¡VAPF!


¡Vete al peo, Fede!

¿Cómo cambiar la batería de un cartucho de Game Boy?

El pasado 13 de febrero, en un Nintendo Direct se anunció un remake para Nintendo Switch del clásico de Game Boy (y Game Boy Color) The Legend Of Zelda: Link's Awakening. Justo acababa de terminar mi periplo por Hyrule en Breath Of The Wild y me acordé de que hacía años había comprado ese cartucho en mi afán por reunir una (incompleta) colección de juegos de Zelda.

Saqué mi Game Boy Advance retroiluminada— donde es mucho más cómodo jugar a juegos de Game Boy que en la consola original (o la Color)— recargué su batería y me puse a jugar sin más. La verdad es que el juego tiene muy buena pinta, y estuve como cosa de una hora. Unos días después fui a continuar la partida y me encontré con el pastel: en el cartucho no aparecía tal partida guardada.

Teniendo en cuenta los años transcurridos desde su fabricación, caí en la cuenta de que la batería del cartucho podría estar agotada. Para abrir el cartucho necesitaréis una punta Gamebit de 3.5 mm (si no me equivoco). En mi caso tengo un juego de puntas que compré hace 15 años, imagino que en la actualidad será mucho más fácil de encontrar. Existe una alternativa que consiste en derretir el plástico de un boli Bic para hacer un "molde" y poder desatornillarlos, pero pienso que no merece la pena.

Tornillo Gamebit en la parte trasera del cartucho
Tornillo Gamebit en la parte trasera del cartucho

Efectivamente, tras medirla con un polímetro, la pila estaba agotada, daba como la mitad de voltaje del que debería. Por tanto, hay que sustituirla por otra. Se trata de una pila de botón de 3 voltios CR1616, no recargable, con la particularidad de que lleva unos bornes para soldarla directamente en la placa. La mía de repuesto la compré en AliExpress, pero se puede encontrar en muchos otros sitios. Ojo que el modelo de pila no es el mismo para todos los juegos. En este interesante hilo de EOL tenéis bastante información sobre este tema.

Pila original (en un cartucho de otro juego, pero es idéntica)
Pila original (en un cartucho de otro juego, pero es idéntica)

Una vez recibida, basta con desoldar la antigua y soldar la nueva. No es una operación demasiado difícil, salvo que seas demasiado manazas con el soldador. Yo, que no soy para nada un experto, la he podido sustituir sin problemas en apenas 5 minutos.

Pila sustituida y funcionando
Pila sustituida y funcionando

Aunque seguí avanzando en el juego, con el Everdrive para poder grabar la partida, ahora ya puedo retomarlo en el cartucho original, que espero que dure al menos otros tantos años. Eso sí, tendré que volver a empezar una vez más. Lo que estaría genial sería disponer de un lector de cartuchos para poder hacer una copia de seguridad de las partidas en el ordenador. Dejo anotado aquí un hilo de Reddit donde se habla de este tema, para revisarlo más adelante.

Por cierto, que me han sobrado cuatro pilas. Así que, si a alguien le hace falta alguna, podemos hablar. Aunque quizás debería revisar o directamente sustituir la del resto de cartuchos que tengo que, tarde o temprano, también fallarán.

PS: A ver si ahora soy capaz de averiguar qué le pasa a la batería recargable de la Game Boy Advance, que no carga.


Juegos: The Legend Of Zelda Breath Of The Wild (Switch)

The Legend Of Zelda: Breath Of The Wild es el juego que más esperaba de los últimos años. Prácticamente desde que me compré la WiiU, ya que fue anunciado para esa plataforma. Sin embargo, su fecha de lanzamiento fue retrasada, quizás porque iban mal con el desarrollo, quizás porque la consola no le funcionó nada bien a Nintendo y prefirieron aprovechar el tirón de la franquicia para vender su nueva consola, en una situación parecida a la acontecida anteriormente con Twilight Princess, que salió simultáneamente para GameCube y Wii.

