¡VAPF!


¡Vete al peo, Fede!

Lecturas: Génesis: guía esencial de los videojuegos españoles de ocho bits

Voy a comenzar haciendo el chiste que seguro que "nadie" ha hecho sobre el título de este libro. No, no es el primer tomo de la Biblia. "Génesis: guía esencial de los videojuegos españoles de ocho bits", escrito por José Manuel Fernández «Spidey» y Jesús Relinque «Pedja» y con prólogo de Paco Suárez, pretende ser una guía de referencia de los juegos lanzados durante la Edad de Oro del Software Español para las plataformas de 8 bits.

Génesis: guía esencial de los videojuegos españoles de ocho bits

Pese a tratarse, como digo, de una guía de referencia, yo he encarado su lectura como un libro convencional, de principio a fin. Empezando por La Pulga y terminando por Stroper, se hace un repaso a la gran mayoría de los juegos publicados por compañías españolas para las principales plataformas de 8 bits de la época, a saber: ZX Spectrum, Amstrad CPC, Commodore 64 y MSX. Aunque tuve la suerte de poder vivir aquella época en primera persona, he podido descubrir la existencia de un buen puñado de títulos que no conocía. Todos ellos, eso sí, de otras plataformas diferentes a la que yo tuve (el Spectrum).

Considero que es una obra imprescindible para todos aquellos que nos gusta leer, informarnos y recordar aquellos años, y que puede complementar otras de la misma temática como "Ocho Quilates". Complementado con un ordenador pertrechado con los emuladores correspondientes puede ser una buena manera de revisitar todo ese software. Y no sólo redescrubrir, como digo, sino incluso de disfrutar de juegos por primera vez. Aunque, todo hay que decirlo, es difícil que a estas alturas vayamos a encontrar alguna joya. Normalmente los juegos más desconocidos suelen ser bastante malos. Dicho lo cual, vamos ahora con la crítica constructiva.

El libro consta de 315 fichas de juegos, si no he contado mal, donde la gran mayoría de ellas ocupa una única página. Algunos juegos, desconozco el criterio, como Plaga Galática, Abu Simbel Profanation, Army Moves, Livingstone Supongo, Las Tres Luces De Glaurung, Don Quijote, Phantis, Spirits o Paris-Dakar, por citar algunos ejemplos, se extienden hasta la doble página. En cada ficha se incluye el título, la compañía que publicó el juego, el año, las plataformas para las que salió publicado, un pantallazo, la carátula y un texto descriptivo. Es una estructura bastante rígida que denota en sí misma que estamos ante una obra de consulta más que un ensayo o una publicación perteneciente a otro género literario.

Sin embargo, el texto es de desigual calidad y profundidad, lo cual es del todo lógico. En algunos casos habría más que contar, bien porque el juego se presta a ello, bien porque los autores hubieran podido obtener más información. Te quedas con ganas de más, se nota que hay más detalles que transmitir. De hecho, se han podido leer artículos más extensos en revistas como RetroGamer edición española, lo cual demuestra que se había recopilado mucho más material del que cabía en la ficha. Otros títulos, en cambio, se prestan a poco, o bien parece que se ha pasado de puntillas por ellos, y se añade algún párrafo repleto de "lugares comunes" para no descuadrar la maquetación.

También comentar que ambos autores se van alternando en las diferentes fichas y que su estilo de redacción es lo suficientemente personal como para poder distinguirlos sin necesidad de consultar la firma que aparece al pie de cada una de ellas. El estilo de Relinque es más directo, mientras que Fernández se recrea en el lenguaje por el propio lenguaje, cuando realmente no hay tanto que contar. En cualquier caso, son textos de lectura ligera y que transmiten su intención perfectamente.

Aunque ya nos advierten de ello los autores, la ordenación de las fichas se me antoja un tanto extraña, y explico por qué: Están agrupadas por año de lanzamiento pero, dentro de cada año, no se respeta el orden cronológico de lanzamiento, sino que lo están alfabéticamente. Yo hubiera preferido un criterio homogéneo. Siendo el caso que me parece importante empezar por Bugaboo, que fue el primero en 1983, pero no llegamos a saber cuál fue el último en 1992. Yo habría mantenido el orden cronológico de principio a fin. Y, ya que se trata de una obra de referencia, habría incluido diversos índices, ordenando alfabéticamente, por plataforma y por compañía editora.

