¡VAPF!


¡Vete al peo, Fede!

Dispersión

En anteriores episodios de este blog ya hablé de la infoxicación. Uno de los efectos de la sobreabundancia de información puede ser la dispersión.

El viernes pasado, como casi todas las semanas, tras finalizar mi semana laboral me fui a casa a comer. Suelo emplear unos 15 ó 20 minutos en hacerlo, así que pensé en ponerme algún vídeo de los que tengo pendientes para ver. En concreto, estaba considerando, y prácticamente lo tenía así decidido, ver uno de los que Carlos Buenosvinos está publicando sobre buenas prácticas de programación.

Total, que ya tenía la mesa puesta, la comida calentita y todo preparado. Abrí en el iPad la aplicación de Youtube para seleccionar el vídeo de mi lista de suscripciones. Al abrir la aplicación, en la ventana principal aparecen una serie de vídeos recomendados a partir de mis gustos, mi historial de visualizaciones, lo más visto en el momento, etc. Eso, que parece una funcionalidad muy interesante (y lo es), fue mi perdición en ese momento.

En la lista de recomendados apareció un vídeo de Herbie Hancock probando un teclado Korg SV-1. Ese teclado lleva en mi radar bastantes años y, si no lo he comprado, ha sido porque actualmente no le dedico demasiado tiempo a tocar. El caso es que el vídeo duraba apenas unos minutos, y mi yo curioso dijo: ¿por qué no verlo? Así que le di al play mientras empezaba a comer.

Herbie Hancock en Google

La cuestión es que yo tenía a Herbie Hancock por un pianista de jazz más o menos "clásico", si es que tiene algún sentido emplear las palabras jazz y clásico en la misma oración. Esperaba ver a Herbie tocando sonidos de piano acústico y eléctrico. Por una parte, me defraudó comprobar que en el vídeo hablaba más que tocaba. Pero, también, me sorprendió ver a un Herbie más relacionado con la música electrónica. Así que ahora tengo más deberes: leer más sobre Herbie Hancock y escuchar su música. Y el vídeo de programación que tenía previsto sigue en mi lista de pendientes.

En resumen: tener tanta información en la palma de tu mano desde luego que es una buena noticia. Pero para las personas con inquietud y curiosidad, y yo tengo mucha curiosidad, puede ser una maldición. Obviamente existe mucha más información interesante de la que yo puedo procesar, y es muy sencillo perderse las ramas del árbol del conocimiento.

Salvo que se sea capaz de desarrollar un fuerte autocontrol, o se disponga de algún tipo de guía o supervisión, se trata de un problema difícil de atajar. Y, al fin y al cabo, yo ya tengo una edad. ¿Pero cómo puede afectar toda esta sobreabundancia a la curiosidad de un niño? Está bien que tenga acceso a tanto conocimiento, pero si no acaba centrándose en algo, puede ser frustrante y contraproducente, ya que al final podría acabar no profundizando en ninguna materia.


Juegos: Journey (PS4)

No tengo muy claro cómo enfocar esta reseña. Desde luego que Journey es un videojuego diferente. Tanto que hasta me he planteado si debería calificarlo como videojuego. Algo dentro de mí me empuja a no hacerlo, pero si lo pienso fríamente, no tengo argumentos. Diría que Journey es una experiencia audiovisual interactiva. Pero, ¿acaso no es esa la definición de un videojuego?

Journey es un título que apareció durante el ya lejano 2012 y que fue protagonista de titulares en los medios especializados precisamente por ofrecer una propuesta tan diferente a lo habitual. La verdad es que tenía curiosidad por probarlo, sin haber leído demasiado sobre él, sólo por el revuelo que había causado. Pero me daba pereza pagar por él, teniendo tantos otros juegos pendientes. No obstante, hace un par de meses (creo) llegó a mi biblioteca de juegos gracias a los "alquileres" de Playstation Plus. En concreto, la remasterización para PS4, ya que el original fue lanzado para Playstation 3. Como sabéis, los juegos que Sony "regala" mensualmente no son tal, sino que sólo están disponibles mientras mantengas tu suscripción al corriente de pago. De todos los que llevo acumulados, éste es el primero que pruebo.

