodilla empieza molestar más de la cuenta y tengo un par de dedos de los pies bastante machacados. El recorrido sigue siendo cuesta arriba y, además, tiene un trazado que te aleja momentáneamente de la meta. Es una tontería, pero eso te hace venirte un poco abajo. En el 40 y medio aproximadamente se pasa por la Plaza del Marqués de Salamanca y ya se enfila definitivamente hacia el Retiro. Aquí ya “desconecto el cerebro” y sólo me preocupo de dar un paso detrás de otro. Paco me da palabras de ánimo y aprieto un poco más los dientes. Justo antes de entrar en el Retiro, se me escapa alguna lagrimita, pensando que por fin lo voy a conseguir.

Ya dentro del parque, el trayecto se me hace casi tan largo como cuando lo recorremos tranquilamente mirando los puestos de la Feria del Libro. Se me hace interminable. Por fin aparece en el horizonte el arco de meta. Voy mirando al lateral, que está lleno de gente animando, por si veo a Patricia, mi mujer. La única neurona activa no recibe suficiente riego, porque no la veo a pesar de que está allí esperándome. Me río de mí mismo por haber pensado en el segundo cuarto de carrera, cuando iba tan cómodo, que si llegaba con fuerzas, esprintaría al final. ¡Qué ingenuo!

Cruzo la meta. Sinceramente, un poco decepcionado con el crono: 4h29’28”. Yo tenía en mente acabar en poco más de 4 horas. Debería disfrutar del logro conseguido en vez de ser tan exigente, pero yo soy así. Mientras esperamos para grabar la marca en la medalla, Paco ya me está intentando convencer para que me apunte a una carrera de 100 kilómetros o que, al menos, haga alguna otra maratón, como la de Berlín. La verdad es que no son esos mis planes de futuro. Por fin recojo mi medalla con la marca grabada (por 5 euros, que aquí nada es gratis) y me dan una que no es, así que toca grabarla de nuevo en otra.

Salimos del recinto y me reencuentro con Patricia. Junto con Paco nos encaminamos tranquilamente hacia Atocha, donde hemos dejado aparcados los vehículos, mientras vamos comentando la jugada. Jamás habría dicho hace años que sería capaz de correr y acabar una maratón. Ahora puedo afirmar que he superado mi reto personal.

Yo acabé la Maratón de Madrid 2017


Lecturas: El Mundo del Spectrum

Han tenido que pasar unos pocos meses desde que los Reyes Magos me obsequiaron con este libro hasta que he encontrado un hueco para devorarlo. Y creo que he elegido un verbo bastante apropiado porque he dado cuenta de su lectura completa en apenas un par de jornadas.

El Mundo del Spectrum es un libro escrito por varios de los autores de la web del mismo nombre que nos invita a hacer un viaje en el tiempo hacia aquellos años 80 en los que la informática, hoy tan omnipresente en nuestras vidas, empezaba a introducirse en los entornos domésticos.

El Mundo del Spectrum

El libro, con un aspecto visual bastante interesante y de alguna manera engañoso, en cuanto a que contiene bastante más densidad de texto de la que puede dar a entender su colorista puesta en página, nos transporta hasta la infancia de Sir Clive Sinclair, para después contextualizar el contexto histórico del nacimiento del Spectrum. Nos narran cómo fue la llegada del ordenador a España y cómo se distribuyó también por otras partes del mundo. Se hace un repaso de las compañías y los títulos de software más importantes a nivel nacional e internacional, para terminar con unas breves pinceladas de la situación actual y cuál podría ser el futuro no escrito del ordenador. Complementa otras publicaciones como Genesis u Ocho Quilates para hacernos una mejor idea de los acontecimientos de aquellos años.