Por último, en algunas de las fichas, la elección de colores no es la más adecuada de cara a una lectura cómoda, y nuestros ojos sufrirán más de la cuenta (en las fotos que siguen de ejemplo a continuación la verdad es que se lee mejor que en el papel).

La combinación de colores en algunas páginas no es la mejor posible
La combinación de colores en algunas páginas no es la mejor posible

Al final del libro encontramos un par de capítulos de texto más denso. En el primero de ellos se habla de las compañías españolas que se ganaban la vida haciendo conversiones (muchas veces bastante dignas) de juegos extranjeros. En el segundo, se habla de compañías o programadores extranjeros fueron publicados por las compañías españolas.

En definitiva, un buen punto de partida que nos servirá para profundizar más en la materia, si nos interesa el tema. Y que vuelve a poner de manifiesto, bajo mi punto de vista, que aquella Edad de Oro no fue tan dorada como la queremos recordar. La incipiente industria del ocio electrónico era poco más que un mundillo amateur en el que muchos hicieron gala de la tradicional (por desgracia) picaresca española para intentar ganar dinero fácil a costa de los indefensos usuarios. Eso no quita para que se publicaran, que los hubo, excelentes juegos y que muchas de las jóvenes promesas de aquella época estén ganándose hoy día la vida, participando en el desarrollo de títulos de gran calidad, dentro y fuera de nuestras fronteras.


Lecturas: Promanager - PC Fútbol: Droga en el quiosco

El mundo de los videojuegos ya no es sólo una actividad lúdica sino que, con el paso de los años, ha devenido (rápidamente) en una industria que mueve ya más dinero que otras también relacionadas con el entretenimiento. Como tal, ya hace un tiempo que han empezado a surgir otros productos centrados en la propia industria en sí, recopilando los catálogos de hardware y software de cada una de las plataformas, acompañando trabajos de investigación con profusa información visual o hablándonos sobre los protagonistas que han hecho crecer esta industria de manera tan vertiginosa, su vida y milagros y sus vicisitudes a la hora de diseñar tal consola o desarrollar tal saga de juegos, en forma de libros y de documentales en vídeo.

Promanager: PC Fútbol: Droga en el quiosco

En el caso que nos ocupa, Jaume Esteve se encarga de hacer un repaso por la historia de uno de los títulos más relevantes del software español de hace un par de décadas: PC Fútbol. Jaume no es un novato en estas lides, siendo hasta la fecha autor de un par de títulos acerca de esta temática: “Ocho Quilates”, donde repasa la historia de las compañías de software que formaron parte de la llamada Edad de Oro del Software Español y “Obsequium”, donde hace lo propio con la gestación del juego “La Abadía Del Crimen”.

Este libro puede resultar interesante a varios tipos de lectores. En primera instancia, a aquellos que disfrutaron el juego en su momento, que serán bastantes. No olvidemos que se dice que España es un país en el que hay cuarenta millones de entrenadores de fútbol, y este título nos ofrecía la oportunidad de ejercer esa actividad. Por ello no es de extrañar que un juego de esta temática cosechara un nivel tan alto de ventas. Resulta muy curioso poder abrir una ventana al otro lado y darnos cuenta de cómo era la estresada vida de ese reducido equipo de personas que lo hacía posible año tras año.

Por otro lado, como piedra angular de su catálogo, se puede decir que la historia de PC Fútbol es la historia de Dinamic Multimedia, una compañía que surgió de las cenizas de una extinta Dinamic Software. Repasar la historia de Dinamic Multimedia resulta muy interesante para los que vivimos en el mundillo de las empresas de desarrollo de software, ya que sus aciertos y sus fracasos son tremendamente instructivos.

El libro nos da cuenta de cómo fueron los orígenes de la saga, a partir de los mimbres de un juego de fúbol de 8 bits, Michel Fútbol Master, y de la pasión por el fútbol del menor de los hermanos Ruiz, Gaby. Cómo el juego fue evolucionando, cómo superó (o intentó superar) los principales escollos que se fueron encontrando durante su crecimiento, doblando cifras de venta año tras año y cómo, tras la salida de los hermanos Ruiz de la dirección de Dinamic Multimedia, cómo la empresa se fue a pique apenas un par de años después, llevándose por delante un futuro prometedor para PC Fútbol. También se citan, aunque de una forma menos profusa, los últimos en infructuosos intentos por recuperar la saga por parte de Planeta y Gaelco Multimedia. Todo ello documentado a partir de los testimonios de los propios protagonistas.