Journey: Playstation Store

Como su propio nombre indica, Journey nos propone un viaje de algo menos de dos horas de duración. Un viaje hacia una alta cumbre que, al principio, aparece en el horizonte del paisaje. Las mecánicas de nuestro avatar son bastante simples: caminar, saltar y recoger fragmentos de una especie de pañuelo que hará que nuestros saltos puedan hacernos llegar más alto. También tendremos que resolver algunos puzzles de poca enjundia para ir avanzando.

Las indicaciones que da el juego sobre la mecánica son mínimas pero intuitivas. Con todo y con eso, no es necesario consultar el manual de instrucciones. Que, como en todos los juegos de descarga digital (y cada vez más los físicos, por desgracia) es una simple página web.

Journey: "manual de instrucciones"

La dirección artística es muy buena, tanto visual como sonoramente, y se me antoja que conforma la base de esta experiencia. Por eso me resisto a calificarlo como un videojuego al uso. No por su definición formal, como comentaba anteriormente, sino por la sensación que transmite. Completar nuestro viaje no supone ningún desafío más que dedicarle el tiempo requerido. Yo apenas lo he completado en un par de sesiones, y mucha gente lo hará del tirón. Su rejugabilidad depende más de nosotros que del propio juego. Si bien se integra con el sistema de trofeos de la consola, salvo que queramos aspirar al 100% tampoco tenemos mucho más que hacer.

Journey: trofeo por acabar el viaje

Un detalle que sí que me ha gustado es que encontraremos durante nuestro periplo a otros viajeros online con los que coincideremos en los diferentes escenarios, si bien no disponemos de herramientas para comunicarnos con ellos. Sus nombres aparecerán al finalizar la aventura.

Journey: compañeros de viaje

En resumen, una experiencia diferente que dudo que hubiera probado si hubiera tenido que pagar explíctamente por ella (obviamente pago la cuota de PS+, así que gratis, gratis no me ha salido). Artísticamente se le pueden hacer pocos reproches, pero yo no formo parte de su público objetivo. Eso sí, su preciosa banda sonora ya está ocupando un lugar preferente en mi iPod. La podéis descargar gratuitamente de la web.


Nuevo número de RetroManiac

Esta semana se ha puesto a la venta la edición física del número 11 de la revista RetroManiac. La verdad es que calificar esta publicación como “revista” no le hace para nada justicia. Más bien se trata de un anuario de 450 páginas que atesora una buena ración de contenido de videojuegos retro y no tan retro, puesto que también hay espacio a la escena indie actual, tanto para plataformas antiguas como modernas.

Posee una gran variedad de contenido de calidad presentado con una maquetación exquisita, lo cual sorprende todavía más si tenemos en cuenta que, tanto los editores de la publicación, como los redactores y los colaboradores lo hacen exclusivamente por amor al arte. De verdad, tenéis que verlo. La primera tirada se ha agotado en cuestión de horas, pero, afortunadamente, siempre se puede consultar de manera totalmente gratuita en formato PDF. Supera con creces muchas publicaciones de pago.

RetroManiac es un proyecto impulsado por David Borrachero desde el año 2010 que, en la actualidad, ha crecido hasta convertirse en un referente en el sector. No solo existe la publicación podríamos decir “anual”, sino que mantienen un blog actualizado a diario con las novedades más interesantes que van aconteciendo, que no son pocas. La verdad es que la periodicidad de RetroManiac me recuerda mucho a la de MagazineZX: cada vez más espaciada en el tiempo pero con publicaciones de mayor longitud y calidad. Aunque estoy seguro y confío en que no correrá la misma suerte.

RetroManiac número 11 y suplemento Tilemanía

Además, en esta ocasión, retomando viejas costumbres, he tenido el placer de poder contribuir con mi granito de arena escribiendo uno de los artículos de este número, en el que hablo sobre la preservación de software de plataformas antiguas, y que cuenta con una excelente ilustración de Raquel Meyers. Todo un lujo. También me han dejado colaborar como corrector de algunos otros artículos. No es que me quite con esto la espinita de escribir un libro, pero algo ayuda. Espero y deseo seguir colaborando en el futuro, siempre que tenga alguna buena idea y conocimiento sobre algún tema que compartir con los lectores, y que los editores den su aprobación, por descontado.

Si no la conocíais, os recomiendo que le echéis un vistazo tanto a éste como a números anteriores. Son una auténtica delicia.


Primeras impresiones con Playstation VR

Este año a los Reyes Magos se les ha ido la pinza. Totalmente.