The Legend Of Zelda: Breath Of The Wild
The Legend Of Zelda: Breath Of The Wild

De hecho, en mi caso les funcionó la estrategia y me vendieron la nueva consola. Definitivamente éste fue el juego por el que principalmente me hice con la Nintendo Switch. Podía haber comprado la versión para WiiU, y haber esperado a comprar la nueva consola más adelante (tarde o temprano terminaría haciéndolo), pero la posibilidad de jugar a este Zelda en, virtualmente, cualquier sitio, me interesaba muchísimo.

Dicho interés queda patente con las más de 120 horas que le he dedicado, muchas de ellas durante el verano de 2017 (en 2018 no me llevé la consola de vacaciones), pero también durante el resto del año, en el transporte público, en tiempos muertos o tranquilamente en el sofá de casa, sin ocupar la televisión.

Link en el bosque; un clásico de la saga
Link en el bosque; un clásico de la saga

Es un juego que se ha calificado de obra maestra y al que también se le han dado bastantes palos. No obstante, supone un punto de inflexión en la saga, dejando atrás algunas mecánicas que ya se hacían algo repetitivas. Y, en lo personal, puedo afirmar sin lugar a dudas que es el que más me ha gustado de todos los que he jugado. Indudablemente es el más ambicioso de todos y, curiosamente, supone un retorno al año 1986 y al planteamiento de aquel primer The Legend Of Zelda para la NES, que no es otro que el de enfrentarnos a un mundo entero por explorar.

Arcoíris en Hyrule
Arcoíris en Hyrule

La culpa de todo esto, y de haberle dedicado tantas horas, es su naturaleza de mundo abierto. Tras unos primeros pasos que sirven a modo de tutorial, se presenta el objetivo, que no es otro que el de derrotar al malvado Ganon (como en casi todos los capítulos de la saga). Pero, a diferencia del resto, nada nos impide dirigirnos directamente al castillo de Hyrule a enfrentarnos con él. Obviamente, tendremos pocas posibilidades de victoria, ya que no dispondremos ni del nivel de personaje ni del equipamiento adecuado, pero se puede conseguir. De hecho, una rápida búsqueda en Internet nos hará encontrar a alguien que lo ha hecho. No es la estrategia que voy a seguir yo; quiero paladear este juego lentamente.

Link y Zelda
Link y Zelda

A diferencia de otros juegos sandbox en los que se presenta un vasto mundo en el que las acciones están bastante guionizadas —como GTA, Red Dead Redemption o Assassin's Creed, por citar algunos—, Breath Of The Wild no funciona así. De hecho, creo que es una de las razones por las que el guión es prácticamente inexistente, más allá de ir descubriendo una serie de acontecimientos que tuvieron lugar cien años atrás. Y es que unir guión con libertad total se me antoja una tarea imposible. Para ello, en el mundo de Zelda existen una serie de ingredientes elementales (fuego, agua, hielo, viento, electricidad), una serie de leyes físicas "realistas" (dentro de lo que cabe) y todos los objetos y personajes que encontremos se someterán a dichas leyes. Además, Link posee un artilugio llamado "Piedra Sheikah" con varios módulos que le permiten hacer levitar ciertos objetos, paralizar otros, construir bloques de hielo sobre el agua y tirar bombas (redondas y cuadradas). Este planteamiento tiene como principal consecuencia que no hay una única manera de resolver una situación, lo cual nos da una libertad pocas veces vista. En Youtube es fácil encontrar vídeos de gente que se enfrenta a los puzles del juego de formas poco ortodoxas; no se trata de glitches, sino que las reglas están ahí para que intentemos aprovecharnos de ellas lo mejor que podamos.

Sin añadir contenedores de corazón no duraremos ni un asalto
Sin añadir contenedores de corazón no duraremos ni un asalto

Por poner algunos ejemplos: si hay tormenta y llevamos algún arma metálica, atraeremos los rayos y podremos llegar a morir si nos cae alguno encima. Si está lloviendo, las paredes rocosas estarán resbaladizas y nos costará más trepar. En las zonas frías tendremos que abrigarnos. En la región Goron, cerca de la Montaña de la Muerte, necesitaremos un traje ignífugo para resistir el intenso calor. Podemos talar un árbol y usar el tronco para cruzar de un lado al otro de un barranco estrecho. El fuego genera calor que, a su vez, genera corrientes verticales de aire que podemos aprovechar para planear con la paravela. El agua conduce la electricidad. El fuego derrite el hielo. El viento mueve los barcos de vela. No sé, teniendo en cuenta los objetos de los que disponemos y las reglas físicas, el límite está en nuestra imaginación.