Se echa de menos el punto de vista de la familia Gómez-Centurión. Lamentablemente José Ignacio falleció hace años y su hija, que estuvo al frente de la empresa durante un tiempo, parece ser que ha declinado contar su versión de los acontecimientos.

Como digo, se trata de un libro que arroja algo de luz sobre el funcionamiento de la que, probablemente, fue la empresa de desarrollo de software lúdico más importante del panorama español hasta la llegada de Pyro Studios. Una experiencia de la que siempre se pueden extraer interesantes enseñanzas para los que estamos, de uno u otro modo, metidos en este mundillo. Por poner un pequeño pero a la edición física, pienso que la calidad de las imágenes es algo mejorable.


Juegos: Demo Pro Evolution Soccer 2017 (PS4)

Un año más, volvemos de vacaciones y nos encontramos con la demo de la segunda franquicia de juegos de fútbol en cuanto a ventas. No me he informado demasiado esta vez sobre las supuestas mejoras que incorpora. Tan solo he leído y escuchado la opinión de algunos periodistas del sector que tuvieron la ocasión de probarlo en el evento que se organizó en la final de la Champions League de la temporada pasada, y que lo calificaban como bastante interesante.

No os aburro más, os dejo con el vídeo que, al fin y al cabo, y tirando de tópicos, una imagen vale más que mil palabras.

Si no queréis ver el vídeo, cosa totalmente comprensible, resumo mis primeras impresiones: el juego ha mejorado visualmente y en cuanto a físicas respecto al del año pasado, que ya me gustó bastante. Habrá que ver si Konami lanza una versión free-to-play o si lo puedo obtener a lo que yo entiendo que sería un precio razonable, sobre los 30 euros.


La Gameboy Advance definitiva

La semana pasada conseguí por fin la (pen)última pieza para conseguir la Gameboy Advance definitiva.

La Gameboy Advance definitiva (por delante)

Y es que, para mí, Nintendo nunca llegó a comercializar un modelo de Gameboy Advance que fuera “perfecto”. La primera de ellas, el modelo original, era muy cómoda en las manos y tenía un tamaño de pantalla bastante razonable. Pero la pantalla no estaba iluminada, por lo que era un auténtico dolor jugar con ella en interiores. Más o menos lo mismo que pasaba con la Gameboy original (aunque entonces éramos unos críos y nos apañábamos de cualquier manera).

El siguiente modelo, la GBA SP, era mucho más cómoda como dispositivo portátil. Con la tapa cerrada la pantalla (iluminada) quedaba protegida y cabía en cualquier bolsillo. También incorporaba una batería recargable, con un conector propietario para cargarla que también servía como toma de auriculares, previa compra de un adaptador. En algunos países se comercializó un modelo de GBA SP con una pantalla similar a la de la Nintendo DS, con mayor calidad y mejor visibilidad.

Por último, y ya con la DS en el mercado, Nintendo lanzó la Gameboy Micro. Muy pequeña y cuca y, por tanto, extremadamente portátil. Aunque, lógicamente, con una pantalla algo pequeña para los que ya no tenemos una vista de lince. Recuperó el conector estándar de auriculares a costa de perder la compatibilidad con los juegos de Gameboy.

Hace algunos años, por mediación de Javier Vispe, localizamos en TaoBao (el eBay chino) un vendedor que vendía consolas GBA modificadas con la pantalla “mejorada” de la GBA SP. El propio Javier, Santiago Romero y un servidor nos hicimos con sendas consolas. De esa manera se consigue soslayar una de las debilidades de la consola, probablemente la más importante. Pero aun quedaba otra: las pilas. Y, relacionada con ésta, la tapa de las pilas. De ponerla y quitarla para sustituir las pilas, el gancho (de plástico, como el resto de la tapa) que la sujeta a la carcasa acaba rompiéndose. En su momento ya anduve buscando alguna batería recargable para la consola, pero no encontré ninguna. Al ser una consola descatalogada hay poca oferta de accesorios y, los pocos que se encuentran, tienen unos precios poco razonables.

La semana pasada vi un tuit de la tienda Emere en el que publicitaban sus ofertas de verano. Entre ellas, una que me llamó la atención. Una batería recargable para la Gameboy por apenas 5 euros. Aunque de todas las que tengo, es el modelo que menos uso (apenas la enciendo muy de vez en cuando más por nostalgia que por comodidad), pero disponer de una batería ahorra el uso de 4 pilas AA. Tengo una de las tiendas Emere bastante cerca del trabajo, así que me pasé al salir.