Playstation VR

Han pasado poco más de tres meses desde que probé las Playstation VR y este 6 de enero han llegado a casa. Por desgracia, ha habido un pequeño contratiempo que me ha impedido estrenarlas el mismo día. La incomprensible decisión de Sony de no incorporar la necesaria Playstation Camera en el pack con la gafas de realidad virtual. Sí, lo indica en la caja, pero qué iban a saber los Reyes. Son magos pero tienen muchísimo trabajo y no se percataron de ese detalle. Nada que no se pueda solucionar haciendo un pedido a Amazon, pero sigo pensando que es más un fallo de Sony que otra cosa.

Y ya ha sido mala suerte, porque en su momento compré el Eye Toy, la Playstation Eye, el Kinect... Con la Playstation Camera me planté, ya que me pareció un poco tomadura de pelo tener que comprar una cámara nueva para cada consola. Ya estaba bastante mosqueado con el hecho de que ni los mandos ni el volante me iban a servir para la nueva consola. Afortunadamente con los mandos Move sí que piqué (tengo 2) así que ese dinero ya lo tengo gastado desde hace mucho tiempo y no necesitaré comprarlos ahora.

El montaje no es complicado y está bien explicado en las instrucciones de “uso rápido”. Eso sí, te juntas con un buen puñado de cables y cacharros, a saber: las gafas, una cajita que es un procesador de imagen, unos cascos intra-auriculares, un cable USB de la caja a la consola, un cable HDMI de la caja a la consola, otro de la caja a la tele y un alargador doble (HDMI + ¿datos?) de la caja a las gafas. Desde luego no es algo que puedas estar poniendo y quitando, es mejor tenerlo siempre instalado.

Las gafas son sencillas de colocar. Además, la primera vez que las conectas aparece un tutorial en pantalla. Una vez puestas, son bastante cómodas. En cuanto te bajas la visera y te colocas los cascos, te aíslas en tu mundo virtual. Tanto que mi mujer no tiene claro cómo va a avisarme de que necesita algo de mí cuando esté jugando sin asustarme. A ver si se nos ocurre alguna forma de hacerlo. Lo único que resulta un poco incómdo es el cable que queda colgando.

Un detalle que de primeras no me gustó pero que igual tiene su lógica es que no puedo utilizar los cascos 7.1 a la par que las gafas. Los cascos han de conectarse a un mini jack que hay en el cable de las gafas, no al puerto USB de la consola, obteniendo de ahí el sonido. Imagino que será porque la ubicación tridimensional del sonido la calcula el propio periférico a partir de la posición de la cabeza.

En cuanto a los juegos, también me han traído un Driveclub VR. Quién me iba a decir que Driveclub sería el juego que me hizo plantearme, y luego aplazar, la compra de una Playstation 4. En este caso también ha sido el principal culpable de que la realidad virtual haya entrado en casa. Estamos de acuerdo de que los gráficos del juego son malos (de hecho, peores de lo que recordaba de cuando lo probé), pero la sensación de inmersión es buenísima en los coches convencionales y grandiosa en los monoplazas.

Driveclub VR

Además del disco que acompaña las gafas, me he descargado algunas demos que iré comentando por aquí, si es que encuentro algo destacable. De momento, sí que me gustaría hablar de un par de experiencias que ya he probado. La primera, la misión VR de Battlefront. Estar dentro de un X-Wing es algo que todos hemos soñado desde pequeños, y aquí tenemos la forma más “realista” (y, probablemente, la única) de hacerlo. Por otro lado, me ha sorprendido muy gratamente uno de los juegos de The Playroom VR. En concreto, el del robot que tiene que rescatar a otros robots. Imaginad que estáis jugando en un mundo del estilo del de Mario 64 solo que, en este caso, tú mismo estás “dentro” de la escena. Es decir, manejas al personaje en tercera persona como si fuera un robot teledirigido. Incluso si miras hacia abajo puedes ver una representación virtual del Dualshock 4. Me ha dejado muy impresionado.

Para finalizar me gustaría hacer notar que el uso de las gafas marea, efectivamente. Aunque no he podido probar las versiones finales ni de HTC Vive ni de Oculus Rift (la versión de desarrollo también me mareaba), tengo la impresión de que no es un problema que se pueda achacar directamente a Playstation VR, sino al hecho de que estamos engañando a nuestro cerebro de alguna manera; nuestros ojos y oídos están percibiendo una sensación de movimiento que no se corresponde con el hecho de que nuestro cuerpo esté quieto. Por eso, jugando a Driveclub no hay mayores problemas, ya que estamos sentados y con el volante entre las manos, salvo cuando tenemos un accidente o hacemos un trompo y nuestro cuerpo no siente la deceleración ni la fuerza centrífuga.