En nuestro periplo por Hyrule nos enfrentaremos a cuatro bestias divinas (que vienen a ser como las antiguas mazmorras de otros juegos de la saga) y hasta 120 santuarios, que son como mini-puzles concentrados. Resolver los santuarios nos permitirá ir haciendo crecer nuestras barras de resistencia y salud, mientras que acabar con las bestias divinas nos supondrá una ayuda cuando más adelante vayamos a enfrentarnos a Ganon. Además, por supuesto, un montón de misiones secundarias y pruebas heróicas diseminadas por un mapeado extensísimo y por el que apetece perderse para ir desvelando misterios. En ese sentido, tanto los santuarios como las "torres" nos sirven de puntos de teletransporte para hacer los viajes más llevaderos.

Hay infinidad de cosas por hacer. Hasta estaremos invitados a una boda
Hay infinidad de cosas por hacer. Hasta estaremos invitados a una boda

No voy a desgranar aquí todas y cada una de las características de este Zelda. Tan solo, que es un juego que, más que jugarlo, casi se vive. Con la comodidad de poder jugar en cualquier parte, es fácil encontrar un hueco para perderte por Hyrule, entrar con la intención de acabar una misión que dejaste a medias y terminar haciendo otra cosa completamente diferente. Eso sí, las últimas veces he jugado más que nada en la tele y he de confesar que el control por giroscopio es mucho más cómodo que en el modo portátil pero que también el rendimiento gráfico del juego se resiente, ya que se notaban algunos tirones en ciertos parajes que no había percibido anteriormente.

Si liberamos a las bestias concentrarán su poder sobre Ganon
Si liberamos a las bestias concentrarán su poder sobre Ganon

A comienzos de 2018 ya estaba preparado para acabar con Ganon, pero me daba pena terminar el juego, así que lo dejé aparcado. Y casi me cuesta el tener que empezar de nuevo, como me ha ocurrido tantas otras veces, no tanto por no recordar la historia o en qué punto lo había dejado (como he comentado antes aquí el guión no es demasiado relevante) sino por haber perdido la agilidad a la hora de manejar los controles. En este juego hay enemigos que te pueden liquidar de un solo golpe, así que no hay que dudar a la hora de ejecutar las acciones. Pero en este caso la alternativa de volver a empezar era inasumible por el número de horas que había invertido. Así que, a modo de reenganche, eché mano de la guía del juego para encontrar los treinta santuarios que me faltaban aproximadamente y así recuperar la soltura con los mandos. Con lo que, finalmente, volví a enfrentarme a Ganon, lo derroté, vi el final del juego y sentí cierta tristeza por haber terminado un juego que me ha entusiasmado de esta forma.

La encarnación del malvado Ganon en este juego
La encarnación del malvado Ganon en este juego

Seguramente que, en el futuro, compraré el DLC y volveré a Hyrule a disfrutar como nunca había hecho hasta ahora.

PS: No sé a vosotros, pero a mí la Piedra Sheikah me recuerda al mando tablet de WiiU. Estoy convencido de que en las primeras versiones funcionaba como tal, e imagino la de horas que tendrán que haber invertido para reconvertir la interfaz y poder hacerla compatible con Switch, que no dispone de ese mando tan característico.


Adiós, Flickr. Hola, Google Photos

Flickr es un servicio de fotos que nació unos meses antes de que yo comenzara este blog, en el ya lejano año 2004. En aquella época, no era tan sencillo como ahora disponer de un servicio gratuito donde subir fotos de cierto tamaño y calidad (en cuanto a resolución, no me refiero a la estética).

