¡VAPF!


¡Vete al peo, Fede!

La Gameboy Advance definitiva

La semana pasada conseguí por fin la (pen)última pieza para conseguir la Gameboy Advance definitiva.

La Gameboy Advance definitiva (por delante)

Y es que, para mí, Nintendo nunca llegó a comercializar un modelo de Gameboy Advance que fuera “perfecto”. La primera de ellas, el modelo original, era muy cómoda en las manos y tenía un tamaño de pantalla bastante razonable. Pero la pantalla no estaba iluminada, por lo que era un auténtico dolor jugar con ella en interiores. Más o menos lo mismo que pasaba con la Gameboy original (aunque entonces éramos unos críos y nos apañábamos de cualquier manera).

El siguiente modelo, la GBA SP, era mucho más cómoda como dispositivo portátil. Con la tapa cerrada la pantalla (iluminada) quedaba protegida y cabía en cualquier bolsillo. También incorporaba una batería recargable, con un conector propietario para cargarla que también servía como toma de auriculares, previa compra de un adaptador. En algunos países se comercializó un modelo de GBA SP con una pantalla similar a la de la Nintendo DS, con mayor calidad y mejor visibilidad.

Por último, y ya con la DS en el mercado, Nintendo lanzó la Gameboy Micro. Muy pequeña y cuca y, por tanto, extremadamente portátil. Aunque, lógicamente, con una pantalla algo pequeña para los que ya no tenemos una vista de lince. Recuperó el conector estándar de auriculares a costa de perder la compatibilidad con los juegos de Gameboy.

Hace algunos años, por mediación de Javier Vispe, localizamos en TaoBao (el eBay chino) un vendedor que vendía consolas GBA modificadas con la pantalla “mejorada” de la GBA SP. El propio Javier, Santiago Romero y un servidor nos hicimos con sendas consolas. De esa manera se consigue soslayar una de las debilidades de la consola, probablemente la más importante. Pero aun quedaba otra: las pilas. Y, relacionada con ésta, la tapa de las pilas. De ponerla y quitarla para sustituir las pilas, el gancho (de plástico, como el resto de la tapa) que la sujeta a la carcasa acaba rompiéndose. En su momento ya anduve buscando alguna batería recargable para la consola, pero no encontré ninguna. Al ser una consola descatalogada hay poca oferta de accesorios y, los pocos que se encuentran, tienen unos precios poco razonables.

La semana pasada vi un tuit de la tienda Emere en el que publicitaban sus ofertas de verano. Entre ellas, una que me llamó la atención. Una batería recargable para la Gameboy por apenas 5 euros. Aunque de todas las que tengo, es el modelo que menos uso (apenas la enciendo muy de vez en cuando más por nostalgia que por comodidad), pero disponer de una batería ahorra el uso de 4 pilas AA. Tengo una de las tiendas Emere bastante cerca del trabajo, así que me pasé al salir.

De rebote, ya que estaba por allí, aproveché para preguntar si tendrían algo parecido para Gameboy Advance. Y, no solo lo tenían, sino que también estaba de oferta. Por la misma cantidad de dinero y en el mismo color que mi consola (ese rosa/violeta translúcido) tengo el modelo más ergonómico de la consola - al menos para mi gusto - con una batería recargable.

La Gameboy Advance definitiva (por detrás)

Si nos ponemos exquisitos, tan solo me falta el Everdrive, para poder cargar juegos desde una tarjeta MicroSD. Y, quién sabe, quizás retomo alguno de los proyectos que inicié hace algunos años.


Pokémon Go

No es que vaya a hacer un análisis de este juego. Sabéis que, antes de hacerlo, me gusta jugar y, si es posible, terminar cada título que comento. No es éste el caso. Pero tampoco me voy a resistir a hablar de lo que todo el mundo está hablando en estos días.