De rebote, ya que estaba por allí, aproveché para preguntar si tendrían algo parecido para Gameboy Advance. Y, no solo lo tenían, sino que también estaba de oferta. Por la misma cantidad de dinero y en el mismo color que mi consola (ese rosa/violeta translúcido) tengo el modelo más ergonómico de la consola - al menos para mi gusto - con una batería recargable.

La Gameboy Advance definitiva (por detrás)

Si nos ponemos exquisitos, tan solo me falta el Everdrive, para poder cargar juegos desde una tarjeta MicroSD. Y, quién sabe, quizás retomo alguno de los proyectos que inicié hace algunos años.


Pokémon Go

No es que vaya a hacer un análisis de este juego. Sabéis que, antes de hacerlo, me gusta jugar y, si es posible, terminar cada título que comento. No es éste el caso. Pero tampoco me voy a resistir a hablar de lo que todo el mundo está hablando en estos días.

Vaya por delante que no soy sospechoso de ser fan de Pokémon. De hecho, no he visto nunca la serie de dibujos y mis experiencias con los juegos se limitan a unas cuantas (bastantes) horas jugadas a Pokémon Rojo, durante los trayectos de ida y vuelta al trabajo en metro, hace ya demasiados años. Quise darle una oportunidad pero no llegué a terminar el juego. Alcancé un punto en el que ya no sabía cómo continuar, y ahí se quedó. Estos juegos de rol japonés en los que te aparecen enemigos de manera aleatoria - Final Fantasy, te estoy mirando a ti - la verdad es que nunca me han enganchado.

Pokémon Go - Imagen obtenida de https://www.pokemon.com/

Mi contacto con este Pokémon Go fue antes de que se lanzara en España. Había bastante gente en mi timeline de Twitter hablando del juego y me picó la curiosidad. Lo descargué de manera “no oficial”, atrapé dos o tres ejemplares que estaban accesibles desde casa y ahí quedó la cosa. Un par de días después leí que estaban baneando a gente que tenía el juego instalado en países donde todavía no se había lanzado y lo desinstalé.

Ahora lo he vuelto a instalar pero no creo que emplee muchas horas “cazando”, más allá de hacer el friki en algún lugar más o menos exótico. Aunque para eso, prefiero practicar el geocaching, aun con lo mal que se me da. Sin ir más lejos, este juego de Pokémon ha sido creado por la misma empresa que desarrolló Ingress (y he de decir que la mecánica se parece de alguna manera), juego que ya probé en su momento y que no me hizo demasiada gracia.

Después de toda esta chapa que he soltado, en realidad he de confesar que, al respecto de este tema, simplemente quería hacer un par de comentarios.

Pantallazo de Pokémon Go

El primero: parece que el hecho de que la gente vaya como loca por la calle con el móvil en la mano, se entiende que buscando bichos virtuales, sea algo novedoso. Quizás lo sea el motivo, pero hace ya bastantes meses que la gente va (vamos) como zombis caminando con el móvil por la calle, en el transporte público, en los bares, en el coche… Vamos, un auténtico desastre. Una sociedad enganchada a Internet y desenganchada de las personas que tienen al lado. Aunque todo el mundo lo comentaba, a mí me ha costado llegar a reconocer gente jugando a Pokémon Go por la calle, y lo he intuido más escuchando furtivamente sus comentarios que porque llevaran el teléfono en la mano.

El segundo: ¿qué tiene Pokémon Go que engancha tanto? No lo sé. Si lo supiera, habría intentado hacer algo parecido. Pero creo que hay algo en la esencia del ser humano, o puede que sea cosa de nuestra sociedad occidental actual, que nos impulsa al coleccionismo. Aunque sea, como en este caso, de objetos y recompensas virtuales.

Lo digo porque yo no soy un viciado de este juego, pero sí que hago algunas cosas que, a otras personas, les pueden parecer raras. Yo salgo en ocasiones a la calle con mi Nintendo 3DS encendida a la búsqueda de cruzarme con gente que hace lo mismo que yo. De forma que, al llegar a casa, en mi consola aparecen los avatares (los Miis) de las personas con las que me he cruzado. Más allá de eso, puedo intercambiar cromos virtuales con ellos (cromos que dan acceso a unas bonitas imágenes en 3D) y conseguir alguna recompensa (también virtual) en forma de prenda de vestir o accesorio para mi avatar.