De hecho, creo que fue el primer servicio de Internet por el que pagué una suscripción. Y es que era muy goloso, por 60 euros al año (si no me traiciona la memoria) tener almacenamiento ilimitado para las fotos. No obstante, no subí todas, sino una selección de las que quería publicar. El resto están a buen recaudo (o eso espero) en mi disco duro.

La cuenta PRO la mantuve durante unos años, hasta que vi que no le sacaba partido y que me bastaba con una cuenta gratuita, cuyas condiciones eran prácticamente las mismas a cambio de visualizar publicidad.

Poco después de su nacimiento, la empresa fue comprada por Yahoo! Y, tras todos estos años, ya sabemos cómo ha acabado Yahoo!, así que el año pasado, Flickr fue vendida a SmugMug, que no sé ni a qué se dedican. Lo que sí que es cierto es que las condiciones van a cambiar una vez más y vuelve el límite de 1.000 fotos por cuenta gratuita. Así que ha llegado el momento de mover las fotos a otro lugar.

Como se trata de presentarlas a modo de álbum y poco más, he decidido usar Google Photos, que permite esa posibilidad. Durante estos últimos días he hecho la transición de manera totalmente manual. He resubido a Google aquellos álbumes que estaban referenciados desde este blog, y modificado a su vez las referencias para que enlacen a su nueva ubicación. El resto de funcionalidades (tags, geolocalización, gestión de derechos, etc.) las doy por perdidas. Ahora sólo me queda borrar la cuenta y despedirme con cierta tristeza y nostalgia, como cuando se da carpetazo a algo que forma parte de un pasado que viviste con intensidad.

Ya veremos a ver cuándo duran ahí las fotos. Porque hoy nadie se imagina un mundo sin Google, pero seguro que hace 10 años nadie se imaginaba un mundo sin Nokia. Las empresas, al igual que las personas, van y vienen. Os emplazo a comprobar quién aguanta más, si la empresa del buscador —y, más concretamente, su servicio de fotos— o mi humilde blog.

Por cierto, que por casualidad, y debido a mi curiosidad, he encontrado esta herramienta que permite crear un visor de álbumes para incrustar en páginas. Quizás lo utilice en algún momento en este blog.


Y por esto me encanta Gran Turismo Sport

Después de varios meses sin tocarlo, he vuelto a Gran Turismo Sport de la mejor manera posible. Primero os dejo con el vídeo y luego comento.

Reconozco que esta entrada— con ese vídeo —es bastante oportunista, porque es una carrera en la que parto en tercera posición y acabo ganando. Pero el grado de diversión, creedme, hubiera sido muy parecido si finalmente no hubiera conseguido ganar. Es la tensión de la carrera lo que engancha. El permanecer al acecho detrás del rival, esperando su error, intentando ponerle nervioso pero siempre con mutuo respeto y sin tocarse.

Es una sensación (la competición con respeto) que no había experimentado anteriormente en ningún otro juego de carreras online para consola. Y, por supuesto, que no ha sido emulado por ninguna IA de ningún otro juego hasta la fecha. Hay mucha gente que echa pestes de este Gran Turismo porque no es como los anteriores. Y yo me alegro de que así sea, que sea diferente, lo cual no debería de sorprender a nadie, porque ya se anunció antes de su lanzamiento (y la coletilla Sport en vez de el ordinal lo recalca todavía más) que esta entrega de la saga iba a estar orientada a la competición online y a los e-sports.

Cualquiera que haya jugado a Gran Turismo sabe que sí, hay una gran variedad de circuitos y de coches (la mayoría japoneses, todo hay que decirlo), y la sensación de conducción, sin llegar a ser de simulación exigente, no está nada mal. Pero el reto en las carreras contra la CPU consiste muchas veces en llevar nuestro coche desde la última hasta la primera posición, lo cual no es para nada realista. Se nota que el primer coche lleva un buen ritmo hasta que, cerca del final y cuando nos estamos acercando, desfallece incomprensiblemente y podemos llegar a adelantarlo, siempre que hayamos hecho una carrera sin errores y/o llevemos un coche con ciertas mejoras mecánicas. No sé a vosotros, pero a mí esto me acababa cansando. Además, siempre podíamos hacer un poco el "guarrete" y embestir a los rivales o apoyarnos en ellos en las curvas, sin penalización alguna.