Es un periférico caro y, al ser la primera versión, es evidente que quedan cosas por pulir. En este caso me he convertido en un “early adopter” y, ¡qué narices!, voy a disfrutarlo. No deja de ser algo que soñábamos los niños de los 80. Al menos espero que saquen algún juego más de conducción, aparte de Gran Turismo Sport, porque es el género con el que me apetece más sacarle partido a la realidad virtual.


San Silvestre Las Rozas 2016

El último post el año en este blog empieza a ser una tradición, como lo es para nosotros despedir el año corriendo. En esta ocasión, repetimos el escenario del pasado año, Las Rozas. Es el sexto año consecutivo que corremos en San Silvestre y el segundo en esta localidad madrileña. Como ya comenté hace 366 días, nos encaja muy bien que se trate de una carrera matinal. La San Silvestre Vallecana tiene un gran ambiente, pero tanta afluencia de gente hace que el barrio se convierta en una ratonera de la que se hace muy complicado salir, y más si llevas prisa para volver a casa, ducharte, vestirte y acudir a casa de los familiares que correspondan ese año para la tradicional cena de Nochevieja. De esta manera, ya has corrido todo lo que hay que correr por la mañana y el resto del día te lo puedes tomar con tranquilidad.

Dorsales San Silvestre Las Rozas 2016

La organización ha solucionado el problema que hubo con las camisetas y esta vez se entregaron junto con el dorsal durante las dos jornadas previas a la carrera. No son especialmente bonitas y ya empezamos a tener los cajones un poco saturados. Una barrita de “alpiste para pájaros” y un par de folletos de publicidad completaban la bolsa del corredor.

Este año la temperie ha sido más agradable que en la anterior ocasión. Aunque la mañana ha amanecido fría, ha lucido el sol durante todo el recorrido, también sin cambios. Un gran contraste con la lluvia y niebla de 2015. Incluso el pueblo parecía diferente, más alegre. Además de los puestos de avituallamiento oficiales, unos simpáticos críos nos obsequiaron con unas ricas gominolas. También hemos podido disfrutar de música en directo en algunos puntos del recorrido. Por lo demás, sólo había que disfrutar corriendo y tener cuidado en algunas zonas con el hielo todavía presente sobre la calzada.

Aun sin haber entrenado durante el año, mi señora ha mejorado ligeramente su tiempo (1h03’36”), lo cual siempre es una buena noticia. Aunque, como ya sabéis, aquí lo importante es participar y despedir el año haciendo deporte, que es una de nuestras aficiones comunes. Yo aquí voy de acompañante y “liebre”, y lo hago encantado.

Desde aquí os deseo un muy feliz 2017.


Lecturas: Obsequium

Seguimos con los títulos relacionados con la cultura de los videojuegos. En esta ocasión se trata de Obsequium, un libro no demasiado extenso en el que se hace un repaso por la intrahistoria del desarrollo de La Abadía del Crimen, uno de los títulos más importantes de la llamada Edad de Oro del Software Español.


Por añadir algo de contexto a quien lo lo conozca, La Abadía del Crimen es un juego programado por Paco Menéndez, con gráficos de Juan Delcán, que no es otra cosa que una adaptación de El Nombre De La Rosa, la conocida novela de Umberto Eco. Fue desarrollado inicialmente para Amstrad CPC y portado posteriormente a otros sistemas como Spectrum 128K, MSX y PC.


Obsequium se trata de un libro coral, coordinado por Jaume Esteve (que también escribe un capítulo), pero en el que participan otros autores relacionados de una u otra manera con el juego, tanto a finales de los ochenta (cuando fue lanzado) como posteriormente. Es un juego del que se han realizado varios remakes y hay varias personas que se han preocupado de desensamblar y estudiar su código fuente para desentrañar todos sus secretos.

Obsequium

En los diferentes capítulos, escritos por diversos autores, se aborda el juego según diferentes perspectivas: el contexto histórico en el que fue lanzado, su relación con la novela de Umberto Eco y su adaptación cinematográfica, el diseño de la abadía desde el punto de vista arquitectónico (no en vano Juan Delcán cursó estudios de arquitectura), el propio código fuente del juego, cómo fue acogido por la prensa de la época, el diseño del juego desde un punto de vista actual y el legado cultural de La Abadía Del Crimen.