¿Cuál es la gracia de este asunto? Puede que, simplemente, la alegría de comprobar que hay otra gente por el mundo, gente que no conoces y que no sabes ni quiénes son, con la que compartes una afición que te lleva a hacer una cosa en principio tan irracional como esa. No colecciono Pokémons, pero colecciono avatares de jugadores de Nintendo 3DS. Y, como yo, hay bastante gente. Aunque no somos los más de 100 millones de jugadores de Pokémon Go, por supuesto, pero es muy rara la ocasión que salgo de paseo con mi consola y no vuelvo con la luz verde de notificaciones encendida.


Primera avería grave en el Mac

Durante los más de cuatro años que llevo con el Mac, no voy a decir que no haya tenido ningún problema. Se me habrá colgado dos o tres veces, y alguna vez ha aparecido fugazmente algún aviso de problemas con el disco duro, desde que lo cambié por un SSD. No obstante, se pueden contar con los dedos de una mano y, teniendo en cuenta que he realizado cuatro actualizaciones sucesivas de sistema operativo (Mountain Lion, Mavericks, Yosemite y El Capitan), no es mal balance. Ningún problema de configuración, ni con dispositivos y software existentes ni con nuevos y todo funcionando de manera fluida.

Así que ayer me llevé entre un susto y un pequeño berrinche cuando fui a arrancar el ordenador y me encontré con este icono en la pantalla.

Error en el arranque del Mac - Imagen obtenida de https://derflounder.wordpress.com/2014/08/12/problems-decrypting-filevault-2-encrypted-drives-while-booted-from-mavericks-recovery-hd/

Como digo, he perdido la costumbre de cacharrear. Entre eso y la rabia que me da que se estropeen las cosas, pasé una tarde de todo menos divertida intentando solucionar el problema. La herramienta de reparación de discos no era capaz de hacer su trabajo, así que todo indicaba que la unidad SSD se había estropeado. No obstante, tampoco estaba seguro del todo, y mis dudas se acrecentaron cuando, tras conseguir descargar una copia de El Capitan para reinstalar el sistema, y dejarlo toda la noche restaurando la copia de seguridad del bendito Time Machine, a la mañana siguiente me encontré con que el portátil seguía encendido pero con toda la información recuperada, como por arte de magia, y en orden de marcha.

Todo iba a ser un espejismo ya que, al llegar al trabajo y encenderlo, nuevamente el mismo icono. Mientras me prestaban otro equipo para poder salvar la jornada de trabajo, dejé nuevamente instalando El Capitan. Y esta vez no se pudo completar la instalación, dando errores en el disco.

He comprado un nuevo SSD y confío en que sea ese el problema y no otro más rebuscado (quizás una avería en la placa base). No creo que la reparación fuera nada barata.

Mac Book Pro totalmente desmontado

Puede que aproveche el momento para hacer una instalación “limpia” del sistema, algo que siempre es recomendable. Aunque la idea de recuperar de nuevo la copia de seguridad y seguir como si no hubiera pasado nada es bastante tentadora.

También he estado tentado de encender el Macintosh Classic y hacer una foto junto al Mac Book Pro, el primero funcionando y el segundo averiado. Lógicamente sería una comparación muy injusta, pero no exenta de cierta gracia.

Actualización 2 de agosto de 2016

Estaba yo tan feliz (y con un buen agujero en el bolsillo) con mi disco duro nuevo, cuando he vuelto a encender el ordenador y me he encontrado con el mismo problema. Es una muy mala noticia por varios motivos. El principal es no saber ahora cuál puede ser la causa del problema. El segundo es que, muy probablemente, he comprado un disco SSD sin necesidad (y 50 euros más caro de lo que estaba hace unos pocos días en el Amazon Prime Day. Además el error me ha pillado en el pueblo, con lo que mi margen de maniobra ha sido nulo hasta ayer.