A ver si este año logro sacar tiempo para participar en alguno de los eventos oficiales de la FIA. Por supuesto, por el placer de competir, sin aspiración real a ganar nada. El año pasado por unas cosas o por otras nunca llegué a participar en ninguno, y me tuve que conformar con los eventos diarios. Eso sí, disfrutando como un enano de casi todas las carreras, menos en algunas en las que, saliendo en las últimas posiciones y rodeado de gente digamos "desesperada", quedaba más frustrado que otra cosa.


Arqueología musical

La Navidad siempre suele ser época de nostalgia, aunque no la única. La última vez que hice arqueología en mis recuerdos fue en el mes de mayo.

Pero en esta ocasión, no se trataba de recuerdos informáticos, sino más bien musicales, aunque están relacionados de alguna manera. Creo que sería sobre el año 1996, aunque de la fecha no estoy seguro. Estaba estudiando mi carrera en la Facultad de Informática y, en aquella época, todavía trabajaba como pianista en una orquesta. En la Facultad había varios grupos culturales, organizados por temáticas. Uno de ellos era IDIM, dedicado a la Informática Musical (sí, también son las siglas MIDI al revés). Y por aquel entonces convocaron un concurso de composición de música por ordenador.

En aquellos años, además de tocar, hacía mis pinitos componiendo —pocos, la inspiración y la creatividad nunca han sido mis puntos fuertes. Pero para el concurso no hice una composición propia, sino que opté por versionar una de mi gran amigo Juanpe, un tema llamado Atlantis que había compuesto algunos años atrás en su Yamaha SY22. Pensando en esto me han venido a la memoria algunos sábados por la mañana que quedábamos en su casa para trastear con el ordenador y los sintetizadores. Pero eso daría, no para un post, sino para un blog completo.

Si los recuerdos no me traicionan, aquel tema lo grabé con mi Korg 01/W FD y usando en el ordenador el programa Master Tracks Pro. El sintetizador se conectaba al PC con una tarjeta MIDI Roland MPU-IPC-T. Como todavía tengo el fichero "fuente", a ver si algún día saco un rato e intento ejecutar el programa, conectar el sintetizador y ver qué ocurre. E intentar recuperar aquellas composiciones que yacen en el disco duro deseando ser recordadas.

No me enrollo más, os dejo con mi versión de Atlantis:

PS: Al concurso no presenté esta versión, sino una recortada, a lo "radio edit", para cumplir con las restricciones de duración.

PS 2: Por cierto, que al final no gané el concurso, y en esta ocasión sí que albergaba esperanzas de conseguirlo). No recuerdo si quedé segundo o tercero, y el premio fue una unidad lectora de CD-ROM.


Pequeños propósitos para este año

¿Qué sería de la vida sin las pequeñas cosas? Esos pequeños placeres, ese pequeño yate amarrado a ese pequeño embarcadero de esa pequeña mansión a la orilla de ese pequeño Lago Como...

Para este año me he propuesto algunas cosas que no son demasiado relevantes pero que me apetece afrontar y me veo capaz de cumplir, quizás como preludio de otros retos venideros con más enjundia.

Lo primero va a ser subir a la oficina por las escaleras al menos una vez al día. Está en un sexto piso y la escalera es un poco incómoda, ya que es interior y la iluminación no cuenta con detección de presencia. En otras palabras, hay que ir tocando el pulsador de la luz en algunos de los pisos. Aun cuando he estado en mi mejor momento de forma, parece que siempre me falta un poco el resuello al subir por unas escaleras. Si me lo tomo en serio, tengo curiosidad por saber si seguirá ocurriendo dentro de un año.

Lo segundo va a ser abandonar el “carril del WhatsApp” cuando vaya caminando por la calle. Esto es, nada de sacar el móvil cuando voy andando, salvo que sea por necesidad, como una llamada o un mensaje importante. ¿Y cómo sabré si el mensaje es importante? Bueno, la verdad es que no recibo mensajes apenas, y puedo mirar en el reloj de qué se trata sin necesidad de sacar el móvil. Este mini-reto es un primer paso a la hora de dejar un poco de lado el móvil; siento que le dedico demasiado tiempo en relación a lo que me aporta.