El libro supone un merecido homenaje y reconocimiento a un juego que, en mi opinión, despunta en el apartado técnico pero cojea desde el punto de vista de la diversión. Supone todo un prodigio de cómo encajar una aventura tridimensional en apenas 64 kilobytes de memoria RAM. Quizás por esa limitación, quizás porque sus autores se centraron en el plano más puramente técnico, no es un juego entretenido. Al menos a mí no me lo parece. En su momento conseguí acabarlo en su versión para PC, con ayuda de la guía publicada en el número 33 de la primera época de la revista Micromanía. Sin ella, creo que me hubiera sido totalmente imposible.

Un buen ejemplo de ello es el recientemente publicado remake: La Abadía Del Crimen Extensum, en el que se pulen todos esos detalles de jugabilidad para convertirlo en un título más accesible.

Por cierto, si dispones de una copia original ya puedes atesorarla, o venderla para pagar la hipoteca. Es uno de los juegos que está alcanzando cifras realmente desorbitadas en el mercado de la especulación segunda mano retro.

Con éste creo que he completado la lectura de todos los libros publicados por Jaume Esteve hasta la fecha: los dos volúmenes de Ocho Quilates (que leí hace años pero no he reseñado en este blog), Promanager y este Obsequium.


Martes y trece

No es que sea supersticioso. Me he dado cuenta del día que era al pensar en escribir este post con mis experiencias del día. Y tampoco se puede decir que sea raro o producto de la mala suerte lo que nos ha ocurrido. Pero no deja de tener cierta gracia que haya sido precisamente hoy.

De mi paso por la autoescuela mientras me sacaba el carnet de conducir se me quedaron grabadas un puñado de enseñanzas de mi profesor, Bernar. Una de ellas era que nos repetía, para que se nos metiera en la cabeza, que la señal de STOP significaba: “Si Tienes Ojos, Para”. Es una tontería, pero el mensaje subyacente es muy importante y, por lo que se ve, mucha gente no lo conoce o no lo aplica. Para más inri, en mi primer examen suspendí por detenerme pisando la línea. Es algo que no se me olvidará.

Y no es cuestión de que haya que parar para evitar que te pongan una multa; en la mayoría de las situaciones es peligroso hacer un simple “ceda el paso”. Yo cuando veo un STOP lo tengo claro, sólo pienso en detener el coche delante de la línea. Una vez ahí, mirar y reemprender la marcha de forma segura.

Como digo, saltarse un STOP es como jugar a la ruleta rusa. En la siguiente foto vemos uno que está en un acceso de una autovía hacia el centro de Madrid, con una visibilidad ridícula. Saltarse éste en plena hora punta mañanera es como jugar con el tambor lleno de balas.

STOP incorporación A5 sentido Madrid

Pues en mi caso, parece que lo que es jugar a la ruleta rusa es detenerse. Hoy ha sido la cuarta vez que me endiñan por detrás en este punto. La primera con la moto y, afortunadamente, el vehículo contrario también era otra scooter. De no ser así, posiblemente ahora estaríamos hablando de un accidente mucho más grave.

Es un lugar por el que pasamos todos los días para ir al trabajo, por eso mi comentario anterior sobre la estadística. Algún día nos tenía que tocar. Cuando circulas a diario sabes que, tarde o temprano, tendrás un golpe. De lo que se trata es de evitar que sea grave.

Por ello, lo que más me ha molestado no ha sido el golpe en sí, sino las circunstancias. El otro motorista se ha disculpado de la peor forma que podía hacer: “lo siento, pensaba que ibas a seguir”. Pues no, majo, me iba a parar porque es un STOP y porque vienen coches circulando por el arcén de la autovía (eso daría para otro post completo). Y ya te vale tener intención de saltarte un STOP, no ya por ti, sino porque vas con un niño pequeño, ¿tu hijo?, de paquete en la moto. Afortunadamente no ha pasado nada más grave que un golpe que se ha llevado mi mujer, sin consecuencias, y la rotura de la estribera izquierda.