Vaya por delante que no soy sospechoso de ser fan de Pokémon. De hecho, no he visto nunca la serie de dibujos y mis experiencias con los juegos se limitan a unas cuantas (bastantes) horas jugadas a Pokémon Rojo, durante los trayectos de ida y vuelta al trabajo en metro, hace ya demasiados años. Quise darle una oportunidad pero no llegué a terminar el juego. Alcancé un punto en el que ya no sabía cómo continuar, y ahí se quedó. Estos juegos de rol japonés en los que te aparecen enemigos de manera aleatoria - Final Fantasy, te estoy mirando a ti - la verdad es que nunca me han enganchado.

Pokémon Go - Imagen obtenida de https://www.pokemon.com/

Mi contacto con este Pokémon Go fue antes de que se lanzara en España. Había bastante gente en mi timeline de Twitter hablando del juego y me picó la curiosidad. Lo descargué de manera “no oficial”, atrapé dos o tres ejemplares que estaban accesibles desde casa y ahí quedó la cosa. Un par de días después leí que estaban baneando a gente que tenía el juego instalado en países donde todavía no se había lanzado y lo desinstalé.

Ahora lo he vuelto a instalar pero no creo que emplee muchas horas “cazando”, más allá de hacer el friki en algún lugar más o menos exótico. Aunque para eso, prefiero practicar el geocaching, aun con lo mal que se me da. Sin ir más lejos, este juego de Pokémon ha sido creado por la misma empresa que desarrolló Ingress (y he de decir que la mecánica se parece de alguna manera), juego que ya probé en su momento y que no me hizo demasiada gracia.

Después de toda esta chapa que he soltado, en realidad he de confesar que, al respecto de este tema, simplemente quería hacer un par de comentarios.

Pantallazo de Pokémon Go

El primero: parece que el hecho de que la gente vaya como loca por la calle con el móvil en la mano, se entiende que buscando bichos virtuales, sea algo novedoso. Quizás lo sea el motivo, pero hace ya bastantes meses que la gente va (vamos) como zombis caminando con el móvil por la calle, en el transporte público, en los bares, en el coche… Vamos, un auténtico desastre. Una sociedad enganchada a Internet y desenganchada de las personas que tienen al lado. Aunque todo el mundo lo comentaba, a mí me ha costado llegar a reconocer gente jugando a Pokémon Go por la calle, y lo he intuido más escuchando furtivamente sus comentarios que porque llevaran el teléfono en la mano.

El segundo: ¿qué tiene Pokémon Go que engancha tanto? No lo sé. Si lo supiera, habría intentado hacer algo parecido. Pero creo que hay algo en la esencia del ser humano, o puede que sea cosa de nuestra sociedad occidental actual, que nos impulsa al coleccionismo. Aunque sea, como en este caso, de objetos y recompensas virtuales.

Lo digo porque yo no soy un viciado de este juego, pero sí que hago algunas cosas que, a otras personas, les pueden parecer raras. Yo salgo en ocasiones a la calle con mi Nintendo 3DS encendida a la búsqueda de cruzarme con gente que hace lo mismo que yo. De forma que, al llegar a casa, en mi consola aparecen los avatares (los Miis) de las personas con las que me he cruzado. Más allá de eso, puedo intercambiar cromos virtuales con ellos (cromos que dan acceso a unas bonitas imágenes en 3D) y conseguir alguna recompensa (también virtual) en forma de prenda de vestir o accesorio para mi avatar.

¿Cuál es la gracia de este asunto? Puede que, simplemente, la alegría de comprobar que hay otra gente por el mundo, gente que no conoces y que no sabes ni quiénes son, con la que compartes una afición que te lleva a hacer una cosa en principio tan irracional como esa. No colecciono Pokémons, pero colecciono avatares de jugadores de Nintendo 3DS. Y, como yo, hay bastante gente. Aunque no somos los más de 100 millones de jugadores de Pokémon Go, por supuesto, pero es muy rara la ocasión que salgo de paseo con mi consola y no vuelvo con la luz verde de notificaciones encendida.