Y, por último, no comprar ningún videojuego durante 2019. Pensaréis: “claro, campeón, y eso lo dices después de haberte comprado God of War, Assassin’s Creed Origins y Red Dead Redemption II, que entre los 3 suman 92 horas de juego”. Pues sí, y aunque parezca una tontería, sé que este es el propósito que más me va a costar. Porque, aunque tengo una buena pila de juegos pendientes de ser disfrutados, siempre encuentro una buena excusa para comprar alguno nuevo. Aunque estoy intentando revertir la situación. Y, ojo, cumplir implicaría no asistir a mi cita anual con Pro Evolution Soccer.

La caza del último Black "Fraude" y el día sin IVA de Mediamarkt (aunque no lo compré allí)
La caza del último Black "Fraude" y el día sin IVA de Mediamarkt (aunque no lo compré allí)

No es que sea una lista demasiado interesante de propósitos para el nuevo año. Pero será divertido volver aquí el año que viene y comprobar qué ha ocurrido. En cualquier caso recordemos que, en esta vida, es importante tener unas metas, pero más lo es saber disfrutar del camino y la compañía.


Black Mirror: Bandersnatch

Parece una casualidad que justo ahora, viniendo de un año en el que he jugado a títulos como Juego de Tronos, Life Is Strange y Detroit: Become Human —y habiendo probado algún otro del estilo como Until Dawn—, el episodio especial de Navidad que Netflix ha preparado para una de sus series estrella (Black Mirror) sea un capítulo interactivo.

Y casi voy a empezar por el final, ya que no tengo claro que la televisión case demasiado bien con este formato. Me explico. Para empezar, no es un capítulo que puedas ver en tu televisor a través del Chromecast (que para nosotros es la forma más cómoda de hacerlo). Se necesita un dispositivo de entrada. En nuestro caso, para solventar esta limitación, tuvimos que conectar el portátil a la tele vía HDMI y llevarnos el ratón a la mesita del sofá.

Bandersnatch (Netflix)
Bandersnatch (Netflix)

Debido a que hay que tomar decisiones (en este caso, elegir entre un par de opciones) en tiempo real, la experiencia me resulta más disfrutable si estás viendo el capítulo en solitario. Si estás con más gente, a ver, tiene su gracia discutir entre una u otra opción, pero el tiempo para hacerlo es muy limitado (si no escoges nada, se toma una de las opciones por defecto), y también te saca un poco de tu introspección.

Por lo demás, bastantes cosas de las que comenté con los juegos citados anteriormente son aplicables aquí. Nuevamente las referencias a los libros de Elige Tu Propia Aventura. En el caso de Bandersnatch, eso sí, me da la impresión de no hay demasiados finales. En algunos casos, literalmente, llegaremos a una vía muerta y tendremos que reintentar desde un punto más atrasado. Aunque los puntos de corte entre escenas a la hora de tomar uno u otro camino prácticamente no se notan, viniendo de jugar a algo como Detroit, no tiene nada que ver. El videojuego gana por goleada.

Por otro lado, para los amantes de los videojuegos retro como yo, hablar de Bandersnatch (un videojuego que fue anunciado pero nunca lanzado) y de los programadores británicos de los años 80 (el apellido de Scott Ritman me suena de algo) es un buen reclamo para avivar nuestra curiosidad. Pero nada más allá. De hecho, si esa es tu principal y única motivación, más allá de un par de chascarrillos, y de la ambientación ochentera (a la que nuestra serie Cuéntame no tiene nada que envidiar, por cierto), acabarás bastante defraudado.

De hecho, más que aquello, lo interesante del capítulo es que es, de alguna manera, se autorreferencia, ya que la trama explora las dudas sobre el libre albedrío precisamente en un formato en el que los personajes están atados a las decisiones que puedan tomar los espectadores. Incluso hay alguna escena en la que se rompe la cuarta pared.