Estribera rota

Sin embargo, por las prisas y la situación (todavía de noche, mucho tráfico y prisa por llegar a la oficina), hemos intercambiado los teléfonos pero he olvidado apuntar la matrícula, con la esperanza de quedar por la tarde para rellenar tranquilamente el parte amistoso. Pues bien, una vez superado el susto inicial, parece que nuestro inconsciente amigo tiene una vida demasiado ocupada como para molestarse en dedicar cinco minutos a rellenar y firmar el parte amistoso. Incluso siendo "vecinos" (vive en la torre de al lado). Esa desidia combinada con un aire de superioridad hace que me lleven los demonios. Claro, él es una persona muy ocupada, mientras que yo tengo todo el tiempo del mundo para llevar la moto al taller, dejarla allí las horas o días que duren la peritación y la reparación e ir al trabajo en transporte público mientras tanto. Y todo por respetar las normas de circulación.

PD: Al final he podido reparar la moto sin mayor problemas, eso sí, a costa de mi tiempo.


Maratón fallida (por causas ajenas)

Hacía mucho tiempo que no me ocurría nada semejante. Pensaba que ya había dejado atrás mis días de gafe, pero el "Fede de los 90" * vuelve con fuerza.

El día de hoy, 4 de diciembre, es una fecha que tenía marcada en el calendario desde hace muchos meses. En concreto, desde que inscribí en la Maratón de Málaga, allá por el mes de febrero. Era un reto que llevaba tiempo rondándome por la cabeza, que ya he comentado por aquí en alguna ocasión al finalizar alguna de las carreras populares en las que he participado y al que, por fin, me atreví a enfrentarme.

No voy a decir que haya cambiado radicalmente mi vida para enfrentarme a esta carrera, porque no sería cierto, pero sí que he dedicado algunas horas durante los últimos tres meses, especialmente los fines de semana, preparándome para ello. Haciendo tiradas cada vez más largas hasta llegar el pasado 13 de noviembre a los 31,31 km, siendo mi récord tanto de distancia como de tiempo corriendo. Ese día por fin pensé que tenía posibilidades de completar el reto.

Ayer sábado, según llegamos a Málaga, fuimos directos a la feria del corredor a recoger el dorsal y la camiseta. En los expositores nos hicieron algunos "regalos", como billetes de metro y autobús para el día de la carrera. En fin, ya lo tenía todo preparado. Solo quedaba pasar el resto del día, no sin ciertos nervios, y que llegara por fin el momento de la gran cita.

Mi dorsal de la maratón de Málaga 2016

El despertador sonó a las 7 de la mañana, pero yo ya llevaba media hora despierto. No es que durmiese mal, pero sí que estaba inquieto. Había tenido el típico sueño en el que llegaba tarde a la carrera. En cualquier caso, aunque tenía tiempo de sobra, al final casi llego tarde. La cuestión es que los trenes pasan cada 20 minutos, pero los fines de semana por la mañana hay tres de ellos que no circulan. No sé por qué me había hecho a la idea de que el que yo tenía que coger pasaba a las 8 y poco, cuando en realidad lo hacía a las 8 menos cuarto. Menos mal que me dio por repasar los horarios con el tiempo justo de salir corriendo hacia la estación.

Fuera llovía, no demasiado. La previsión del tiempo en el móvil decía que iba a llover moderadamente, tendiendo a remitir a lo largo de la mañana. Sin embargo, la AEMET había decretado la alerta por lluvias. Esperaba que no fuera para tanto, pero estaba muy equivocado.

El tren iba bastante concurrido con una curiosa mezcla de gente. Por un lado, los que íbamos a la carrera, entre los que había bastantes extranjeros. Por otro lado, los chavales que, imagino, volvían a sus casas tras una noche de fiesta. Pensando en estas banalidades, y pendiente del móvil, justo acababa de leer un tweet de la organización comentando que en Málaga capital no llovía cuando el tren llegaba al final de su trayecto. Qué agoreros.

Al salir de la estación, me doy cuenta de que llueve con bastante intensidad. Me encamino hacia la zona de salida, de la que me encuentro a un kilómetro de distancia, intentando cobijarme bajo terrazas y cornisas. Me detengo a medio camino en una marquesina de autobuses. Ya me he calado los pies y parece que llueve con más intensidad. Una mujer extranjera, que acompaña a su marido a la carrera, me pregunta si pienso que vamos a correr con este tiempo. Son poco más de las ocho y sigo confiando en que las predicciones (las de la AEMET no, las otras) se cumplan y la lluvia vaya remitiendo. Me doy de plazo hasta las ocho y media.