Primera avería grave en el Mac

Durante los más de cuatro años que llevo con el Mac, no voy a decir que no haya tenido ningún problema. Se me habrá colgado dos o tres veces, y alguna vez ha aparecido fugazmente algún aviso de problemas con el disco duro, desde que lo cambié por un SSD. No obstante, se pueden contar con los dedos de una mano y, teniendo en cuenta que he realizado cuatro actualizaciones sucesivas de sistema operativo (Mountain Lion, Mavericks, Yosemite y El Capitan), no es mal balance. Ningún problema de configuración, ni con dispositivos y software existentes ni con nuevos y todo funcionando de manera fluida.

Así que ayer me llevé entre un susto y un pequeño berrinche cuando fui a arrancar el ordenador y me encontré con este icono en la pantalla.

Error en el arranque del Mac - Imagen obtenida de https://derflounder.wordpress.com/2014/08/12/problems-decrypting-filevault-2-encrypted-drives-while-booted-from-mavericks-recovery-hd/

Como digo, he perdido la costumbre de cacharrear. Entre eso y la rabia que me da que se estropeen las cosas, pasé una tarde de todo menos divertida intentando solucionar el problema. La herramienta de reparación de discos no era capaz de hacer su trabajo, así que todo indicaba que la unidad SSD se había estropeado. No obstante, tampoco estaba seguro del todo, y mis dudas se acrecentaron cuando, tras conseguir descargar una copia de El Capitan para reinstalar el sistema, y dejarlo toda la noche restaurando la copia de seguridad del bendito Time Machine, a la mañana siguiente me encontré con que el portátil seguía encendido pero con toda la información recuperada, como por arte de magia, y en orden de marcha.

Todo iba a ser un espejismo ya que, al llegar al trabajo y encenderlo, nuevamente el mismo icono. Mientras me prestaban otro equipo para poder salvar la jornada de trabajo, dejé nuevamente instalando El Capitan. Y esta vez no se pudo completar la instalación, dando errores en el disco.

He comprado un nuevo SSD y confío en que sea ese el problema y no otro más rebuscado (quizás una avería en la placa base). No creo que la reparación fuera nada barata.

Mac Book Pro totalmente desmontado

Puede que aproveche el momento para hacer una instalación “limpia” del sistema, algo que siempre es recomendable. Aunque la idea de recuperar de nuevo la copia de seguridad y seguir como si no hubiera pasado nada es bastante tentadora.

También he estado tentado de encender el Macintosh Classic y hacer una foto junto al Mac Book Pro, el primero funcionando y el segundo averiado. Lógicamente sería una comparación muy injusta, pero no exenta de cierta gracia.

Actualización 2 de agosto de 2016

Estaba yo tan feliz (y con un buen agujero en el bolsillo) con mi disco duro nuevo, cuando he vuelto a encender el ordenador y me he encontrado con el mismo problema. Es una muy mala noticia por varios motivos. El principal es no saber ahora cuál puede ser la causa del problema. El segundo es que, muy probablemente, he comprado un disco SSD sin necesidad (y 50 euros más caro de lo que estaba hace unos pocos días en el Amazon Prime Day. Además el error me ha pillado en el pueblo, con lo que mi margen de maniobra ha sido nulo hasta ayer.

Arrancando en modo verboso, he visto que el error es el siguiente:

Error 0x6 al arrancar OSX

Transcripción del mensaje de error:

efiboot loaded from device: Acpi (PNP0A03,0)/Pci(1F|2)/SATA(0,0)/HD(Part3,Sig58075
30D-1BD2D-42C9-802F-0934E6A43EFE)
efiboot file path: \System\Library\CoreServices\boot.efi
Read error 0x6
ERROR!!! Load prelinked kernel with status 0x80000000000000006
Error loading kernel cache (0x6)

Y, tras mucho buscar por Internet y leer hilos interminables en foros (llevo haciéndolo desde el fin de semana), he llegado a la conclusión, tremendamente chocante para mí, de que el problema puede estar en el cable SATA que conecta la unidad SSD con la placa. No logro entender cómo puede ser, pero parece que es un defecto común en los Mac Book Pro no retina de 13". Estamos hablando de un cable plano que va muy fijado, prácticamente sin margen de movimiento, ya que pasa entre la unidad SSD y el chasis de aluminio. Y quizás ahí está el problema, amén del calor que hace estos días y que hace sobrecalentarse el equipo todavía más.