Arrancando en modo verboso, he visto que el error es el siguiente:

Error 0x6 al arrancar OSX

Transcripción del mensaje de error:

efiboot loaded from device: Acpi (PNP0A03,0)/Pci(1F|2)/SATA(0,0)/HD(Part3,Sig58075
30D-1BD2D-42C9-802F-0934E6A43EFE)
efiboot file path: \System\Library\CoreServices\boot.efi
Read error 0x6
ERROR!!! Load prelinked kernel with status 0x80000000000000006
Error loading kernel cache (0x6)

Y, tras mucho buscar por Internet y leer hilos interminables en foros (llevo haciéndolo desde el fin de semana), he llegado a la conclusión, tremendamente chocante para mí, de que el problema puede estar en el cable SATA que conecta la unidad SSD con la placa. No logro entender cómo puede ser, pero parece que es un defecto común en los Mac Book Pro no retina de 13". Estamos hablando de un cable plano que va muy fijado, prácticamente sin margen de movimiento, ya que pasa entre la unidad SSD y el chasis de aluminio. Y quizás ahí está el problema, amén del calor que hace estos días y que hace sobrecalentarse el equipo todavía más.

Digo que no lo comprendo porque, una vez que consigue arrancar, el ordenador no da síntoma de fallo, pudiendo trabajar con él el tiempo que se desee. Justo eso fue lo que me ocurrió el fin de semana. Después de un buen rato haciendo cosas, lo reinicié y ya no arrancaba. La prueba del nueve ha sido extraer el disco SSD y conectarlo mediante una caja USB externa para comprobar que el sistema operativo arrancaba a la primera y funcionaba con total normalidad.

De momento, a falta de comprar un cable de repuesto, he aplicado la solución de baja tecnología que comentan en el siguiente vídeo, y que consiste en proteger el cable con cinta aislante para que no haga contacto con el chasis. Tan increible como que estoy escribiendo estas líneas desde el propio ordenador averiado.

No acabo de creérmelo del todo. Esperemos que sea este el problema verdadero y que la solución empleada sea la correcta.


Recuperando los feeds

Hace ya unos meses que completé de una manera bastante satisfactoria la migración de este blog, desde su alojamiento en Blogger a una plataforma propia. Quedaron algunas cosas en el tintero, de las que soy consciente y que, poco a poco (espero) iré corrigiendo y mejorando.

No obstante, una que sí que estaba convencido de haber hecho era la adaptación del feed con los últimos posts del blog. Y, de hecho, estaba disponible, salvo por un pequeño detalle, que mi compañero Javier se encargó de hacerme notar de una manera elegante.

Me comentó que iba a agregar mi blog a Feedly para estar al corriente de lo que vaya publicando, aunque ya le advertí de que mi ritmo de escritura es más lento que el de George R. R. Martin - lo de que los contenidos sean o no interesantes eso ya lo dejo a criterio del lector. Y me mostró cómo, al agregar mi blog, no funcionaba. Justo le estaba manifestando mi extrañeza, precisamente por lo que comentaba antes (que el feed sí que debía estar disponible), cuando caí en la cuenta del detalle que faltaba: hay que indicar en el código HTML del blog cuál es ese feed.

Dicho y hecho, en un minuto estaba solucionado. Más adelante, ya en casa, aproveché para redirigir a los posibles suscriptores antiguos del blog desde su ubicación anterior, si es que todavía quedaba alguno.

Así que, como se suele decir: “tarea completada”. Y, desde aquí, mi agradecimiento público a Javier por el aviso.


Mi primera contribución al software libre

No recuerdo cuándo fue la primera vez que leí o escuché el concepto "software libre". Supongo que sería a finales de los 90, cuando empecé a trastear con Linux. Hasta ese momento, como usuario de PC MS-DOS y Windows, conocía estos tipos de distribución de software: software de pago, shareware (podías probarlo durante un tiempo y, si te gustaba, tenías que pagar) y freeware (gratuito, que no es lo mismo que libre). Los disquetes - y, posteriormente, CD-ROM - que acompañaban a las revistas especializadas, solían incluir toneladas de programas tanto shareware como freeware, pero en contadas ocasiones venía el código fuente. El sistema operativo (MS-DOS o Windows) tampoco incluía ningún compilador de serie.

Como comentaba, con el uso de Linux empezaron a cambiar las cosas. En aquel momento todavía no estaban maduros los repositorios de software, ni mucho menos las tiendas de aplicaciones. La manera habitual de instalar programas nuevos era acceder a su página web, bien buscando, bien a través de algún directorio tipo Softonic (hace 15 años no era lo que es hoy), descargar el código fuente, compilarlo e instalarlo en el sistema. Si tenías mala suerte, porque ese programa usaba librerías no estándar, tenías a su vez que descargar, compilar e instalar dichas librerías. Pero bueno, que me voy por las ramas y no era esta historia la que quería contar hoy.