En fin, un experimento que no ha sido el primero ni, seguramente, será el último. Aunque, insisto, para mí el formato televisivo no es el más adecuado, teniendo en cuenta que ahí está el mundo de los videojuegos con un buen racimo de propuestas más interesantes en cuanto a que permiten una mayor flexibilidad a la hora de interactuar con los protagonistas de las historias.


Balance de 2018

Otro año más que se pasa como quien no quiere la cosa. Esto cada día rueda más rápido y no parece que vaya a aminorar. En fin, es la vida y tenemos que aprovecharla de la mejor forma que sepamos.

Por estas fechas, Sony celebra el quinto aniversario de su consola PlayStation 4 y, con motivo de dicha onomástica, permite a sus usuarios generar y compartir un vídeo con sus estadísticas a grandes rasgos. A continuación os dejo las mías.

Lo cual me lleva de nuevo a preguntarme que, si las compañías recopilan mis estadísticas de uso, cuánto tiempo y a qué juego, me gustaría que, al menos, las compartieran conmigo. A mí me gustaría tener acceso a ellas, solo por simple curiosidad.

Curiosamente, Microsoft también me ha enviado un correo electrónico con un supuesto acceso a mis estadísticas del año, lo cual ha resultado bastante patético porque creo que se limitan a Xbox One, y yo no tengo esa consola. Así que se podían haber ahorrado el envío y quedar así de mal. Nintendo, por su parte, ni está ni se la espera.

Me imagino que, de aquí a final de año, me llegarán también los típicos correos de Endomondo y Strava con el resumen anual de mi actividad física. Esta vez no me hace falta que me lo envíen para saber que he bajado el tiempo y el nivel de actividad respecto a años anteriores. Cuando lo hagan (si lo hacen), aprovecharé para incluirlos en este post. Os dejo el de Strava a continuación:

Por otra parte, este año he escrito 36 entradas en el blog, lo que supone una media de 3 al mes. Es una cifra superior a los últimos años exceptuando 2016. No está mal teniendo en cuenta el (poco) tiempo que le dedico, y soy perfectamente consciente de que no creo que vaya a volver a las cifras de casi 100 posts que alcanzó en su momento más álgido, hace más de 10 años. La mayor parte de ellas han sido dedicadas al análisis de algunos videojuegos que he jugado (15) y libros que he leído (6).

Haciendo balance de los propósitos del año 2018, veo que, en cuanto al enfoque del blog, sólo he fallado en lo de los viajes. Este año, y también en 2017, hemos conocido algunos destinos nuevos, como Lisboa, Lanzarote o Berlín, pero no los he comentado por aquí. Fotos sí que tengo para compartir, pero también me he dado cuenta de que no las he subido a Flickr. Y no creo que lo haga, ya que me suena que el servicio volvió (o volverá) a restringir el número de fotos para los usuarios que no somos de pago. Igual debería buscar alguna otra alternativa gratuita y mover ahí todas las fotos que quiero compartir públicamente.

Este año he eliminado la versión para Facebook Instant Articles, implementada el año anterior, por los motivos que comenté en mayo. Por esos mismos motivos no tengo claro que merezca la pena gastar tiempo en una versión para AMP. También he eliminado la publicidad del blog. Y, si este año consigo sacar tiempo para ello, también me gustaría sustituir el buscador de Google por uno propio. Siguiendo ese camino, sólo restarían el servicio de analítica (Google Analyitics) y el de comentarios (Disqus) como servicios de terceros.

Como propósito para el próximo año, me gustaría desengancharme un poco de las redes sociales, en especial de Twitter. Ser más proactivo y menos reactivo. Estar constantemente pendiente de las novedades supone una fuente de frustración para alguien como yo, con una innata curiosidad por aprender, ya que es imposible estar al tanto de todo lo que se cuece y ya no digamos dedicarle el tiempo suficiente para rascar un poco más allá de la superficie.

En cualquier caso, todo esto que he comentado hasta ahora tiene una importancia menor comparado con el reto que se presenta este próximo año, que va a ser el más importante al que nos hemos enfrentado en nuestras vidas.

¡Feliz Navidad y próspero 2019! Y muchas gracias por seguir ahí.