Digo que no lo comprendo porque, una vez que consigue arrancar, el ordenador no da síntoma de fallo, pudiendo trabajar con él el tiempo que se desee. Justo eso fue lo que me ocurrió el fin de semana. Después de un buen rato haciendo cosas, lo reinicié y ya no arrancaba. La prueba del nueve ha sido extraer el disco SSD y conectarlo mediante una caja USB externa para comprobar que el sistema operativo arrancaba a la primera y funcionaba con total normalidad.

De momento, a falta de comprar un cable de repuesto, he aplicado la solución de baja tecnología que comentan en el siguiente vídeo, y que consiste en proteger el cable con cinta aislante para que no haga contacto con el chasis. Tan increible como que estoy escribiendo estas líneas desde el propio ordenador averiado.

No acabo de creérmelo del todo. Esperemos que sea este el problema verdadero y que la solución empleada sea la correcta.


Recuperando los feeds

Hace ya unos meses que completé de una manera bastante satisfactoria la migración de este blog, desde su alojamiento en Blogger a una plataforma propia. Quedaron algunas cosas en el tintero, de las que soy consciente y que, poco a poco (espero) iré corrigiendo y mejorando.

No obstante, una que sí que estaba convencido de haber hecho era la adaptación del feed con los últimos posts del blog. Y, de hecho, estaba disponible, salvo por un pequeño detalle, que mi compañero Javier se encargó de hacerme notar de una manera elegante.

Me comentó que iba a agregar mi blog a Feedly para estar al corriente de lo que vaya publicando, aunque ya le advertí de que mi ritmo de escritura es más lento que el de George R. R. Martin - lo de que los contenidos sean o no interesantes eso ya lo dejo a criterio del lector. Y me mostró cómo, al agregar mi blog, no funcionaba. Justo le estaba manifestando mi extrañeza, precisamente por lo que comentaba antes (que el feed sí que debía estar disponible), cuando caí en la cuenta del detalle que faltaba: hay que indicar en el código HTML del blog cuál es ese feed.

Dicho y hecho, en un minuto estaba solucionado. Más adelante, ya en casa, aproveché para redirigir a los posibles suscriptores antiguos del blog desde su ubicación anterior, si es que todavía quedaba alguno.

Así que, como se suele decir: “tarea completada”. Y, desde aquí, mi agradecimiento público a Javier por el aviso.


Mi primera contribución al software libre

No recuerdo cuándo fue la primera vez que leí o escuché el concepto "software libre". Supongo que sería a finales de los 90, cuando empecé a trastear con Linux. Hasta ese momento, como usuario de PC MS-DOS y Windows, conocía estos tipos de distribución de software: software de pago, shareware (podías probarlo durante un tiempo y, si te gustaba, tenías que pagar) y freeware (gratuito, que no es lo mismo que libre). Los disquetes - y, posteriormente, CD-ROM - que acompañaban a las revistas especializadas, solían incluir toneladas de programas tanto shareware como freeware, pero en contadas ocasiones venía el código fuente. El sistema operativo (MS-DOS o Windows) tampoco incluía ningún compilador de serie.

Como comentaba, con el uso de Linux empezaron a cambiar las cosas. En aquel momento todavía no estaban maduros los repositorios de software, ni mucho menos las tiendas de aplicaciones. La manera habitual de instalar programas nuevos era acceder a su página web, bien buscando, bien a través de algún directorio tipo Softonic (hace 15 años no era lo que es hoy), descargar el código fuente, compilarlo e instalarlo en el sistema. Si tenías mala suerte, porque ese programa usaba librerías no estándar, tenías a su vez que descargar, compilar e instalar dichas librerías. Pero bueno, que me voy por las ramas y no era esta historia la que quería contar hoy.