Yo era un niño de apenas 9 años cuando tuve mi primer contacto con un Spectrum en casa de mi vecino Isaac Romera en las navidades de 1984. Algunos meses más tarde, para mi comunión, me regalaron el Spectrum +. Fue la época de comprar ocasionalmente la revista Microhobby y teclear sus interminables listados en BASIC, mientras que la mayoría de los (pocos) juegos que llegaban a mis manos eran de dudosa procedecia. Vamos, que no eran originales. Leer las páginas de El Mundo del Spectrum es como abrir una ventana a mi infancia, pero una ventana con ojos de adulto. Porque en aquella época el ordenador era practicamente magia, y los programadores de juegos y redactores de las revistas, unos semidioses inaccesibles. Hoy te das cuenta de que aquello era un incipiente negocio, como otro cualquiera. Que la gente que estaba involucrada, o era muy joven y estaba empezando, o venían de otros negocios preexistentes. Que, a fin de cuentas, eran gente como tú y como yo, que estuvieron en el sitio justo en el momento adecuado y contaban con la motivación y/o el respaldo económico necesario para trabajar en una incipiente industria en la que muchos soñábamos con participar algún día.

Por supuesto, en aquellos años sabíamos muy poco de lo que era el Spectrum en Inglaterra, y nada de lo que suponía en otros territorios como la antigua Unión Soviética o Latinoamérica. No sabíamos nada de la historia de Sinclair, ni falta que nos hacía. Gracias a Internet hemos podido conocer a posteriori muchas de estas historias, pero en este libro aún se citan algunos detalles que yo, personalmente, desconocía.

Sin embargo, pese a lo placentero del viaje, he de reconocer que hay algo que me ha desencantado. Es un tema recurrente y que ya fue protagonista de ciertas discusiones en el pasado cuando, en el seno de la propia escena homebrew, se debatía sobre la conveniencia de dar el paso de lo amateur a lo profesional, y qué implicaciones debería tener dicha transformación. Y es que, en mi humilde opinión, este libro tal cual ha llegado a mis manos no estaba en condiciones de ser publicado. El texto está plagado de erratas, y no hablo de una o dos aisladas. No sé si no ha pasado por un proceso de corrección, si dicho proceso no ha sido realizado con el celo necesario o si ha sido lanzado con prisas. De verdad que lamento y me duele tener que decir esto, porque conozco personalmente a los autores y sé que le ponen pasión a su trabajo. Pero claro, ya no estamos hablando de un fanzine, un blog, una página web o una revista que se distribuye electrónicamente de manera altruista. Estamos hablando de un producto comercial, un libro impreso, que se vende en tiendas especializadas, y que tiene un precio que no es barato (y no estoy diciendo con esto que no lo valga). A lo que me refiero es a que ya no se trata de algo amateur y que, por tanto, se puede y se debe exigir una mínima calidad. Me consta que en la segunda edición se han corregido algunas erratas (no sé si todas), y no sé si ese hecho me hace sentir mejor o peor. Porque la existencia de una segunda edición se debe precisamente a que ha habido mucha gente, como yo, que ha apoyado la primera. Y te queda la sensación de que lo que recibes a cambio de tu apoyo es un producto inacabado o defectuoso.

Para terminar, centrándome en lo personal, tengo que confesar que para mí es un honor que mi nombre aparezca citado en una de las páginas como componente de uno de los grupos que contribuimos con nuestro granito de arena a dar un empujón a la escena homebrew del Spectrum en España en la primera década del siglo XXI; llámese Compiler Software, MagazineZX o Speccy.org. Éramos más o menos la misma gente con gustos comunes y haciendo lo que nos gustaba.

Y también es un honor y agradezco enormemente que tanto Javier Ortiz como Jesús Martínez del Vas tuvieran a bien emplear unos minutos de su tiempo a dedicarme personalmente este libro, lo cual tuvo lugar en la pasada Retro Pixel 2017.

El Mundo del Spectrum - dedicatoria de JMV

En concreto, quién me iba a decir que acabaría teniendo un dibujo dedicado de JMV, cuya obra conocí durante mi paso por la Escuela de Arquitectura de Madrid en el año 93 y en cuyo fanzine semanal el propio Jesús ya publicaba sus tiras cómicas. En verdad el mundo a veces es muy pequeño.

El Mundo del Spectrum - dedicatoria de Javier Ortiz

Si eres un entusiasta de aquella época, no dejes de visitar la web de El Mundo del Spectrum y, sobre todo, de escuchar su podcast, que encierra infinidad de joyitas en forma de entrevistas con protagonistas de aquella época.

PS: El próximo domingo 23 de abril se cumplen 35 años del lanzamiento en Reino Unido del Sinclair ZX Spectrum.