Creo que uno de los argumentos que enseguida se esgrime a favor del software libre es que, como el código fuente está disponible, si el programa tiene algún fallo, o bien echas de menos alguna característica, te puedes remangar y ponerte manos a la obra para solucionar el fallo o añadir la funcionalidad por ti mismo. Evidentemente, esto es conceptualmente cierto, pero en la práctica es difícil de cumplir. Aun así, es una gran ventaja frente al software cerrado.

El público en general no es consciente de la importancia del software libre. El software libre está en todas partes, y es en gran medida responsable de la explosión de la informática de consumo. Por citar un ejemplo, el sistema operativo Android está basado en software libre (aunque la parte de los servicios de Google sea software propietario). Pero hay muchos más. Nuevamente, no es objeto de esta entrada centrarme en este asunto. Tranquilos, ya voy a donde quería llegar.

Llevo mucho tiempo usando software libre, tanto en el ámbito personal como en el profesional, y todo este tiempo he tenido la espinita clavada de querer ayudar, querer devolver algo a esa comunidad que tanto me aporta. Para poder contribuir hay que superar dos barreras principalmente. La primera de ellas: encontrar un proyecto cuyo ámbito te resulte familiar y dar con algún error o funcionalidad que nadie haya resuelto y que estés capacitado para resolver. La segunda barrera: ponerte en contacto con la persona o el equipo encargados del proyecto y coordinarte con él/ellos para definir cuál es el procedimiento a seguir para poder aportar.

Empezando por el final, la segunda barrera hoy día no lo es tanto gracias a herramientas como Git y proyectos como GitHub o Bitbucket, por citar un par. Para que nos entendamos, y sin entrar en tecnicismos, en estos portales es sencillísimo clonar un proyecto, arreglar un bug o añadir una función nueva y devolver los cambios al proyecto original para que se integren de manera casi automática.

Git + GitHub - Imagen obtenida de http://www.palermo.edu/ingenieria/eventos/git-github.html

La primera barrera es la que me ha costado más superar. Ya hace años que varios de mis proyectos, incluido este blog, son de código abierto y públicos. Y no solo el código, sino también algunos contenidos que he escrito, con mejor o peor tino, como lo que publico por aquí o los contenidos que redactábamos en la revista MagazineZX, por citar algunos ejemplos. Pero no había encontrado ningún proyecto de software libre que cumpliera los requisitos de poder colaborar, saber colaborar y tener algo con lo que colaborar.

Por fin lo he conseguido esta pasada semana. En el trabajo estamos usando la librería LswMemcache. Nos viene al pelo para lo que necesitamos salvo por dos inconvenientes: no funcionaba con Symfony 3 y no mostraba correctamente los informes estadísticos. Ahora veremos por qué he conjugado los verbos en pasado. Lo maravilloso del software libre es te permite obtener el código fuente y arreglarlo por tu cuenta, al menos como primer paso. Pero, ya que estamos, ¿por qué no enviar de vuelta la solución para que todo el mundo pueda beneficiarse? Por supuesto, y eso fue lo que hice. En este punto es donde entra la comodidad de herramientas como GitHub. De nuevo, por no entrar en detalles técnicos, lo que hice fue abrir dos solicitudes (llamadas Pull Requests en la jerga de Git) al proyecto original, una por cada cambio, en las que indicaba: esto es lo que falla (o hay que mejorar) y con estos cambios se arregla. El coordinador del proyecto puede discutir conmigo los cambios y, una vez que le parece bien la solución, aceptarlos simplemente pulsando un botón. Mola, ¿verdad? Si no le parece bien lo puede descartar, lo cual también es aceptable.

Por fin estoy empezando a devolver a la comunidad todo aquello que me ha dado. Y contribuir de esta manera me hace sentir muy bien. También quiero dejar claro que, aunque hay gente que se toma este tipo de contribuciones como una competición del tipo "a ver quién contribuye más", no es mi enfoque. Lo cuento por aquí para intentar concienciar al personal de las bondades del software libre, de ser solidarios y contribuir a la comunidad. A partir de aquí, no seguiré insistiendo cada vez que realice un aporte. Lo seguiré haciendo mientras me sea posible, simplemente por principios.