Creo que uno de los argumentos que enseguida se esgrime a favor del software libre es que, como el código fuente está disponible, si el programa tiene algún fallo, o bien echas de menos alguna característica, te puedes remangar y ponerte manos a la obra para solucionar el fallo o añadir la funcionalidad por ti mismo. Evidentemente, esto es conceptualmente cierto, pero en la práctica es difícil de cumplir. Aun así, es una gran ventaja frente al software cerrado.

El público en general no es consciente de la importancia del software libre. El software libre está en todas partes, y es en gran medida responsable de la explosión de la informática de consumo. Por citar un ejemplo, el sistema operativo Android está basado en software libre (aunque la parte de los servicios de Google sea software propietario). Pero hay muchos más. Nuevamente, no es objeto de esta entrada centrarme en este asunto. Tranquilos, ya voy a donde quería llegar.

Llevo mucho tiempo usando software libre, tanto en el ámbito personal como en el profesional, y todo este tiempo he tenido la espinita clavada de querer ayudar, querer devolver algo a esa comunidad que tanto me aporta. Para poder contribuir hay que superar dos barreras principalmente. La primera de ellas: encontrar un proyecto cuyo ámbito te resulte familiar y dar con algún error o funcionalidad que nadie haya resuelto y que estés capacitado para resolver. La segunda barrera: ponerte en contacto con la persona o el equipo encargados del proyecto y coordinarte con él/ellos para definir cuál es el procedimiento a seguir para poder aportar.

Empezando por el final, la segunda barrera hoy día no lo es tanto gracias a herramientas como Git y proyectos como GitHub o Bitbucket, por citar un par. Para que nos entendamos, y sin entrar en tecnicismos, en estos portales es sencillísimo clonar un proyecto, arreglar un bug o añadir una función nueva y devolver los cambios al proyecto original para que se integren de manera casi automática.

Git + GitHub - Imagen obtenida de http://www.palermo.edu/ingenieria/eventos/git-github.html

La primera barrera es la que me ha costado más superar. Ya hace años que varios de mis proyectos, incluido este blog, son de código abierto y públicos. Y no solo el código, sino también algunos contenidos que he escrito, con mejor o peor tino, como lo que publico por aquí o los contenidos que redactábamos en la revista MagazineZX, por citar algunos ejemplos. Pero no había encontrado ningún proyecto de software libre que cumpliera los requisitos de poder colaborar, saber colaborar y tener algo con lo que colaborar.

Por fin lo he conseguido esta pasada semana. En el trabajo estamos usando la librería LswMemcache. Nos viene al pelo para lo que necesitamos salvo por dos inconvenientes: no funcionaba con Symfony 3 y no mostraba correctamente los informes estadísticos. Ahora veremos por qué he conjugado los verbos en pasado. Lo maravilloso del software libre es te permite obtener el código fuente y arreglarlo por tu cuenta, al menos como primer paso. Pero, ya que estamos, ¿por qué no enviar de vuelta la solución para que todo el mundo pueda beneficiarse? Por supuesto, y eso fue lo que hice. En este punto es donde entra la comodidad de herramientas como GitHub. De nuevo, por no entrar en detalles técnicos, lo que hice fue abrir dos solicitudes (llamadas Pull Requests en la jerga de Git) al proyecto original, una por cada cambio, en las que indicaba: esto es lo que falla (o hay que mejorar) y con estos cambios se arregla. El coordinador del proyecto puede discutir conmigo los cambios y, una vez que le parece bien la solución, aceptarlos simplemente pulsando un botón. Mola, ¿verdad? Si no le parece bien lo puede descartar, lo cual también es aceptable.