El plazo se cumple y sigue lloviendo. Me uno al grupo de corredores que se encaminan hacia los cajones de salida y comienzo a caminar/correr bajo la lluvia. Ya me estoy empezando a calar los pies, lo cual quiere decir que no los volveré a tener secos hasta que vuelva a casa después de la carrera.

Me busco cobijo en otra marquesina cerca de la línea de salida. Se acerca la hora de tomar la salida pero, como es normal, no hay nadie preparado. Parece que está parando de llover. Justo en ese momento nos informan de que la salida se suspende. En principio van a estudiar cómo está el circuito y tomarán una decisión no más tarde de las diez menos cuarto. Si finalmente se corriese, la salida se tomaría a las diez y media.

Aspecto de la línea de salida a las 9 de la mañana

Son malas noticias. Hubiera sido preferible que suspendieran la carrera directamente, pero entiendo que quieran buscar una última baza para correr, pensando en todos los corredores que estamos aquí y, especialmente, los que hemos venido de fuera, con un viaje y un alojamiento reservado desde hace meses.

Esa hora de espera se hace eterna. Pienso si meterme en alguna cafetería a tomar algo e intentar recuperar algo de calor. De camino entro en la recepción de un hotel, donde hay un montón de corredores cobijados, tanto dentro como fuera. No se percibe un ambiente de mal rollo, pero la gente quiere correr. Total, ya que estamos allí, y mojados, parece la mejor opción. Pero vuelve a llover con más fuerza.

He estado mirando en Twitter y la propia organización ha compartido fotos de la ciudad inundada. No creo que se vaya a correr, así que a las nueve y media decido volver a la estación de tren. No me marcharé hasta que confirmen la suspensión, pero si estoy allí podré coger el primer tren que salga sin perder más tiempo. Recordemos que pasan cada 20 minutos. Estoy empapado y, aunque mis ganas de correr la maratón son mayores que cualquier otra cosa, si me paro a pensarlo me doy cuenta de que éstas no son las mejores condiciones.

Lo que se veía desde la estación de RENFE

Son las diez menos cuarto y nadie confirma nada por redes sociales. Como ahora llueve un poco menos, decido volver a la línea de salida, para obtener información de primera mano. Cuando estoy llegando el speaker se está disculpando por la falta de puntualidad y dice que en cinco minutos comunicarán la decisión definitiva. Pasan esos cinco minutos y, como era de esperar, la carrera se suspende. No espero mucho más, echo a correr de nuevo camino de la estación. Ahora mi único objetivo es llegar cuanto antes a casa, darme una ducha de agua caliente y ponerme ropa seca.

Supongo que muchos lo habréis visto por las noticias. Han sido las inundaciones más graves en Málaga en los últimos veinte años. Y aquí estoy yo. Ante algo así no se puede hacer nada más que lamentarse. Pero viendo las imágenes, queda bastante claro que no se iba a poder correr. Aun entendiendo las implicaciones que ello supone para la organización del evento, creo que deberían haber suspendido la carrera desde el primer momento.

Ahora lo que queda es disfrutar con mi mujer del puente, hasta el martes, e ir pensando cuándo y donde me voy a sacar esta espinita que se me acaba de clavar.

* A finales de los 80 y principios de los 90, uno de mis músicos favoritos, si no el que más, era Jean-Michel Jarre. En aquella época, Jarre era un artista cuyos conciertos se podían contar con los dedos de una mano pero, cuando daba uno, era multitudinario. Estamos hablando de cientos de miles de personas. Os podéis imaginar que asistir a un concierto de esos se convertía en un evento muy especial. Pues bien, en 1993, tras el lanzamiento del disco Chronologie, empezó una gira por Europa y, afortunadamente, con visita a Madrid. El concierto se iba a celebrar en el Hipódromo de la Zarzuela. Aun existiendo previsiones de lluvia, se podía leer en la prensa que no había riesgo de cancelación. Pero, finalmente, después de todo el día lloviendo, el concierto se suspendió. Y yo me quedé con las ganas de ver a Jarre en directo. Probablemente sea una espinita que nunca me llegue a sacar. Al menos en aquella ocasión sí que se devolvió el importe de las entradas, pero la frustración no te la quita nadie. No fui el único. En este foro podemos leer testimonios de más gente que vivió aquella jornada.