Por fin estoy empezando a devolver a la comunidad todo aquello que me ha dado. Y contribuir de esta manera me hace sentir muy bien. También quiero dejar claro que, aunque hay gente que se toma este tipo de contribuciones como una competición del tipo "a ver quién contribuye más", no es mi enfoque. Lo cuento por aquí para intentar concienciar al personal de las bondades del software libre, de ser solidarios y contribuir a la comunidad. A partir de aquí, no seguiré insistiendo cada vez que realice un aporte. Lo seguiré haciendo mientras me sea posible, simplemente por principios.


E3 2016: Una decepción

La Electronic Enterntainment Expo, más conocida como E3, es, probablemente, la feria anual más importante de la industria. Se celebra en Los Ángeles desde el año 1995.

Recuerdo de pequeño haber leído en Microhobby y Micromanía noticias sobre otras ferias más veteranas, como la Consumer Electronic Show (CES), que aun se sigue celebrando (aunque ahora más enfocada a la electrónica de consumo) o la European Computer Trade Show (ECTS). Pero el E3 no recuerdo exactamente cuándo comencé a seguirlo. Primero en medios impresos y digitales y, últimamente, presenciando algunas de las conferencias en streaming.

Estoy repasando la entrada de la Wikipedia para ver si así se me refresca la memoria, aunque casi que me estoy deprimiendo. La confusa presentación de WiiU, que he de reconocer que me produjo mucho interés, fue en 2011. También recuerdo la presentación de XBox One en 2013, en la que creo que le dieron mucha más importancia como dispositivo multimedia que como consola de videojuegos en sí. Debieron de repetir como doscientas veces la palabra TV.

En cualquier caso, la cita de este año no me estaba resultando demasiado atrayente durante los días previos. Y, al final, el contenido de las conferencias me ha dado la razón. Creo que no hay ninguna novedad que me llame poderosamente la atención como para esperar con avidez su fecha de lanzamiento. El anuncio de nuevos modelos de consola (que no nuevas consolas) me hace darme cuenta de que están dejando de ser algo especial para convertirse en ordenadores de propósito específico. En su momento, hace ya muchos años, me compré una Playstation precisamente por ahorrarme el tener que actualizar el hardware cada poco tiempo y dudar de si tal o cual juego funcionaría con mi configuración. Ese idilio está a punto de romperse con este nuevo modelo de negocio según el cual, los juegos rendirán más o menos según cual sea mi versión de la consola en cuestión. Me siento triste porque es como ver un mundo que languidece para no volver jamás.

No es que no tenga ganas de jugar a nada de lo que se ha anunciado, por descontado. De hecho, para mí sigue habiendo saturación, habida cuenta del tiempo que dispongo para dedicarle a este entretenimiento y de que el catálogo no deja de crecer. Pero no hay nada que me haga pensar la manida frase de:

Bueno, sí hay un juego. Ya os podéis imaginar cuál es. Pero también me entristece un poco, no por el juego en sí, sino por la plataforma para la que inicialmente fue concebido. Estoy hablando del nuevo Zelda, titulado Breath of the Wild. Un título que lleva un montón de años en desarrollo y que iba a lanzarse este año para WiiU, pero que ha sido retrasado debido a que habrá una versión para la nueva consola de Nintendo, conocida actualmente como NX. Es un juego que seguro compraré - el anterior Zelda, Skyward Sword, lo compré el día de su lanzamiento, algo que pocas veces hago - y que tengo ganas de jugar. Pero no necesitaba el E3 para tenerle ganas.

The Legend Of Zelda: Breath of the Wild

Resumiendo, creo que la industria está virando hacia un lugar que se me hace extraño; es, cada vez, más industria. Y es normal que, los que la hemos visto nacer, nos resulte raro ver cómo madura. Paralelamente, yo cada vez me siento menos capaz de seguir el ritmo de lanzamientos. La oferta es inmensa, y no dejo de sorprenderme cuando la gente se queja de que los juegos duran poco o de que el catálogo de tal o cual consola es escaso o de que hay pocos lanzamientos. ¿Esa gente no se dedica a otra cosa? Aunque no dedicara mi tiempo a ninguna otra tarea, sería imposible jugar a todo lo que quiero, probablemente ni a todo lo que tengo comprado y pendiente. Es un poco abrumador y agobiante, salvo que uno se dé cuenta de que no es el mismo chaval que pasaba largas horas (probablemente no tantas) con su Spectrum soñando que, algún día, crearía uno de videojuegos de los que tanto disfrutaba. Y disfruta.

PD: Curiosamente, este año ha coincidido en fechas con la WWDC de Apple y tampoco me ha llamado demasiado la atención.


Nuevo juguetito

Sí, es un Logitech G29. Y, sí, ya tenía un volante. Un estupendo Logitech Driving Force Pro que ha estado conmigo desde la época de Gran Turismo 4 y que me he visto obligado a jubilar. Esta vez no ha sido por rotura. La culpa no sé muy bien quién la tiene, si Sony o Logitech, pero el caso es que el volante no funciona en la Playstation 4, y no creo que sea por una carencia técnica. Más bien, es que no han querido que sea así, y que tengamos que pasar por caja una vez más.

Volante Logitech G29

Soy consciente de que estoy haciendo justo lo que no debo. Si entro en el juego de las compañías, estoy alimentando este tipo de prácticas poco honestas con mi dinero. Y eso que ya estaba bastante quemado con el hecho de no poder usar mi volante en las consolas de Microsoft, imagino que por un tema de licencias parecido. Ya no es solo una cuestión de gastar dinero en periféricos, sino de tener un sitio para almacenarlos todos.

Una vez entonado el mea culpa, en cuanto al volante en sí, he de reconocer que su calidad está muy por encima de la del Driving Force Pro, y acorde con su precio (más del doble de lo que me costó aquél). Tiene un tacto muy agradable, las levas son metálicas, hace mucho menos ruido al girar y la pedalera está en otra categoría, incluyendo un pedal para el embrague. Imagino, no obstante, que no está al nivel de otros pesos pesados del mercado, como los Thrustmaster o Fanatec, pero también he visto que la gente se gasta más de 500 euros para tener un setup en condiciones. En cualquier caso, para el tiempo que yo le dedico, y con que me dure otros más de 10 años, me conformo con éste.

Espero ofrecer alguna impresión más detallada cuando juegue unas cuantas horas a Driveclub. Aunque sospecho que será con juegos más orientados a la simulación (que no simuladores puros) como Project Cars, Asseto Corsa o el futuro Gran Turismo, que lo disfrutaré más y mejor.

PD: He vendido el volante antiguo, al menos para financiar parte de la compra del nuevo. Así que no sé si podré jugar a Gran Turismo 3 y 4 como se merece. Tendré que sacar la Playstation 2 y hacer la prueba.


Arqueología informática

No sé exactamente cuál ha sido el interruptor que ha hecho encenderse esta pequeña bombillita en mi cerebro. Quizás durante la lectura de esos artículos preñados de nostalgia que inundan hoy en día los medios generalistas, del tipo: "¿Qué fue de los protagonistas de Regreso al Futuro?", o "10 tecnologías que usabas hace 10 años y que ahora están muertas". La cuestión es que, durante esta pasada semana, recordé que yo una vez hice un Proyecto Fin de Carrera y que, incluso, había una página web donde se alojaba el software que desarrollé.

Se me ocurrió que podía ser buena idea recuperar aquel trabajo y volver a publicarlo en una página web. Y, con esa simple idea de base, ver hasta dónde se puede llegar.

Aunque no soy todo lo organizado y metódico que me gustaría, tengo una copia de seguridad de aquella web. Aunque era una página muy simple, apenas una descripción, unos cuantos enlaces para descargar un puñado de ficheros y un pequeño diario de actualizaciones, en aquel momento, en el que ya hacía mis pinitos con PHP, monté una mini gestión de contenidos para poder realizar de manera ágil tanto las subidas de archivos como la publicación de novedades. El caso es que esa información se almacenaba en una base de datos de la que no conservo el respaldo. Por lo tanto, la copia de los ficheros de la web, en ausencia de datos que la alimenten, es del todo inútil.

En este punto viene en nuestra ayuda, una vez más, la imprescindible Wayback Machine, mediante la cual he podido rescatar todo el contenido de la web. Pero primero tenía que averiguar cuál era la URL en la que estaba alojado mi proyecto. En aquella época era muy común que los proveedores de Internet ofrecieran espacio gratuito a sus clientes para alojar sus webs. Recuerdo vagamente haber usado el alojamiento de Inicia (en su momento un portal importante, luego vendido a Tiscali y ahora veo que ha acabado perteneciendo a Más Móvil). Posteriormente estuvo alojada en Lycos, que hoy día tampoco existe como tal.

En Wayback Machine la última copia que se conserva es de 2008, que es la que he tomado como referencia para recuperar le material. Esto nos da una idea de cómo ha cambiado el panorama de Internet en apenas 15 años, con portales importantes naciendo y desapareciendo. Se puede comprobar tristemente si accedemos a contenidos creados en aquella época, como los de nuestra revista MagazineZX, en los que la mayoría de los enlaces a sitios externos ya no funcionan.

Del proyecto en sí hice una copia que guardé dentro del libro con la memoria del PFC. He mantenido los dedos cruzados mientras introducía el CD-ROM en el ordenador para comprobar con alivio que su contenido era legible. De ahí he podido obtener la memoria que redacté, la presentación que hice y múltiples versiones del código fuente. En aquella época no existía Git, pero sí que existían otros sistemas de control de versiones como CVS o SVN. No recuerdo si los conocía en aquella época. Lo que está claro es que, lamentablemente, no los usé.

Una vez recuperado el material, he creado una sencilla web donde alojarlo. La web original no contenía las últimas versiones de la herramienta, que ahora sí están disponibles. También he aprovechado para recopilar el código fuente, repositarlo y publicarlo en GitHub. Tengo pendiente probar en algún ordenador con Windows o Linux si los ejecutables funcionan (no había versión para Mac y, si la hubiera habido, no correría sobre procesadores Intel, ya que en aquella época Apple todavía usaba PowerPC en sus equipos). El código fuente creo que no compila, habría que mirar cuán fácil o complicado es adaptarlo para que lo haga, al menos en la versión para línea de comandos.

ENS2001 modo CLI en funcionamiento

Mientras recopilaba toda la información, me he sentido como esos colegas que, hoy en día, andan investigando y publicando artículos sobre programadores de juegos de los 80. Y, al mismo tiempo, como uno de esos programadores cuando se les pregunta por cosas que, muchas veces, ni siquiera recuerdan. Durante la realización del proyecto aprendí C++, lenguaje que no he vuelto a utilizar. También aprendí a hacer una aplicación de escritorio para Windows, usando Borland C++ Builder (otro producto que creo que ya no existe como tal). Me pregunto por qué no utilicé Java, pero no lo recuerdo.

Seguramente aproveche para publicar la memoria y la presentación del PFC en la misma web. Lo siguiente que me gustaría sería limpiar y reordenar el código fuente para que, al menos, sea compilable en su versión de línea de comandos para plataformas actuales. La versión para Windows no creo que sea recuperable de forma sencilla. Al menos yo no tengo ese conocimiento (ni es mi prioridad dedicar tiempo a investigar esa vía).

En cualquier caso, lo bueno es que, ahora, la herramienta vuelve a estar disponible, así como la documentación y el código fuente. Si alguien quiere aprovechar mi trabajo como base para un nuevo proyecto o, simplemente, para aprender cómo funciona un ensamblador y una máquina virtual muy sencilla, lo daré por bien empleado. Y, si no, al menos que quede como constancia de un trocito de (mi) historia informática.